Un dato que no se ha advertido hasta ahora es la nula expansión del empleo frente al crecimiento de la economía, dentro del modelo de Cambiemos. La tasa de desempleo abierta del primer trimestre de 2017 fue de 9,2% y la del primer trimestre de 2018 de 9,1%. Es decir, apenas se redujo una décima en un año en el que el crecimiento económico fue del 2,9%, evidenciando que en el modelo productivo de Cambiemos la relación empleo/crecimiento es cero.

Ahora bien, aplicando este ponderador a una caída de la actividad económica del -2,4% prevista por el Ministerio de Hacienda para el 2018, el desempleo abierto en el primer trimestre 2019 se aproximará al 12%, retornando a los dos dígitos después de 13 años. Esta proyección tiene correlato con la utilización de la capacidad instalada de la industria del 60,1%, similar a la del año 2002.

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La economía real se desploma con una pinza asfixiante sobre la producción y el consumo delineada con alta inflación y alto desempleo, combinación de metas sólo alcanzable por el mejor equipo de los últimos 50 años.

Sin embargo, el Gobierno parece discurrir su "primavera" entre intangibles buenas noticias de ningún impacto sobre la realidad, tales como la renovación del 70% del vencimiento de LeTes de esta semana (u$s 1.100 millones) por las que el Tesoro pagó una tasa del 7% a un plazo corto; la expectativa que en el vencimiento de LeBac del martes no se renueven apenas $ 100.000 millones y sólo se drenen de las reservas del BCRA u$s 2.000 millones; la foto con los gobernadores que augure un éxito en el tratamiento del Presupuesto 2019 allanando la negociación con el FMI; encuestas que diagnostican un sólido piso electoral al Presidente el año próximo y distracciones varias proporcionadas por el Poder Judicial.

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Este mismo Gobierno de discurso insustancial pronostica para este año la ya comentada caída del -2,4% del PBI, una inflación del 42% y acumula una suba del dólar del 122% que ha comenzado a trasladarse a los precios del los alimentos y la energía. En este contexto, se propone descerrajar un ajuste fiscal que acompañe a la retracción monetaria que impone una tasa de interés del 60%. El cuadro social del último trimestre del año puede ser ominoso.

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No obstante, nuestra ciudad capital Buenos Aires se vestirá con sus mejores galas para recibir en primavera a los mandatarios del grupo de países denominado G-20, el Presidente exhibe orgulloso la esquela de respaldo de Donald Trump por su tarea y juega al paddle en su quinta durante un tenso fin de semana. Es presentado como el adecuado "piloto de tormentas".

Mientras tanto, el mejor equipo de los últimos 50 años le ruega al FMI que le adelante los desembolsos de un trienio antes de fin de año porque corre grave riesgo la estabilidad macroeconómica, habida cuenta que en apenas 75 días ya rifaron u$s 12.300 millones de los u$s 15.000 millones que les otorgó el organismo multilateral el 22 de junio. Nada importa el futuro, ni las instituciones como el Congreso de la Nación que debe entender en semejante endeudamiento. Todo ocurre en primavera mientras circulan rumores sobre la posible "dolarización"de nuestra economía.

Algunos comienzan a preguntarse si será el desmadre de las variables macroeconómicas no contenidas por el acuerdo a tiempo con el FMI o la reacción social masiva frente al ajuste que provoca el mismo acuerdo con el FMI, la que irrumpirá primero en esta primavera insoportable por la levedad con que se abordan temas de extrema gravedad para la Argentina.