Recesión económica global a la vuelta de la esquina, caída del comercio internacional, guerra comercial entre China y Estados Unidos, menor crecimiento para Alemania y la Unión Europea, peores predicciones sobre emergentes como Argentina y Turquía, escasos avances en la cooperación internacional sobre la globalización 4.0 y en la lucha contra el cambio climático. Éste podría ser, quizás, el listado de titulares sobre el Foro de Davos. Pero, ¿qué pasó en Davos y qué consecuencias tiene para nuestro país?

El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) llevó a cabo su cumbre anual del 22 al 25 de enero pasado en la ciudad de Davos, Suiza. El WEF fue creado en 1971 por el profesor de economía Klaus Schwab como un encuentro de los grandes empresarios europeos. A finales de la década de los 70, los líderes políticos empezaron a asistir al foro y desde entonces se transformó en un encuentro anual donde la élite global, económica y política, discute sobre los problemas del mundo y plantear agenda.

El tema de este año fue Globalización 4.0, situando el desafío de cómo diseñar una arquitectura global en tiempos de la cuarta revolución industrial. Pero la discusión estuvo teñida por tres grandes problemáticas: (1) los límites que encuentra la cooperación capitalista global, dado el resurgimiento de la extrema derecha y proteccionismo; (2) los nuevos elementos que supone la revolución tecnológica digital; (3) la incertidumbre de que el estancamiento de la economía global podría dar lugar a una nueva crisis internacional.

En este contexto, este año Davos fue caracterizado como un Foro “devaluado” por la escasa participación de los presidentes de las potencias del mundo: el presidente de Estados Unidos, Inglaterra, Francia y China dijeron ausente, además del poco avance sobre grandes acuerdos. Sin embargo, el WEF mantiene una relevancia nodal para el sector financiero en general y las grandes empresas transnacionales.

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Por el lado de Argentina, las perspectivas en la participación del Foro eran bajas. En la edición pasada, Cambiemos asistió al evento con la frente en alto: habían ganado las elecciones de medio término, la economía vivía un breve shock de demanda inyectado en el año electoral, contaba con la correlación de fuerzas necesaria para plantear reformas estructurales que pedía el mercado (reforma previsional y reforma laboral) y se paraba como la modernidad en América del Sur.

Este año, en cambio, los representantes del ejecutivo nacional, Nicolás Dujovne y Guido Sandleris (Ministro de Hacienda y Presidente del BCRA, respectivamente), tenían en su espalda un 2018 con las sucesivas corridas cambiarias que se llevaron puestos a varios miembros del Gabinete y que acumularon una devaluación atroz de más del 120%, con el correlato en una inflación de casi un 50% y con una caída sistemática de poder adquisitivo y de la actividad económica (de más del 7% según el INDEC de noviembre 2017 a noviembre 2018).

A su vez, la independencia económica había sido totalmente erradicada, ya que se consumó un magnánimo préstamo Stand-By con el Fondo Monetario Internacional (FMI) por 50 mil millones de dólares. Por ésto, la Argentina no fue a buscar inversores al WEF o a “vender” el país como tierra de oportunidades. Cambiemos fue a Suiza a rendir cuentas, a mostrarse como un buen alumno, para garantizarse el próximo desembolso del préstamo del FMI y hacer los gestos correspondientes de cortesía con la elite empresarial y financiera mundial. Ésto, teniendo en cuenta que para febrero está prevista la llegada a nuestro país de una nueva misión técnica del FMI que analizará la marcha del programa acordado y que decidirá si libera otros u$s 10.800 millones del préstamo, que irán al Tesoro.

La paradoja está en que la mismísima Christine Lagarde, después de que el FMI recortara sus pronósticos de crecimiento global para 2019 y 2020, instó a los responsables de la formulación de políticas a abordar las vulnerabilidades económicas, especialmente reduciendo la alta deuda de los gobiernos.

Siendo Argentina el país que mayor deuda contrajo con ese organismo multilateral de crédito y, a su vez, uno de los países que mayor deuda emitió desde que gobierna Mauricio Macri, Lagarde dijo: "Felicité al ministro Dujovne y al presidente Sandleris por los pasos de políticas decisivas que se han dado y el progreso hasta el momento, que han ayudado a estabilizar la economía". De esta forma, para la titular del FMI, los funcionarios cumplieron al pie de la letra el plan de austeridad impuesto como condición por el préstamo Stand-by. Como a todo buen alumno que cumple con la tarea, se le garantizó el apoyo: "Quisiera reiterar el firme apoyo del FMI a la Argentina y al plan de reforma económica de las autoridades", concluyó.

A su vez, la delegación argentina fue consultada, principalmente, sobre los riesgos del “regreso de los populismo y los nacionalismos”, sobre encuestas y relevamientos de opinión y no sobre estadísticas e indicadores. Aún menos por el deterioro del poder adquisitivo, el aumento de la desigualdad, el desempleo y el cierre de empresas en nuestro país.

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Si bien Intermon Oxfam estuvo presente en Davos denunciando la desigualdad en el mundo, poco correlato tuvo con las políticas de globalización financiera que dan lugar a este preocupante escenario. Como denunció la ONG: las 26 personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre del planeta, unas 3.8 mil millones de personas. Además indicó un crecimiento de la desigualdad: los 2.200 billonarios más importante del mundo aumentaron su riqueza en un 12% mientras que la mitad más pobre vieron su riqueza caer 11%. Este alarmante informe, no implicó una revisión de las políticas del FMI en nuestro país, ni en el mundo.

Así, hubo contradicciones como Oxfam en Davos, o el FMI felicitando a la Argentina por su desempeño, a pesar de avizorar que la economía nacional va a caer un 1,7% el año que viene y reconocer la caída en el producto del 2018.

A su favor, hay que reconocer que el relato de la elite global de la teoría del derrame, de pasar el invierno o cruzar el río, sigue presente. El “There is No Alternative” estuvo en Davos y sigue en nuestro país. La clave pasa por explicar que hay otro camino, en Argentina y en el Mundo.

La globalización 4.0, el cambio climático, el entender las cadenas de valor, la cooperación sur-sur, los desafíos de las nuevas tecnologías, son elementos de la agenda del campo nacional y popular. Todos ellos pueden ser puestos en valor para construir Estados que garanticen la justicia social y la igualdad de oportunidades. Davos es una ventana para ver como esta el mundo y hay que comprender los movimientos internacionales para saber cómo la Argentina puede plantarse a los desafíos globales recuperando su soberanía.

* Nota escrita con la colaboración de Esteban Tarditti, maestrando en economía política e integrante del espacio político Buenos Aires 3D.

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