La polarización entre Hacemos por Córdoba, el victorioso frente armado por Juan Schiaretti con el PJ, el socialismo y el GEN para lograr su reelección y catapultarlo al escenario nacional como la Tercera Vía; y Cambiemos, en sus dos versiones macrista y radical; concentrará cerca del 85% de los votos cordobeses.

Sin embargo, hay otras 12 fuerzas que lucharán por colar sus escaños en la Legislatura y el Concejo Deliberante de la Ciudad de Córdoba.

Un dato que marca lo maleable de la política cordobesa es que por primera vez desde 2003, el kirchnerismo no tendrá legisladores ni concejales en Córdoba, porque a horas de cerrar las listas, la ex presidenta Cristina Fernández a través de su hijo Máximo Kirchner, ordenó bajar las listas de Córdoba Ciudadana, que llevaba de candidato a gobernador al diputado nacional Pablo Carro.

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El Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) y el Encuentro Vecinal Córdoba (EVC) de centroderecha se disputan el cuarto lugar en esta elección polarizada, y sus candidatos están en la puerta de la Legislatura. Ambas estructuras pueden quedar sin representación legislativa.

El FIT apuesta a retener alguna de las tres bancas legislativas con la candidatura de Soledad Díaz García, aunque los sondeos de boca de urna y de los primeros cómputos oficiales de la Justicia Electoral indican que sólo retendría un escaño.

Desde el frente de Nicolás del Caño y Jorge Altamira también apuntan a colar un representante en el Concejo Deliberante de la Capital; y la actual legisladora Laura Vilches podría convertirse en la primera concejal trotskista de la Capital.

El Encuentro Vecinal Córdoba es una fuerza de centro derecha que llevó de candidato a gobernador a Aurelio García Elorrio, un legislador que es conocida por sus posturas a favor del “pañuelo celeste”, pero quién en 2007 se animó a presentar en soledad más de 4.000 recursos de amparo contra el Estado por la protección a bandas de narcotraficantes.

Cuando estalló el Lava Jato en Brasil, García Elorrio –es legislador- junto al entonces juecista Juan Pablo Quinteros y a la progresista Liliana Montero viajaron a Brasil a presentar pruebas de las operaciones ilegales de Odebrecht en Córdoba. También denunciaron ante el fiscal Anticorrupción, Gustavo Hidalgo, a funcionarios provinciales de los gobiernos de Schiaretti y José de la Sota, pero la causa fue archivada. Incluso, Hidalgo fue ascendido a juez Anticorrupción por la Legislatura, con los votos de los bloques del PJ y la UCR.

Según los cómputos, el líder de Encuentro Vecinal Córdoba, podría retener su banca en la Legislatura cordobesa. Además, Juan Pablo Quinteros, que renunció al Frente Cívico de Luis Juez y a su banca en la Legislatura luego de la ruptura de Cambiemos; se presentó como candidato a intendente y estaría ingresando al Concejo Deliberante de Córdoba.

La otra versión electoral de “pañuelo celeste”, la encarnó el periodista macrista Alberto “Beto” Beltrán, candidato del Vecinalismo Independiente, que quedó muy desdibujado con menos de 1% y ni siquiera ingresa a la Legislatura con su doble candidatura.

En la Boleta Unica de Sufragio (BUS) también apareció otro candidato de derecha, Enrique Sella de PAIS, pese a que falleció hace tres semanas.

La Unión del Centro Democrático (UCeDe), aliada histórica del PJ de Schiaretti y José de la Sota, también tuvo una magra cosecha. Con la vieja estructura histórica del partido de Alvaro Alsogaray se armó el PRO Córdoba.

Muy cerca del FIT y el EVC se ubicó el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST – Nueva Izquierda); quién llevó de candidata a gobernadora y a legisladora a Luciana Echevarría, una docente y referente feminista que llegó a votar con su hija Caetana, de sólo un mes de vida. El MST apuesta a que Echevarría ingrese a la Legislatura.

Con el aluvión electoral del PJ, que se queda con cerca de 50 de las 70 bancas de la legislatura, será difícil que estas fuerzas menores logren un escaño.