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El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, no parece haber caído en la cuenta de la contradicción en la que incurrió al expresar su deseo de que el gobierno convoque “a la oposición” para “un acuerdo nacional” que tenga, a su vez, “un correlato electoral”. Argentina, un país donde el verosímil tantas veces desafía sus propios límites, podría brindarle a la ciencia política un nuevo fenómeno de estudio: la oposición que no solamente piensa como el gobierno, habla como el gobierno y legisla como el gobierno sino que además va a las urnas en las mismas listas que el gobierno.

Cornejo, a la sazón titular de la Unión Cívica Radical, uno de los socios de Cambiemos, prefiere exigirle esa clase de proezas a la semántica antes que enunciar en voz alta el verdadero sentido de las permutaciones electorales que estuvieron ensayándose en estos días: de este lado de la línea, todos los que quieran evitar que retorne al poder Cristina Fernández de Kirchner. Polarización al cuadrado. La consagración de la grieta como principio ordenador. Demasiado poco para aquellos que llegaron con la promesa de normalizar la vida y unir a los argentinos.

Este recalculando aparece atado a la noción de que el problema electoral, a esta altura del año, ya no es exclusivo de Mauricio Macri sino que alcanza a toda la escudería Cambiemos. Los resultados de todas las elecciones hasta la fecha marcan la tendencia, que encuentra confirmación en los sondeos de opinión encargados por el oficialismo y también por empresarios estrechamente ligados al gobierno. Un problema de confianza que no se soluciona reemplazando al Presidente por María Eugenia Vidal sino que requiere de medidas más drásticas.

Lo que no significa que el relanzamiento de la coalición gobernante no necesite de un nuevo candidato presidencial para proyectar expectativas renovadas en la sociedad. Es una de las condiciones que pusieron al menos un par de presidenciables para sentarse a discutir. Y, por ahora, el principal obstáculo al éxito de la iniciativa, ya que Macri sigue empecinado en buscar la reelección. No escucha a sus amigos que le advierten que así pone en riesgo no solamente el armado político que supo construir a su alrededor durante los últimos quince años; también su futuro personal.

En las últimas semanas, el mandatario quedó complicado en varias maniobras que salieron a la luz en el marco de investigaciones criminales. Los aprietes a jueces, la manipulación de testigos clave y el vínculo cada vez más evidente entre Macri y la red de espionaje y extorsión que se investiga en el juzgado federal de Dolores lo dejan en una situación complicada para cuando vuelva a ser un ciudadano más. Hay quienes se imaginan que el Presidente que asumió procesado por espionaje puede terminar su mandato de manera simétrica. La historia no se repite, pero rima.

Más de un funcionario de primera línea del gobierno teme ir preso cuando acabe el gobierno de Cambiemos, por eso están dispuestos a hacer todo lo posible por posponer ese momento cuatro años más. Incluso si eso implica tirar a Macri por la borda. En el gabinete están sorprendidos por el entusiasmo que muestra últimamente Germán Garavano respecto a la posibilidad de ampliar la coalición Cambiemos. Fuentes del gobierno aseguran que ya está haciendo gestiones para tener un destino diplomático a partir del año próximo, si el gobierno gana las elecciones.

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Al ministro de Justicia pudimos escucharlo esta semana apretando al ex juez Carlos Rozanski para que renuncie. La salida del magistrado había sido una promesa de Garavano a Leonardo Fariña para que declare en contra de CFK, según rebeló ante el juez Alejo Ramos Padilla la ex abogada del valijero de Lázaro Báez Giselle Robles. En el ministerio se acogieron a la doctrina Alonso y aseguran que lo que se escucha en los audios no es delito en sí mismo. Curiosamente, a la diputada Elisa Carrió, que le hace marca personal al “imbécil”, este asunto se le pasó por alto.

Seguramente es porque tiene su mente puesta en las elecciones de Córdoba, donde insiste en colaborar con la candidatura de Mario Negri, a pesar de los codazos del diputado, que a veces querría prescindir de su ayuda. Para Carrió, la provincia mediterránea es el último bastión de resistencia en su batalla personal contra el radicalismo. Una vez más, ella actúa como aliado de última instancia de Macri, que también necesita un triunfo de Negri en el duelo de perdedores contra Ramón Mestre para fortalecer su posición al interior de Cambiemos y defender su candidatura presidencial frente al avance de los frentistas.

Luego de Córdoba comienza la recta final hacia el cierre de alianzas, exactamente un mes más tarde de las elecciones en esa provincia, y la proclamación de las listas, diez días después. En la oposición real, todo parece ordenarse. Aún sin anuncios oficiales, el lanzamiento de un libro parece haber resuelto todas las especulaciones. Del otro lado, el plan todos contra Cristina va tomando forma. Crueldades de la historia: Macri, que hizo todo por incentivar la polarización durante una década, podría terminar siendo víctima de su propio afán.