Por Andrew Mills y Trevor Hunnicutt y Maayan Lubell
DOHA/WASHINGTON/JERUSALÉN, 20 mar (Reuters) - Israel lanzó una nueva oleada de ataques contra Irán el viernes, un día después de que el presidente Donald Trump le advirtiera que no repitiera sus ataques contra las infraestructuras de gas natural iraníes, lo que provocó una fuerte escalada en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.
El conflicto ha causado la muerte de miles de personas, se ha extendido a países vecinos y ha afectado a la economía mundial desde que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques el 28 de febrero, tras el fracaso de las negociaciones sobre el programa nuclear de Teherán.
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"Las FDI acaban de iniciar una oleada de ataques contra la infraestructura del régimen terrorista iraní en el corazón de Teherán", dijo un portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, sin dar más detalles.
Baréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos informaron de que se enfrentaban a ataques con misiles en la madrugada del viernes, tras varios días de ataques iraníes contra la infraestructura energética regional que han sacudido los mercados globales.
Los precios de la energía se disparaban el jueves después de que Irán respondiera a un ataque israelí contra un importante yacimiento de gas atacando la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar, que procesa alrededor de una quinta parte del gas natural licuado del mundo, causando daños cuya reparación llevará años.
El principal puerto de Arabia Saudí en el mar Rojo, desde donde ha podido desviar algunas exportaciones para evitar el cierre por parte de Irán del punto de salida del golfo Pérsico, el estrecho de Ormuz, también fue atacado el jueves.
Sin embargo, los precios del petróleo descendían el viernes, ya que varias naciones europeas y Japón se ofrecieron a ayudar a garantizar el paso seguro de los buques por el estrecho de Ormuz, por donde transita una quinta parte del suministro mundial de petróleo, y Estados Unidos esbozó medidas para impulsar la producción de crudo.
Los ataques contra las instalaciones energéticas de la región pusieron de relieve la capacidad continuada de Irán para hacer pagar un alto precio a la campaña estadounidense-israelí, así como los límites de las defensas aéreas a la hora de proteger los activos energéticos más valiosos y estratégicos del golfo Pérsico.
Trump, políticamente vulnerable al aumento de los precios del combustible entre su electorado principal de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre, ha arremetido contra los aliados que han respondido con cautela a sus exigencias de que ayuden a garantizar la seguridad del estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor de una quinta parte del petróleo mundial.
Afirmó que le había dicho al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que no repitiera el ataque contra la infraestructura energética.
"Le dije: 'No lo hagas', y no lo hará", indicó a los periodistas en el Despacho Oval el jueves.
Netanyahu dijo posteriormente que Israel había actuado por su cuenta en el bombardeo del yacimiento de gas de South Pars, en Irán, y confirmó que Trump había pedido a Israel que se abstuviera de llevar a cabo tales ataques.
Irán está siendo "diezmado" y ya no tiene capacidad para enriquecer uranio ni fabricar misiles balísticos, pero una revolución en el país requeriría un "componente terrestre", dijo, sin dar más detalles.
SE AGRAVA LA CRISIS ENERGÉTICA
Sin un final a la vista para el conflicto, y con la amenaza de una "crisis del petróleo" mundial que crece día a día, Reino Unido, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Japón emitieron una declaración conjunta en la que expresaban "nuestra disposición a contribuir a los esfuerzos adecuados para garantizar el paso seguro por el estrecho".
También prometieron "otras medidas para estabilizar los mercados energéticos, incluida la colaboración con determinados países productores para aumentar la producción".
Hubo pocos indicios de ninguna medida inmediata. El canciller alemán, Friedrich Merz, reiteró que cualquier contribución a la seguridad del estrecho solo se produciría una vez que hubieran cesado las hostilidades.
La resistencia de los principales aliados de EEUU a involucrarse en la guerra refleja el escepticismo ante un conflicto que, según los líderes europeos, tiene objetivos poco claros que ellos no buscaron y sobre el que tienen poco control.
El bombardeo israelí del yacimiento de gas de South Pars, en Irán, del que Trump afirmó que EEUU no tenía conocimiento, puso de manifiesto las lagunas en la coordinación de la estrategia y los objetivos bélicos entre los principales protagonistas.
Para añadir más confusión en torno al ataque, tres responsables israelíes afirmaron que la operación se había llevado a cabo en consulta con EEUU, pero que era poco probable que se repitiera.
La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, dijo ante la comisión de inteligencia de la Cámara de Representantes que los objetivos de EEUU e Israel diferían: "(...) el Gobierno israelí se ha centrado en neutralizar a los líderes iraníes. El presidente ha declarado que sus objetivos son destruir la capacidad de lanzamiento de misiles balísticos de Irán, su capacidad de producción de misiles balísticos y su armada".
Con información de Reuters
