Con la excusa de la cumbre del G20, el Gobierno Nacional le entregará a las fuerzas de seguridad la Ciudad de Buenos Aires. Un despliegue nunca visto en 35 años de democracia en pleno corazón porteño. Para justificarlo, Mauricio Macri genera un clima de paranoia inusitado, que también le sirve para amparar nuevos y bestiales ajustes que no tendrían lugar en otro contexto.

La paranoia es tal que, incluso, la ministra de Seguridad “invitó” a los porteños a desalojar sus casas. "Nuestra recomendación es que usen el fin de semana largo para irse, que se vayan el jueves porque la Ciudad va a estar muy complicada. Las decisiones que vamos a tomar si existe violencia van a ser inmediatas, porque no lo vamos a permitir", amenazó Patricia Bullrich entrevistada en A24.

Desde hace más de un año, el Gobierno acostumbró infiltrar agentes en las marchas multitudinarias que agredan al cuerpo de suboficiales antidisturbios delante de las cámaras televisivas. Esto lo habilitó a reprimir ferozmente y arrestar manifestantes y transeúntes en cada ocasión.

El miedo generado también tocó a propios, que amplificaron las medidas de seguridad. Desde esta semana, algunas dependencias públicas revisan absolutamente todas las pertenencias de los empleados al ingresar. Tal fue el caso del Ministerio de Justicia, a cargo de Germán Garavano, donde ahora escanean hasta las bolsas de almuerzo de los trabajadores.

La paranoia por el G20 llegó a ser tal que el viernes la Policía de Seguridad Aeroportuaria evacuó y suspendió vuelos en Aeroparque por una bolsa que, sospechaban, podía disimular un explosivo. Resultó ser el paquete que olvidó una pasajera que voló a Neuquén y que sólo contenía un juego de sábanas.

Los millones de pérdidas por el tiempo malgastado no fueron punto de reproche del Gobierno, pese a que una semana atrás el propio presidente, Mauricio Macri, culpó a los trabajadores por la medida de fuerza tomada ante la falta de pago de la cláusula gatillo desde septiembre por Aerolíneas Argentinas. Pese a que levantaron la medida de fuerza, hasta la fecha los aeronáuticos no fueron convocados por ello ni a negociar paritarias, confirmaron a El Destape desde APA, uno de los gremios involucrados.

El objetivo del Ejecutivo en este caso fue generar otro enemigo interno con los trabajadores, para culparlos por el incremento del déficit que generó en la aerolínea de bandera y así generar el apoyo ante una eventual reprivatización.

La “pesada herencia” de Aerolíneas Argentinas

En 2008, último año de Marsans como administrador, Aerolíneas sufrió una sangría de U$S 859 millones. Esto representó el 78% de los U$S 1.099 que ingresó en ese período. Tras siete años de gestión estatal, en 2015 Mariano Recalde dejó un rojo de $ 160 millones, el 7% de los $ 2.187 millones que recaudó.

El legado, sin embargo, implicaba una proyección para comenzar a generar superávit desde 2017. Documentos de la propia compañía, a los que accedió El Destape, estimaban un resultado positivo de U$S 39 millones en esa oportunidad, que se incrementarían a U$S 210 para 2018 y a U$S 339 en 2019.

Los pronósticos no se alcanzaron por las continuas devaluaciones, que agrandaron los gastos, y las decisiones tomadas por Isella Costantini y Mario Dell’Acqua, la ex y el actual presidente de la compañía.