A principios de este mes el Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) acordaron un programa stand-bycon una duración de 36 meses por unos U$S 50.000 millones y a través del Memorándum de Políticas Económicas y Financieras se conocieron en detalle las metas de reducción de déficit fiscal y los objetivos de la política monetaria. Según el último informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) el recorte debería ascender a $425.000 millones ¿Qué pasa con las mujeres cuando se llevan adelante estas políticas de ajustes?

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“Para el FMI somos un impuesto y cuando la economía cae las primeras perjudicadas somos las mujeres”, señaló Silvina Batakis, economista y ex ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires. En este sentido, respecto al apartado del Memorándum referido a la “equidad de género” que establece la modificación de la estructura tributaria para incentivar que las mujeres se incorporen al mercado, consideró que “somos más que un impuesto” y que este párrafo está solamente puesto porque Christiane Lagarde se quejó que no había participación de mujeres.

En la misma línea, Malena Rubinstein, socióloga especializada en Economía, consideró que a través del acuerdo con el FMI se profundiza la “feminización de la pobreza”, la cual implica que al comparar el ingreso promedio de las mujeres y el de los varones, las mujeres son proporcionalmente más pobres que los varones.

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En primer lugar, Rubinstein explicó que a través del informe de Natsumi Shokida basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del tercer trimestre de 2017, se conoció que del total de mujeres que está buscando trabajo, el 9,5 está desocupada. En cambio en el caso de los varones esto representa el 7,3 por ciento. Por otro lado, al analizar la población subocupada las mujeres representan el 13 por ciento y los varones el 9 por ciento.

Para el caso de los ingresos mensuales, las mujeres que tienen trabajos formales perciben en promedio un 25,6 por ciento menos que los varones y dentro del ámbito informal un 37,1 por ciento menos. De esta manera la socióloga remarcó que si se analiza el ingreso total, las mujeres tienen un 33,5 por ciento menos de ingresos promedios que los varones.

“Estamos sobre-representadas en los trabajos peores pagos y completamente sub-representadas en los mejores pagos. Esto es lo que se conoce como piso pegajoso, en el primer caso, y techo de cristal en el segundo. Y todo esto pese a que en los trabajos formales tenemos mayor capacitación que los varones”, remarcó.

En este sentido como el acuerdo del FMI obliga a llevar adelante un ajuste fiscal que implica un recorte del gasto público y su consiguiente contracción de la actividad económica y aumento del desempleo, el crecimiento de estos índices afecta proporcionalmente más a las mujeres. “El recorte del gasto público implica el recorte de derechos sociales básicos como la salud y la educación y estas dos áreas tienen que ver estrechamente con la tarea de cuidado que cuando no recaen en el Estado, recaen en las mujeres”, añadió Rubinstein.

De esta manera pese a la promesa del Gobierno de llevar adelante una agenda de género, a partir del préstamo pedido al Fondo se va a profundizar el empobrecimiento de las mujeres y su consiguiente vulneración de derechos básicos.