La aceptación acrítica o el desinterés que se pretende instalar en la sociedad frente al socavamiento de las instituciones democráticas, la configuración de un Estado paralelo que avasalla básicas garantías constitucionales y cada vez más se asemeja a un totalitarismo al servicio de intereses extranjeros, impone una urgente toma de conciencia de la población y el abandono de una actitud pasiva que lo naturalice.

La mentira como política

Lo que viene ocurriendo en el país no puede decirse que carezca de precedentes, aunque la instalación de la mentira como método sistemático del relato gubernamental, la densidad que ha adquirido en menoscabo del Estado de Derecho y la alevosía de la conjura mafiosa que ha quedado a la vista por el escándalo en torno al caso D’Alessio, cobra una singularidad y gravedad que no es posible pasar por alto apelando a meros neologismos como la posverdad.

El descaro que caracteriza a los integrantes de la Alianza Cambiemos, con afirmaciones falsas que desmienten datos duros proporcionados incluso por las Agencias de gobierno (como el INDEC) implica una clara burla y menosprecio por la ciudadanía, ofende la inteligencia más elemental y pone en evidencia una impudicia absoluta.

Es cierto que tal tipo de comportamiento surge como consustancial a esa fuerza política, pues basta contrastar los dichos, promesas y compromisos de Macri en el debate final con Scioli, previo al ballotage, con las medidas adoptadas una vez consagrado en las urnas.

En ese sentido bueno es recordar las propias afirmaciones del Presidente a pocos meses de asumir, cuando al cerrar el Congreso de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (29/06/2016), refiriéndose a la economía dijo: "Soy realmente muy optimista. Si yo les decía a ustedes hace un año lo que iba a hacer y todo esto que está sucediendo, seguramente iban a votar mayoritariamente por encerrarme en el manicomio. Y ahora soy el Presidente”.

Conducta de la cual su mayor exponente, como se ve, es el propio Presidente, que llegó al paroxismo en su discurso en el Congreso el 1° de marzo de este año, al afirmar falsedades tales como:

- “Hablo de un Gobierno que respeta la independencia de poderes, que respeta la independencia de la Justicia, y si la Justicia pide que rindan cuentas, todos tenemos que rendir cuentas…”

- “Ahora hay un Estado más sano que lucha contra los comportamientos mafiosos…”

- “También hay un Gobierno que promueve la pluralidad de voces…”

- “… propusimos un camino gradual que fue exitoso durante dos años y medio: creció la economía, bajó la inflación, aumentaron la inversión, las exportaciones, bajó la pobreza y creamos 700.000 puestos de trabajo.”

El ocultamiento de la realidad

La mentira no significa sólo la falsía sino el ocultamiento de la verdad en todo o en parte, relatar hechos de una manera que cambia su sentido verdadero. Eso en definitiva es la posverdad, la distorsión deliberada de la realidad con el fin de condicionar y modelar la opinión pública.

La Argentina registra trágicas experiencias de esa naturaleza, en que se ha engañado a la población y ocultado sucesos trascendentes a generaciones enteras. Cuántas décadas pasaron hasta conocer lo ocurrido con la matanza de obreros entre 1919 y 1921 instada por la compañía inglesa La Forestal y las consecuencias, sociales y ecológicas (en Santa Fé y Chaco), resultantes de la irracional explotación del tanino (con la tala de más del 90% del quebracho y la desertificación consiguiente).

Otro tanto con los sucesos de la “Semana Trágica” en enero de 1919, la huelga obrera de los Talleres Vasena, con motivo de la cual la represión militar y paramilitar produjo más de mil muertos, dos mil heridos y treinta mil detenidos. Al igual que con las protestas y huelgas de los peones rurales en la Patagonia (entre 1921 y 1924), con miles de víctimas de una represión similar, que salió a la luz cincuenta años después por el extraordinario trabajo de investigación de Osvaldo Bayer.

El genocidio cometido por una parte de las fuerzas armadas –con la complicidad de políticos opositores- en el bombardeo de Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955, que causó más de trescientos muertos y ochocientos heridos, y por casi 20 años estuvo ausente del relato de los libros de texto (de Historia o de Educación Democrática) utilizados en las escuelas.

Un nuevo genocidio se cometió once años más tarde, con la implementación de un Estado clandestino paralelo por la dictadura cívico – militar a partir del 24 de marzo de 1976, con miles de víctimas directas –entre muertos, torturados, encarcelados- y la instauración de una nueva –y perversa- categoría de víctimas, la de detenidos – desaparecidos que superaron los 30.000.

Naturalizar la desinformación

Los medios de comunicación juegan ciertamente un papel relevante en el engaño, como se ha puesto de manifiesto con motivo de sucesos del tipo de los antes aludidos.

