Emilia envidia cuenta la historia de una joven directora de cine atascada entre la necesidad de despegar profesionalmente y los celos que siente por su mejor amigo, cuya película acaba de ser seleccionada para el Festival de Berlín. Se trata de una miniserie web (cualquiera puede verla en el canal de YouTube de UN3) de siete capítulos, cada uno de duración variable, pero que se deja ver de una sola sentada. La experiencia que ofrece al espectador es única por varios motivos.

En primer lugar, porque narra desde un registro realista (extraordinariamente logrado) el tour de force de Emilia (Valentina Rata Zelaya), una millenial que a sus veintipico sigue teniendo mucho de adolescente y que no puede terminar de cerrar una versión de su primer largometraje, en el que trabaja desde hace años. La transición entre el final de los estudios y los primeros pasos en el mundo profesional oficia de caldo de cultivo para una mujer con ambiciones pero llena de miedo, que a cada paso teme quedar pegada a un estereotipo y que no puede evitar sentir que en una elección se le juega el peso de la vida.

La directora y co-guionista de este proyecto es Martina Lopez Robol, quien se reconoce bastante en el personaje de Emilia. Martina es entreñable amiga de Iair Said, el otro guionista y también protagonista de la serie, quien en la vida real viajó a Cannes por su actuación en el cortometraje Soy tan feliz, finalista en 2011. Martina cuenta que, justamente por basarse en una experiencia personal, no fue un guión que les costara mucho trabajo. La escritura fue conjunta. Iair elaboró más los diálogos y se mantuvo atento a que la evidencia dramática se mantuviera latente, y Martina estuvo más en la estructura, en la distribución de la información

Después UN3 decidió visibilizar el producto en su canal, y la respuesta del público fue grande, mucho más grande de lo que Martina esperaba. Le sorprendió que un trabajo que la remitía tanto a lo personal tuviera llegada a tanta gente. Y es que si Emilia envidia se diferencia tanto de otras producciones locales es, entre otras cosas, porque está construida sobre un sedimento de verdad perceptible para el espectador, ese sedimento que se transmite cuando algo de la autenticidad se puso en juego, o mejor dicho, se puso exitosamente en juego.

Por lo demás, el hecho de que la miniserie explore el ámbito de la industria audiovisual no significa una limitación en cuanto al caudal del público. Y esto no es un resultado natural, si no otro logro del guión: lejos de concentrarse en las especificidades del oficio, la narración siemprre está orientada al hueso de la historia. Una historia que podría ser la de cualquiera.

emilia envida 2

El ritmo está entre los elementos esenciales que necesita cualquier obra audiovisual para ser orgánica. En ese sentido, la miniserie cuenta con la mano maestra de la montajista Florencia Gómez García, que Martina reconoce como una ayuda fundamental al momento de decidir el corte. En algún momento del proceso la directora se preguntó si no era necesaria una aceleración, si esos retardos al final del plano o la suspención de un gesto de desidia no implicaban un cierto abuso hacia el espectador. Por suerte estuvo Florencia para relacionarse con el material desde otro ángulo, y ratificar la necesidad de que los tiempos siguieran de cerca a los personajes. El resultado es de una sensibilidad impresionante.

Las actuaciones, claro, son sensacionales. Sostenidas por unos diálogos complejos y realistas, alcanzan lugares impensados, no solo en términos emocionales (toda esa microdinámica que requiere la actuación en cámara) si no por las exigencias de un recorrido actoral que no deja lugar al error. La línea que sigue el personaje protagonista mantiene durante todo el desarrollo una única dirección, alimentada desde diversos frentes, y el trabajo de Valentina Rata Zelaya no debe haber sido nada sencillo. Emilia, sin ir más lejos, hacia el final llega a plantearle a Nacho que es él quien está celoso de ella, quien tiene miedo de lo que pueda ocurrir cuando ella al fin abra sus alas de artista y se eche a volar.

Martina afirma que, según su punto de vista, la serie habla sobre las mujeres de una forma poco usual para esta época, porque aborda su relación con el mundo del trabajo. Incluso dice que para ella Emilia envidia habla sobre un sentimiento poco reconocido, políticamente incorrecto: el de la ambición de triunfar, el de la envidia ante el avance de los otros. Es una perspectiva muy interesante, aunque también podría decirse que el tema de la serie es cómo los jóvenes que están entre los veinte y los treinta se niegan a soltar ciertas ideas infantiles o idealizadas; o también, por qué no, que esta historia sobre la vanidad del exitismo, sobre la infravaloración de la fama.

En cualquier caso, con historias así de ricas, de concentradas y ambiguas, siempre cuesta recortar una interpretación, porque son muchas las que quedan afuera. Lo cierto es que la aparición de Emilia envidia es una gran noticia en el panorama de las miniseries locales, sencillamente porque coloca la narración joven en un estandar alto. Calidad, honestidad y madurez se conjugan acá de una forma definitivamente novedosa. Pareciera que ya no nos conformamos solo con historias frescas, divertidas y muchas veces geniales. Pareciera que, por fin, empezamos a hablar sobre lo que nos pasa.

En esta nota