Estas semanas están llenas de movimientos en la política argentina. La formula Alberto Fernández - Cristina Fernández de Kirchner, sin lugar a duda, ha sido la noticia de la semana pasada y ha dejado a muchos fuera de juego. Los medios no dejan de lucubrar sobre posibles escenarios electorales, sobre el por qué de la decisión y sobre cómo se ordenan los escenarios provinciales asociados a la campaña nacional.

Pero a mi entender, la premisa fundamental que se encuentra bajo decisión de CFK es la de ofrecer algo superador a una fórmula electoral; le propone al pueblo un camino para abrir alianzas, coaliciones electorales y de gobierno que permita superar la crisis actual, y los desafíos de la argentina que viene.

Pero antes del lanzamiento de la fórmula electoral, en la Feria del Libro, CFK propuso pensar un “contrato social de ciudadanía responsable”, haciendo quizás hincapié especial en la relación entre los trabajadores y trabajadoras y las empresas. Como indicó la exPresidenta, la experiencia de Perón con quien fuera su ministro de economía, José Ber Gelbard, ejemplifica esta necesidad de incorporar al empresariado nacional en la estructura del Estado. Existe un largo debate sobre el rol de la famosa burguesía nacional (hasta hay quienes sostienen que ni siquiera existe) en la estrategia de desarrollo, pero lo que está claro es que desde la concepción peronista no podemos dejar de apostar por un gobierno nacional corporativo, que tome decisiones junto a los principales actores económicos y sociales, empresas, pymes y sindicatos. La base de la justicia social es la del acuerdo de mejores condiciones laborales para las mayorías asalariadas con un Estado que acompañe a las inversiones de un sector privado nacional que crezca y genere soberanía económica.

Ahora bien, ¿es este corporativismo exclusivamente un acuerdo de precios y salarios? Quizás si, pero un contrato social de ciudadanía responsable debe incorporar otros elementos, particularmente relacionados con la forma y el tipo de desarrollo que se establezca para la Argentina. Esto incluye, por ejemplo, una perspectiva federal al desarrollo, con impulso a economías regionales, a creación de nuevas infraestructuras y una cooperación estratégica entre provincias y nación. También debe incorporar una perspectiva feminista, para cerrar la brecha salarial de casi el 30% entre hombres y mujeres, para aumentar la participación de las mujeres en el mercado de trabajo y también para discutir la distribución de las tareas del cuidado entre toda la sociedad. Pero especialmente, mirando hacia adelante, es indispensable que este nuevo contrato social agregue una perspectiva de sustentabilidad ambiental.

El viernes 24 de mayo la juventud global se autoconvocó para denunciar una vez los efectos del cambio climático y la urgencia con la que los gobiernos deben actuar. Los famosos viernes por el Futuro empezaron a tomar fuerza en Europa con el liderazgo de una joven de 16 años sueca, Greta Thunbeg. Pero la marcha del viernes pasado, que también tuvo lugar en Buenos Aires, convocó a más de 1.4 millones de jóvenes en todo el mundo, y estuvo marcada por las próximas elecciones al Parlamento Europeo de este domingo.

Esa juventud, mucha organizada a partir de sus escuelas secundarias, empieza a exigir en nuestro país que se declare la emergencia climática, para que se adopten medidas transversales para reducir las emisiones de CO2 y la contaminación de nuestros ríos y mares, cumpliendo con los compromisos del Acuerdo de París. Pero para los países del sur global, como el nuestro, la agenda climática tiene una dimensión más compleja que la de simplemente reducir emisiones, es la de pensar el desarrollo nacional desde una perspectiva sustentable, para ganar independencia económica y al mismo tiempo cuidar nuestros recursos naturales.

Esta claro que América Latina es vista por el resto del mundo como una región exportadora de materias primas, de commodities, y por tanto repensar la sustentabilidad supone poner en jaque la principal fuente de dólares, es decir dejar de lado el modelo extractivista puro y elaborar otra estrategia de desarrollo. En este sentido, Argentina es un país con recorrido tecnológico e industrial, que nos debe permitir imaginar, por ejemplo, una matriz energética compuesta también por renovables, por biodiesel, con baterías de litio de origen nacional que almacenen esa energía limpia. A su vez, debemos pensar en desarrollos industriales que utilicen menos agua, que generen menos residuos. Pero, sobre todo, rever el efecto del monocultivo de soja y el glifosato en la pampa húmeda. Y obviamente, una ciudadanía responsable con el medio ambiente también implica realizar cambios desde lo cotidiano, desde las ciudades, con más y mejor transporte público, con un esquema real de separación de residuos, con mejores espacios públicos y comunitarios.

La propuesta que ya ha puesto sobre la mesa el equipo de Alberto Fernández sobre un Green New Deal, es clave para esta etapa. Pensar la reactivación económica a partir de proyectos de infraestructura y producción que apuntalen el desarrollo sustentable parece ser la mejor manera de combinar la salida de la crisis. Esto implica, por ejemplo, vivienda social con desarrollo de placas solares, fomentar la red de trenes argentinos para el transporte de carga, aumentar la producción nacional de alimentos, porque al dejar de importar reducimos también el impacto medioambiental del transporte transnacional.

Por último, esta propuesta un contrato social de ciudadanía responsable con una mirada de sustentabilidad, no pude disociarse del principio de justicia social. Las consecuencias del cambio climático (períodos de altas lluvias o tormentas, sequías, problemas de respiración, alimentación contaminada, etc) son principalmente padecidas por las personas de menores recursos, de barrios carenciados, donde el agua llega contaminada, la cercanía a los basurales pone el riesgo la salud de las personas y en zonas rurales donde el glifosato contamina a les niñes.

Es por este motivo que urge incorporar la perspectiva medioambiental, no solo por las futuras generaciones, sino por las presentes. Por la justicia intergeneracional y la justicia social. Darle forma al contrato social es la responsabilidad de todos y todas, de la ciudadanía, también debemos escuchar esa juventud que empieza a ocupar las calles.