La crisis en Venezuela puso al descubierto los lineamientos geopolíticos de los países de la región. Los países más alineados con Estados Unidos reconocieron automáticamente a Juan Guaidó como presidente del país bolivariano, mientras que las naciones progresistas tomaron distancia o siguen apuntando a Nicolás Maduro como jefe de Estado.

Esto desperto, además, un renacer de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia. El Gobierno de Donald Trump inmediatamente respaldó a Guaidó y hasta viene amenazando con duras acciones contra Venezuela, en tanto que la Rusia de Vladimir Putin se plantó en la vereda de enfrente en favor de su socio.

China también apoyó a Maduro, mostrando cómo la región quedó en disputa entre dos polos.

En Latinoamérica, los países con gobiernos de derecha, como el de Mauricio Macri en Argentina o Jair Bolsonaro en Brasil, abrazaron inmediatamente al presidente de la Asamblea Nacional en lugar del ex vice de Hugo Chávez. No es la postura que tomaron, en cambio, la Bolivia de Evo Morales (que asistió a la asunción de Maduro) o México, con Andrés Manuel López Obrador.

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