Durante las últimas dos semanas, el dólar dio que hablar. La jornada del viernes cerró con la divisa a 22,28 pesos con una baja de 1,02 pesos después de la suba histórica de 23,30 el jueves pasado. El aumento se dio pese a que el Banco Central vendió casi el 10 por ciento de sus reservas y subió la tasa de interés al 40 por ciento. Más allá de la coyuntura actual y de las medidas económicas impulsadas por la actual administración que favorecen el desarrollo de un esquema especulativo, Argentina se caracteriza por una “devoción” a la moneda extranjera ¿A qué se debe esto?

SUSCRIBITE PARA QUE EL DESTAPE CREZCA

Según el Tesoro norteamericano, los argentinos no solo somos los que más dólares atesoramos en promedio fuera de los Estados Unidos, sino que además seis de cada diez observan la cotización de la moneda aunque no tengan intenciones de comprarla, indicaron Alejandro Bercovich y Alejandro Rebossio en Estoy Verde. La pregunta que surge entonces es ¿Por qué se da esta práctica pese a los cambios de gobierno y de gestión económica?

Lo que se observa es que si bien las prácticas de dolarización comienzan en la década de 1950 y 1960, recién en los años setenta irrumpen con fuerza en la vida cotidiana de los argentinos. De esta manera, Soledad Sánchez, doctora en Ciencias Sociales, quién investigó la circulación del “dólar blue”, señaló que a partir de entonces, y bajo distintos escenarios económicos, políticos e históricos la tendencia a la dolarización de activos se ha sostenido como una constante entre las prácticas económicas locales.

En esta línea, Alejandro Gaggero y Pablo Nemiña, ambos doctores en Ciencias Sociales, especializados en sociología económica, destacaron que durante la última dictadura militar se acentuaron las crisis y la inestabilidad económica y es durante la administración de Martínez de Hoz que se liberalizó el acceso al dólar. “La dictadura planteó liberalizar esto y creyó que la economía se iba a estabilizar. Así, el dólar potenció su rol y su penetración en distintos sectores. Todo esto es acompañado de una gran inestabilidad”, indicó Gaggero.

Por esto es que la “devoción” por el dólar debería tomarse como la expresión de relaciones sociales y no como algo meramente instrumental, como lo piensan los economistas ortodoxos. En este sentido, Gaggero explicó que “es imposible pensar la dolarización sin entender la cultura económica y ciertas prácticas que modificaron la subjetividad económica. “Gran parte de la población piensa el ahorro con una mirada moldeada por experiencias pasadas. Hay una desconfianza construida por décadas de inestabilidad”, añadió.

"Gran parte de la población piensa el ahorro con una mirada moldeada por experiencias pasadas. Hay una desconfianza construida por décadas de inestabilidad"

La política económica que promueve el macrismo muestra, en gran medida, lo que sostienen los economistas neoclásicos. Esto significa que consideran que la población está formada por actores racionales que toman sus decisiones maximizando utilidades y que si aumentan las tasas de interés, como se hizo en especial durante los últimos días, gran parte de la población va a optar por esa forma de inversión. Sin embargo, pese a que durante los dos primeros años de gestión de Cambiemos, después de una gran devaluación, el dólar se mantuvo estable, hubo una porción considerable de la población que siguió comprando divisa extranjera.

“Los sectores que siguieron comprando dólares durante los primeros años de gestión de Macri son los sectores medios, dado que son montos relativamente pequeños. Hubo un cambio respecto a los sectores más concentrados, que aprovecharon esta coyuntura e invirtieron el lebacs”, expresó Gaggero aunque sostuvo que lo que se observó en las últimas semanas es que los sectores concentrados también se volcaron a la compra de divisas.

Detrás de la moneda las personas no nos comportamos de manera netamente racional, sino que existen recuerdos, ideas y pensamientos que condicionan la manera de actuar

La solución a esta problemática no puede centrarse meramente en subir las tasas o establecer un “cepo”, sino en conjugar cierta estabilidad macroeconómica y social. “Acotar el ahorro en dólares no puede ser una política de shock muy repentina, sino que debe hacerse de manera paulatina porque muchas veces esas políticas restrictivas son tomadas como una señal de posible inestabilidad y terminan acelerando procesos de fuga”, finalizó Gaggero.

Detrás de la moneda las personas no nos comportamos de manera netamente racional, sino que existen recuerdos, ideas y pensamientos que condicionan la manera de actuar. Como señaló Sánchez, el dinero están culturalmente enraizado en determinado tiempo, lugar y relaciones sociales. Que el gabinete económico siga sosteniendo, entre otras cosas, que la meta de inflación es del 15 por ciento cuando hubo una corrida cambiaria histórica y desde el sector privado se afirma que sera del 22% no otorga demasiada confianza en el rumbo económico del país y menos para quienes están alejados de las calles de microcentro pero cerca de los aumentos de todos los productos básicos.