Los miembros del Gabinete se burlaron y silbaron al Papa Francisco durante el retiro espiritual que se realizó en Chapadmalal de mediados de febrero. Los funcionarios acababan de cenar y decidieron hacer una ronda de chistes.

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Para colmo, el responsable de iniciar la reacción contra el Sumo Pontífice fue nada menos que el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao. Ni bien mencionó la figura de la máxima autoridad de la iglesia, el público ministerial reaccionó con abucheos y silbidos, según contó el diario BAE. Barañao es uno de los ministros que se expresó públicamente a favor del proyecto impulsado por el colectivo feminista.

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El retiro tuvo lugar en la previa de la marcha por el 21 de febrero, convocada por gremios y movimientos sociales a la 9 de Julio, algunos de ellos con cierta cercanía al Sumo Pontífice. Dos días después, Macri dio luz verde al debate por la despenalización del aborto en el Congreso, un tema más que espinoso para el Papa, que ya tuvo que tolerar como cardenal de Buenos Aires la legalización del matrimonio igualitario en 2010.

Así, quedó en evidencia el cortocircuito que existe entre el Papa y el Gabinete, a quien no le perdonan los desplantes contra el Presidente y su negativa a venir al país. En sus discursos oficiales, el Papa puso en agenda la deshumanización de la economía de mercado y se mostró al lado de movimientos sociales y organismos de derechos humanos, alejado de la prédica de Macri.

El chiste completo:

"Resulta que el Papa Francisco decide finalmente venir a la Argentina. Cuando llega a Ezeiza, lo espera el chófer de su época de Arzobispo y él le ruega que lo deje manejar su auto de siempre. Lo convence, salen a la Ricchieri y el Papa pisa el acelerador a fondo. Iban a más de 180 kilómetros por hora con el chófer acurrucado en el asiento de atrás cuando empieza a sonar una sirena y los para un control policial. Francisco baja la ventanilla y el policía, después de reconocerlo, retrocede hasta el patrullero para agarrar su radio. Pide hablar con el comisario y le dice: -Jefe, acá tengo a uno que venía como loco pero no creo que lo pueda detener porque es un tipo muy importante", comenzó.

-¿Quién es, el intendente?-, le pregunta el comisario.

-No, más importante.

-¿La ministra de Seguridad?.

-Más.

-Pero la pucha ¿quién es? ¿El Presidente?-, se sobresalta el comisario.

-Mire, jefe, creo que es Dios.

-¿Cómo que Dios? ¿Está loco?-, inquiere el comisario.

-Mire, la verdad que solo vi la sombra ¡pero el chofer es el Papa!."