Decenas de trabajos científicos internacionales que fueron entregados a los investigadores de la causa de la muerte de Alberto Nisman desmienten que el fiscal haya tenido ketamina en su cuerpo al momento de su fallecimiento. Los datos echan por tierra la teoría de los médicos y de la familia del ex funcionario que sostenían que había sido drogado para que no presente resistencia antes de "su asesinato".

El periodista Néstor Espósito en Tiempo Argentino detalló las características de la ketamina que muestran la imposibilidad del relato creado por la Gendarmería Nacional en una pericia que se hizo dos años después de la muerte. Acerca del estudio de Gendarmería, el periodista Pablo Duggan había sostenido que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, había exigido que la fuerza de seguridad manipule las pruebas para mostrar que fue un homicidio a cambio de protegerlos por la causa de la muerte de Santiago Maldonado.

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La primera prueba es que la ketamina no tiene un efecto inmediato y que el adormecimiento del cuerpo ocurre más de un minuto después de inyectada, según explican los estudios presentados en la causa. Es decir que, en caso de haber sido atacado, Nisman pudo haberse defendido antes de que estupefaciente haga efecto. Sin embargo, no se encontraron golpes en sus piernas o antebrazos que muestren que repeló el ataque.

La segunda prueba es que casi no hay posibilidades de que la Gendarmería pueda haber encontrado ketamina en el cuerpo de Nisman 30 meses después de su muerte. Más aún teniendo en cuenta que los forenses que actuaron en la autopsia de Nisman en 2015 no hallaron la sustancia.

"Sólo si hubieran estado resguardadas a una temperatura de entre 20 y 30 grados bajo cero habría existido alguna posibilidad (remota) de conservación. Si hubieran sido guardadas en una heladera, el tiempo habría sido mucho menor, de algunas semanas. Y, a temperatura ambiente, no sólo la ketamina no estaría sino que también se habrían podrido las vísceras", explicó Espósito.