A la hora de visitar una exposición artística, existen dos condiciones cruciales para que la experiencia sea placentera: la primera es que la curación de la muestra sea inteligente, la segunda es que, en lo posible, vayamos en compañía de un guía. “Houdini. Las leyes del asombro” cumple con las dos prerrogativas: lo que apreciamos es un material diverso pero acotado, elíptico y sugerente; y tanto a las cinco y media como a las siete de la tarde se realizan visitas guiadas de gran calidad.

“Houdini. Las leyes del asombro” nos presenta diversas facetas de la vida y obra (pero sobre todo de la obra) del legendario ilusionista y escapista húngaro. Lo ingenioso es que, en vez de solo contarnos los trucos y sus trampas, el foco de toda la exposición está puesto en el marketing. Se trata de un despliegue de carteles, posters, dibujos, caricaturas, fotos y noticias de la época, donde el escapista a veces es el centro y a veces no, pero que delinean las estrategias mediáticas con que Houdini seducía y sugestionaba a sus potenciales audiencias. La publicidad, el impacto público y el escándalo se hacen así parte de los mecanismos del ilusionismo. Es entonces cuando lo entendemos: la exposición indaga las formas en que la publicidad funcionaba como plataforma para el primer contacto con la magia.

Pero no solo hay material gráfico o audiovisual: en algunas mesas y vitrinas vemos objetos mágicos de ayer y de hoy, cajas de cuchillos, engranajes desaparecedores, libros que historizan el ilusionismo mundial y local. Los objetos no pertenecieron a Houdini, pero es mucho mejor que así sea. Porque la muestra no está planteada como el homenaje a un ícono (de hecho una de las premisas de la exposición es que Houdini es el ilusionista más famoso pero de ninguna manera el mejor), si no como un laboratorio para hacerse preguntas que exceden lo biográfico y lo referencial: ¿Qué relación existe entre la magia y la publicidad? ¿Hay espacio en el mundo de hoy para el ilusionismo encarnado en personas de carne y hueso? ¿Cuáles son los gestos, los signos, el lenguaje de la ilusión? ¿Responde a una fórmula básica y arcaica o a los entreveros de la cultura de masas?

Al mismo tiempo, la biografía del húngaro rebosa de aventuras y cruzadas significativas: su posicionamiento como ilusionista de trucos y no como aprendiz del diablo, su guerra contra las mediums y espiritistas, su atletismo desvergonzado, su progresiva pero arrasadora conquista del mundo, su absurda muerte. E incluso: las palabras secretas que pactó con su esposa para que intentara comunicarse con él cuando muriera.

Un hermoso caldo de cultivo. Breve, concisa y potente, esta muestra es nada menos que imperdible. Se la visita en la Fundación Telefónica, de 14 a 20 hs., hasta el 28 de mayo.

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