Seguramente hayan oído a algún amigo en facebook, o tal vez a algún twitstar,hablar del insomnio que padecen en tono de queja satirizada. Probablemente tu amigo te cuente algo sobre su adicción al café, ya no se sabe si lo toma por placer o para mantenerse despierto.Siempre le gustó más el de Varela Varelita, dice, pero sabes que suele ir a Starbucks con su laptop a escribir reseñas sobre dispositivos móviles de última generación y de paso califica con estrellitas el servicio gastronómico de algún local de comidas étnicas. Es el primero en recordarte que falta poco para el Black Mondayy al mismo tiempose queja y recuerda con nostalgia cuando compraba toda clase de artículos en eBay antes del cepo al dólar.

Tu amigo, que te escribe por Whatsapp a las 6 de la mañana sobre una discusión en Twitter que comenzó a las 21hs. del día anterior y quedó inconclusa cuando decide escribirte, sufre de insomnio. Un insomnio que no es del todo involuntario y que además es tratable. ¿Cómo? Haciendo de nuestras actividades cotidianas y vínculos algo más que consumo ininterrumpido.

El crítico y ensayista norteamericano Jonathan Crary dice que "Nuestro sistema económico global actual depende de los mercados '24/7' y la producción y consumo sin pausa. Esto es totalmente incompatible con la inactividad, la improductividad, el tiempo muerto del sueño, y eso genera un antagonismo continuo entre estas necesidades" en su libro 24/7. El capitalismo tardío y el fin del sueño (Paidós, 2015).

Esta contradicción a la que alude se expresa en diversos niveles y aspectos: estamos online todo el día, trabajando, revisando mails, en Facebook, Twitter, WhatsApp, leemos e-books, vivimos una vida atravesada por el registro digital. Somos cyborgs, si y no hablo de ficción (y aunque parezca una afirmación a la Asimov, él no se equivocó con sus predicciones). Los cyborgs son sujetos interpelados por la tecnología, estrictamente, si el fuego es tecnología el Homo Habilispodría ser pensado comoun cyborg...

Pero volvamos a los efectos digitales de nuestra era, vivimos sobreestimulados de información deviniendo consumidores impacientes de novedades y mensajes sin leer. La ansiedad y la depresión son parientes cercanos de este insomniocrónico que tantos padecen y no pueden evitar. Porque dormir es improductivo, como asevera Crary, nada se está consumiendo durante las horas de sueño, tan solo representando lo que nuestro inconsciente nos dicta.Pero como también eso es angustiante, mejor evadirse un rato en Twitter y que la retina perciba haces de luz blanca y que nuestro cerebro reciba el mensaje de mantenernos despiertos.

Los efectos fisiológicos se dan la mano con los psicosociales en tanto que además nuestra temporalidad y el modo de entender los procesos y el devenir están trastocados en una dinámica donde lo inmediato es la regla. No hay tiempo(s). Todo tiene que ser ya.

Si no me aparece el doble tic azul me vuelvo loca. ¡Uy, me clavó el visto! Mejor le escribo por Facebook, o mejor le mando un DM en Twitter que es más seductor.

La improductividad se lleva bárbaro con la ansiedad en tanto que tenemos que satisfacer muchísimas necesidades comunicativas e informativas que terminamos paradójicamente en la procrastinación. Otra palabra clave en la sopa de letras de Internet.

La procrastinación es un indicio de agotamiento mental y redunda en más improductividad, con lo cual el consumo compulsivo y la ansiedad que eso genera terminan por boicotear nuestro interés genuino de información e interacción.

Esto es demasiado. Callemos al inconsciente, vinculémonos con personas que tengan algo que darnos a cambio y esperemos retribuciones especulando en torno a ello, llenemos la agenda de eventos y luego click en"asistiré".

Cubramos todos y cada uno de nuestros espacios vacíos cosa que no se note que tenemos limitaciones y malestares. Cosa que no se note que somos vulnerables. Que no se note que al compartir esa vulnerabilidad y buscarcierta contención somos humanos. También. ¿O al fin y al cabo quién puede decir que los cyborgs no tenemos sentimientos?