Durante la semana anterior la situación económica y por tanto social del país mostró las más graves consecuencias del modelo impulsado por Cambiemos que se representó con un dólar en maratón. En sólo un día se dio la segunda devaluación más importante después del 2002. Desde el Gobierno aseguraron que es una cuestión de confianza y que vamos por el buen camino. La dictadura decía lo mismo ¿Qué puntos tienen en común?

A partir del inicio de la última dictadura militar una nueva generación de tecnócratas logró instalar que la gestión de la economía se lograba a través de la coordinación de ciertas expectativas determinadas por las señales que da “el mercado”, quitando del centro de la cuestión a los actores, a quiénes se favorecen por determinadas medidas económicas y quienes pierden (y mucho).

“La herencia del Proceso en materia económica contribuyó a erigir la inflación y la deuda externa como prioridades de la agenda estatal, constituyendo la base de la persistencia de dichas ideas en tiempos de democracia”, señalaron Mariana Heredia y Fernán Gaillardou, en “Las transformaciones de las ideas económicas desde la dictadura”. Los autores explicaron que esta intervención económica estatal hacia la generación de “señales de mercado” constituye uno de los rasgos característicos del neoliberalismo, llamado a perpetuarse en democracia. La diferencia con el liberalismo clásico es que durante la dictadura y con el gobierno de Cambiemos la acción del Estado está centrada en la generación de expectativas y condiciones propicias para que se desarrollen los negocios (de unos pocos, claro) y no en generar controles y sanciones.

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El problema de este tipo de política económica es que lo que piense el inversor se considera un dato y es necesario seducirlo (si, seducirlo) para que la economía ande. “Mientras que la guía que motiva las políticas basadas en el acuerdo entre sectores sociales es el ideal de un consenso alcanzable a través de una negociación en la cual las partes deben justificar su posición y comprometerse, el espíritu detrás de las “señales de mercado” es el del principio de necesidad, según el cual el poder y la racionalidad del inversor son las condiciones básicas del funcionamiento económico a las que la sociedad debe adaptarse”, explicaron los investigadores.

Desde que comenzó el gobierno de Cambiemos, y en especial durante los últimos meses, la negociación entre diferentes sectores sociales dejó de ser parte. De hecho, el último viernes el Ejecutivo reprimía a trabajadores despedidos del ministerio de Agroindustria y, entre otras cosas, a los docentes universitarios les ofrecieron una suba del 15 por ciento junto a 456 pesos en noviembre y 228 en diciembre. Sin embargo, las seducciones al “mercado” fueron de las más variables: aumentaron las tasas de interés al 60 por ciento, vendieron más de 600 millones de dólares del Banco Central y no hay ningún tipo de restricción para fugar divisas al exterior.

Pero ¿Qué pasa sin sanciones, sin controles, sin “seducción” al inversor y con los manos atadas por el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?

  • El 30 de agosto el peso perdió un 24,1 por ciento en relación al dólar: pasó de $31,9 a 39,6 pesos. Se superó ampliamente la devaluación de 2014 que fue sólo de un 9 por ciento (pasó de $6,9 a 7,5 pesos).
  • El Banco Central subastó U$S 675 millones
  • Durante la gestión de Mauricio Macri se fugaron más de 52 mil millones de dólares, según datos oficiales.
  • Y lo importante para la cotidianidad de cada uno: la inflación anual llegaría a más del 35 por ciento y los sueldos se redujeron más de un 30 por ciento.

“Seducir” a los mercados (grupos económicos que aumentan su dinero a través de mecanismos financieros y fugan sus ganancias) coincidió en nuestro país y en el resto del mundo con un aumento del desempleo, la pobreza y, en definitiva, de la degradación social. Seducir a los mercados es parte del modelo económico que impulsa esta gestión. No es Macri hablando un minuto antes de que abran los bancos. No es Marcos Peña no querido por los “mercados”. Es el modelo económico que impulsa un equipo político.