Con respecto a lo ocurrido en la huelga de los Talleres Vasena, las publicaciones de la época referían a los huelguistas como “mendigos”, “elementos perniciosos de razas inferiores”, “vagos”, “delincuentes profesionales”, “inmigrantes de lenguajes exóticos”, entre otros apelativos estigmatizantes.

El silencio sobre el terrorismo de Estado en el período 1976/1983, los asesinatos exhibidos como enfrentamientos con “elementos subversivos”, la indecente presentación como “arrepentidos” de quienes estando en centros clandestinos de detención eran llevados a una redacción y se publicaban declaraciones apócrifas como entrevistas periodísticas.

También cabe memorar cómo el 18 de octubre de 1945 muchos diarios se hicieron eco de lo ocurrido en la histórica Jornada del día 17. La tapa del diario Crítica titulaba “Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población”; el diario La Razón en tapa consignaba: “Numerosos Grupos en Abierta Rebeldía, Paralizaron en la Zona Sur los Transportes y Obligaron a Cerrar Fábricas, Uniéndose Luego en Manifestación en la Capital Federal”.

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Es particularmente interesante lo que relataba el diario Clarín: “Numerosas manifestaciones aisladas, compuestas cada una de ellas por decenas de personas, obreros en apariencia, pugnaban por acercarse a la Casa de Gobierno”. Y compararlo con el titular de tapa del 20 de septiembre de 1945, referido a la llamada “Marcha de la Libertad y la Constitución” del día anterior, organizada por sectores opositores a Perón que luego confluirían en la llamada Unión Democrática con el apoyo de la Embajada de EEUU: “IMPONENTE MULTITUD CONGREGO EL MITIN. AL GRITO DE ¡LIBERTAD! LIBERTAD! LA MARCHA CIVICA CONGREGO A HOMBRES DE TODOS LOS CREDOS”.

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El New York Times publicaba para esa misma fecha: “Una multitud sin precedentes grito: Muerte a Perón”, y el mismo corresponsal destacaba: “La manifestación se realizó sin incidentes dignos de notar y el pueblo argentino demostró así que es capaz de desarrollar sus reuniones políticas en forma ordenada, cuando la policía lo deja en paz.”

Otro diario estadounidense, el Herald Tribune en sintonía, rescataba dos cánticos que se escucharon en la Marcha: “Muera Perón…” y “Hoy hacemos el cajón para Farrell y Perón”, cuyo corresponsal agregaba: “Este lenguaje raras veces se habló en la Argentina.”.

La presentación del Juez Federal Ramos Padilla ante la Comisión sobre Libertad de Expresión de la Cámara de Diputados, donde permaneció más de cinco horas e informó sobre una organización mafiosa que estaría integrada por destacados funcionarios del Gobierno, legisladores, agentes de inteligencia, periodistas, jueces, fiscales e incluso con apoyo de servicios de inteligencia extranjeros (de EEUU e Israel), sin embargo no fue tapa de La Nación ni de Clarín.

En este último diario tuvo una cobertura mínima en la página 15, mientras que en la página 14 en gran tamaño y a color aparecía una foto de todos los supuestos “cuadernos” del prolijo amanuense Centeno, además de una nota destacada del Informe anual sobre Derechos Humanos de EEUU con referencia a la Argentina (una verdadera humorada).

La desinformación adquiere hoy –gracias a la cantidad de canales de comunicación que la era digital ofrece y que supera largamente a los diarios papel- una magnitud enorme, paradójicamente en virtud de la constante emisión de noticias falsas pergeñadas en el lado más oscuro de la vinculación mafiosa de periodistas y agentes –orgánicos e inorgánicos- de los servicios de inteligencia.

El efecto buscado y que produce es el desconcierto de la población o, lo que es peor aún, la convicción de muchos de estar informados sobre temas sensibles.

Un país a la deriva: una sociedad inviable

La crisis económica y la incompetencia ostensible para manejar los efectos inflacionarios con medidas financieras que no hacen sino incrementarlos, que trata de disimular el Gobierno sacando de la galera causas judiciales claramente enmarcadas en la asociación ilícita que investiga Ramos Padilla, a esta altura es menos preocupante que la crisis institucional que padece la Argentina.

Tolerar la manipulación de la opinión pública genera una banalización de la acción política basada en la mentira como método de captar voluntades y promover, en definitiva, una apoliticidad demoledora de la Democracia.

Es preciso advertir relevantes analogías con lo que ocurría cien años atrás en Europa, con sus derivaciones en la instalación de regímenes autoritarios, particularmente en Alemania e Italia, y sus consecuencias dramáticas para la Humanidad.

Por entonces planteaba Bertold Brech, con reflexiones que cobran hoy una actualidad y vigencia sorprendente: "El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales".