Aun en contextos de austeridad y recortes del gasto, el presupuesto de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el más holgado de las veinticuatro jurisdicciones del sistema federal. Y aun así, CABA se ajusta: más presupuesto para deuda y menos en Educación, Salud, Cultura y Vivienda para 2019.

Producto de una riqueza per cápita muy superior al promedio del país, la Ciudad puede hacer frente de mejor manera a los contextos de crisis macroeconómicas como la actual. Factores históricos, tanto como institucionales y políticos, explican la importante brecha de recursos que diferencia en términos de ingresos y gasto per cápita a CABA del resto del país.

En este sentido, podría decirse que la jurisdicción porteña es un oasis de relativa abundancia en un contexto de profundo ajuste, donde la disponibilidad de fuentes propias de generación de ingresos, permite a la Ciudad una holgura presupuestaria superior al resto del país. Pero los números parecen marcar otra sintonía.

Los números del Presupuesto 2019 muestran un recorte del gasto de proporciones: la cultura se reducirá 42,8% en términos reales, la inversión en agua potable y alcantarillado un 39%, y la de vivienda bajará un 8,2%. Asimismo, si se evalúan a valores constantes los montos destinados a Educación y Salud, se tiene una reducción sistemática de las partidas, con bajas acumuladas del 14% y 17%, respectivamente.

Como agravante a estos recortes, persisten en la Ciudad profundas desigualdades que se materializan en una brecha significativa en términos de distribución del ingreso. Por un lado, la fuerte asimetría entre el sur y el norte de CABA, ha decantado en un mayor grado de exclusión y menor posibilidades de ascenso social para sectores postergados. Por otra parte, la proliferación de barrios precarios no ha menguado, a pesar de espasmódicos intentos de regularización dominial y urbanización.

En tal sentido, todo presupuesto público marca un orden de prioridades en la gestión. Dada una determinada configuración de recursos y transferencias de órbitas superiores, toda jurisdicción termina ponderando una u otra finalidad del gasto en función a su estructura de prioridades de orden político.

De este modo, las prioridades de gestión se pueden evaluar en la asignación presupuestaria de distintos rubros: el repago de la deuda aumentó 477% en términos reales desde 2013, mientras que el gasto para seguridad interior subió 283%. Como contracara, el gasto destinado a Salud, Industria y Comercio se redujo en 56,7% mientras que en Transporte bajó 64,5%, en igual período.

El crecimiento de la deuda es superlativo. Los $26.126.000.000 destinados al pago de intereses y demás gastos de la deuda, son cada vez mayores en comparación con otras partidas del gasto. Por caso, por cada $100 de pago de servicios de deuda, se erogan tan solo $33 para transporte, $29 para cultura, $19 en gasto ecológico y menos de $10 para agua potable y alcantarillado. En tal sentido, con lo que se pagará en concepto de intereses de deuda, se podrían construir en 2019 un total de 23 hospitales, 215 centros culturales y 475 establecimientos educativos.

Así, el presupuesto destinado a pago de la deuda casi se duplicará en 2019 y significará más del triple de lo que representaba en 2015, en relación al gasto total.

Estos números no pueden ilustrar la dimensión real del ajuste. La caída en la actividad económica, empleo y salarios reales por segundo año consecutivo, proyectará en la Ciudad de Buenos Aires el reflejo de la realidad nacional. No hay ninguna intención del Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, de llevar adelante políticas contracíclicas que al menos atenúen el impacto de la crisis.

En una manifiesta “obediencia debida”, Rodríguez Larreta aplica sobre los ciudadanos porteños el mismo ajuste que Macri a nivel nacional.