La acelerada descomposición política del oficialismo ya llega hasta el hueso: según encuestas que maneja Cambiemos en la ciudad de Buenos Aires, el jefe de gobierno Horacio Rodríguez Larreta cae derrotado en la mayoría de los escenarios de ballotage.

El distrito sobre el que construyó su carrera Mauricio Macri, cuna y bastión del PRO, está en riesgo. Esa es la hipótesis que se maneja por estos días en las modernas oficinas de la administración metropolitana en el barrio de Parque Patricios, donde responsabilizan por las dificultades al lastre electoral que representa el Presidente para todos los candidatos amarillos.

La premisa: despegarse de Mauricio

A esta altura del año, Macri es rechazado por más de la mitad de la población, incluso en territorios que hasta hace poco le resultaban más amigables. Aunque no puede dar marcha atrás con la decisión de celebrar los comicios locales junto con los nacionales, Rodríguez Larreta ya está estudiando atajos legales para que la segunda vuelta se vote en domingos distintos.

De acuerdo a los números que recibió en las últimas semanas la administración porteña, Rodríguez Larreta mantiene la primera minoría pero perdería una segunda vuelta contra cualquier candidato que no aparezca pegado al kirchnerismo. La lista de postulantes a ocupar ese lugar comenzó a bullir en los últimos días: la diputada Victoria Donda anunció su voluntad de competir por la jefatura de Gobierno; el presidente de San Lorenzo, Matías Lammens, está a la espera de una señal de su jefe espiritual, Marcelo Tinelli, pero ya inició charlas con sectores que podrían respaldarlo. Hay puentes tendidos entre los dos. Marco Lavagna había lanzado su candidatura a fines del año pasado y es otro de los potenciales aspirantes. Desde el Instituto Patria aún no hablan de candidaturas, pero, en línea con el discurso nacional de CFK, dicen apostar a una unidad amplia, ya sea mediante PASO o en un acuerdo de lista única.

La última jugada de Rodríguez Larreta

En los headquarters cambiemitas la preocupación es mayúscula y el antecedente de 2015, cuando Martín Lousteau quedó a sólo tres puntos del batacazo, no ayuda a templar los ánimos. Aunque los doce años de desgaste del gobierno local influyen en la situación, allí no dudan de que buena parte de los problemas electorales nacen de la performance de Macri en la Casa Rosada, que a esta altura del año electoral tira para abajo a todas las boletas amarillas del país, siempre según a encuestas que encargaron ellos mismos y que no dan a conocer públicamente. Cerca de Rodríguez Larreta lamentan haber aceptado la unificación de los comicios con el calendario nacional, que lo obliga a compartir papeleta y campaña con el Presidente.

De todas formas, el jefe de gobierno está evaluando un hueco en la ley electoral: la legislación vigente en ningún momento establece que si las elecciones generales se celebran el mismo día que las presidenciales, la segunda vuelta también tenga que realizarse en simultáneo.