En medio del debate por la despenalización del aborto, las voces religiosas son las que más se oponen apelando a la “defensa de la vida”. Sin embargo, muchos salieron a cuestionar que los valores morales con los que defienden esas premisas en verdad tienen una doble cara: Florencia, una usuaria de Twitter, reflotó en su cuenta el caso de una chica que quedó embarazada en su último año de colegio en el 2000, en el Instituto Santa Isabel de Formosa, y las autoridades llegaron hasta a cerrar el colegio con tal de no dejarla entrar.

“Mamita la hipocresía de los colegios católicos. En mis años de secundario vi pasar a tantas chicas que quedaban embarazadas y si decidían tenerlo tenían que irse. Si abortabas y casi nadie se enteraba podías quedarte porque miraban para otro lado y aquí no ha pasado nada, siga, siga. Molestaba la panza. Les importaba un pito la adolescente transitando esa situación. Pro vida las pelotas”, cuestionó la chica. Fue entonces que empezó a contar el caso de María Fernanda Alloi, una alumna más chica del conocido colegio formoseño a la que no quisieron renovarle la matrícula por su embarazo.

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En el 2000 el caso había llamado la atención de los medios nacionales y la opinión pública. La discusión era si una chica adolescente de 17 años podía o no continuar yendo al colegio en el que había estudiado toda su vida, desde el jardín de infantes, con sus amigas de siempre.

El Instituto Santa Isabel recibió sanciones por su actitud, pero aún así las autoridades se resistieron a acatar la orden judicial del Superior Tribunal de Justicia provincial que le exigía que le renovara la matrícula a María Fernanda. Aún contra las recomendaciones del obispo local en ese entonces, José Vicente Conejero, las monjas franciscanas se negaron a dejarla entrar y llegaron a decretar "dos jornadas de reflexión y una de fumigación", según informaba La Nación el 18 de abril del 2000, cuando la chica tenía 4 meses de gestación. Al final, la institución tuvo que ceder y la adolescente terminó quinto año allí.

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El relato tomó un giro inesperado cuando apareció una de las protagonistas de la historia: la hija de María Fernanda, Martina, que hoy tiene 17 años. La chica aseguró que en el Santa Isabel, a casi dos décadas del lapidario episodio, “todavía no aceptan a ninguna alumna de apellido Alloi”, como ella misma y su mamá.

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Incluso apareció una docente que fue profesora de María Fernanda en ese momento, que recordó con indignación el “abrazo simbólico” al colegio por parte de padres, madres y miembros de la comunidad que no querían que la adolescente entrara a la institución.

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