La crisis internacional de 2008 evidenció el comportamiento opaco y depredador del sistema bancario global, asignando recursos que reproducían renta financiera al margen de la expansión de la economía real que pudiera sustentar esa rentabilidad.

La construcción de “burbujas financieras” por inflación de precios del mismo stock de bienes reales, inmuebles, empresas y/o capacidad de pago de los Estados soberanos, inundó al mundo de títulos-valores representativos de volúmenes de activos menores que los valores en los que estaban nominados.

El estallido de las “burbujas” en 2008 desnudó las diversas actividades de los bancos en procura de ganancias, contrarias a los intereses de naciones y pueblos. Esencialmente en tres hechos.

1) El primero fue, justamente, recolectar ahorro global emitiendo activos financieros cuyo respaldo en activos reales a los que se aplicaban era de dudosa solvencia. El ejemplo más difundido y uno de los detonantes de la crisis fue el derrumbe del sistema de crédito de las “hipotecas sub-prime” o hipotecas con mayor riesgo de cobrabilidad.

La aplicación masiva de ahorros a títulos-valores respaldados por préstamos hipotecarios cuyos titulares carecían de ingresos para repagar los inmuebles adquiridos a crédito, fue uno de los mayores fiascos financieros. Esto involucró a Bancos de Inversión que intermediaron esas operaciones cobrando suculentas comisiones, a Calificadoras de Riesgo que certificaron el repago de los títulos-valores emitidos y a operadores financieros e inmobiliarios que intervinieron en el armado de los paquetes de hipotecas a financiar.

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En el derecho penal bancario de casi todo el planeta, se considera un delito de defraudación relevante cuando un banquero y/o financista al momento de otorgar un préstamo sabe que el mismo es incobrable, extendiéndose la conducta delictiva a los analistas de riesgo que emiten informes de sustentabilidad de la operación cuando la evidencia técnica indica lo contrario.

Cuando este comportamiento alcanza la masividad de 2008, que disparó una enorme crisis, es de esperar el encausamiento judicial de banqueros, calificadores de riesgo y/o diversos operadores intervinientes. Pero nada de ello ocurrió. La Reserva Federal de los EEUU compró los activos financieros tóxicos emitidos, dotó de liquidez al sistema y permitió que éste se reordenara tranquilamente por el procedimiento de fusiones y absorciones que evitaran quiebras generalizadas. Las penalidades aplicadas por la conducta seguida se limitaron a multas pecuniarias a instituciones y personas.

2) El segundo hecho, también puesto de relieve durante la crisis de 2008, fue la manipulación de la tasa de referencia internacional del mercado de Londres. La London Interbank Offered Rate (LIBOR) es una tasa de interés operada por el mercado interbancario de la capital del Reino Unido -no regulada por el Banco de Inglaterra- y se utiliza de testigo y “tasa mínima” para casi todas las colocaciones globales. La manipulación artificial de la LIBOR llevada a cabo por diversos bancos durante la crisis para ocultar la magnitud del desastre a sus inversores y ahorristas, fue también un factor expansivo de las pérdidas ocasionadas. Los bancos arreglaron el pago de multas y cerraron la investigación. Sólo algunos CEOs banqueros perdieron su trabajo.

3) El tercer hecho -y el más grave de todos- fue el desenmascaramiento de los bancos globales en su vínculo con los “paraísos financieros”, a partir de las filtraciones ocurridas en Suiza con los bancos HSBC y Unión de Bancos Suizos (UBS) por parte de dos empleados -Hervé Falciani y Stephanie Guibaud, respectivamente- que hoy serían calificados de “arrepentidos”.

La información exteriorizada y sujeta a investigación en numerosos países afectados reveló la mutación experimentada por los bancos globales, que dejaron de ser intermediarios de recursos financieros entre los ahorristas y los tomadores de crédito aplicados a la economía real, para convertirse en “gestores de patrimonios”.

Este rol de “de gestores de patrimonios” consiste en identificar las fortunas en sus carteras de clientes y ofrecerles el servicio de “banca privada” (o “private banking”), consistente en ayudarlos a optimizar el rendimiento financiero de sus activos a través de inversiones en “paraísos financieros”, vulnerando así la legislación cambiaria y fiscal de las naciones donde construyeron esos abultados patrimonios. Se trata, en definitiva, de un servicio de “fuga y ocultamiento”.

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La investigación parlamentaria del “capítulo HSBC” en la Argentina – a cargo de una comisión bicameral que tuve el honor de presidir como diputado de la Nación- citó a declarar a numerosos bancos extranjeros, estudios de auditoría a cargo de los controles de “lavado de activos”, testigos expertos, funcionarios de los organismos reguladores y sujetos privados alcanzados. El relevamiento arrojó que el denominado “servicio de banca privada” era un mecanismo institucionalizado de salida de capitales del país, que los sistemas de control de lavado de activos adolecían de diversas falencias para identificar clientes y operaciones, y que la actividad constituía un “corazón de negocios” de la banca extranjera en la Argentina.

CIERRE DEL CASO HSBC Y UBS EN EL MUNDO Y LA ARGENTINA

Los bancos involucrados en las actividades destinadas a facilitar la evasión fiscal y la fuga de capitales pagaron en todo el mundo las consabidas multas y cerraron los procesos en su contra. Los denunciantes tuvieron peor suerte: sufren hasta el día de hoy el hostigamiento judicial por haber filtrado la información.

En Argentina, el HSBC no sólo no sufrió cargo alguno, sino que sus directivos son gente de consulta del presidente Macri. Como contracara, Ricardo Echegaray –por entonces titular de la AFIP- y José Sbattella -a cargo en aquel momento de la Unidad de Investigación Financiera (UIF)- sufren sendos procesos penales por haber brindado informes oficiales al Congreso de la Nación en el marco de la Comisión Bicameral Investigadora (algo realmente notable).

Gabriel Martino

Quienes no han tenido un tratamiento tan benévolo como los bancos han sido las gigantes empresas productivas de los países emergentes. La brasileña Odebrecht, la argentina Techint, la coreana Samsung y la china Huawei -vinculadas a la construcción, la siderurgia y la electrónica- han sido acusadas, procesadas y condenadas en causas vinculadas a la economía real, lo que provocó la prisión o solicitudes de cárcel para sus directivos. Originando además la pérdida de mercados y la depreciación del valor de sus acciones.

La intangibilidad del capital financiero global y la agresión contra los modelos de desarrollo de capitalismo nacional de Estado en los países emergentes marca el signo de estos tiempos pos-crisis 2008.

Los líderes populares deben tomar debida nota de este sesgo asimétrico si pretenden afirmar modelos ligados a la expansión de la producción y el consumo