Las vicisitudes económicas son las que suelen ocupar un lugar central en la sociedad, pero sin prescindir del impacto cotidiano de muchos de sus emergentes (la inflación, el dólar, el salario o el desempleo), la política va cobrando cada vez mayor relevancia y no sólo por ser este un año electoral sino por los efectos centrífugos y centrípetos que ha producido el mensaje de Cristina Fernández de Kirchner del sábado 18 de mayo.

Un Tsunami político

La inclinación de Cambiemos por los fenómenos climáticos para explicar los sucesos que, lejos de ser aleatorios, son la consecuencia de su propia impericia para gobernar o derivan de sus espurios intereses. Cuando no son producto de una imaginación fértil en brotes o lluvias verdes, que ya lleva varios semestres sin aparecer, los hace vivir como un tsunami lo ocurrido el sábado pasado cuando Cristina nos sorprendiera a todos.

Como en las escenas de ese tipo de catástrofes de la Naturaleza, la casa (Rosada) y la quinta (de Olivos) al igual que otros hogares del barrio (privado) aliancista han quedado patas para arriba. La enorme Ola que este nuevo Huracán, con nombre de mujer (quizás beneficiado aún por el viento de cola que le atribuían), ha sumergido en la desesperanza a funcionarios, periodistas funcionales, políticos aliados y opoficialistas.

La perplejidad, cabe reconocer, los excede. Toda la sociedad ha sido absolutamente sorprendida por un hecho, en realidad una conducta, nada habitual en estas y en otras tierras. Que una persona a quien todas las encuestas miden como la que más intención de votos cosecha, una militante de toda la vida munida de la capacidad y la –legítima- ambición política para pretender obtener otro récord histórico –sólo alcanzado por un hombre, Juan D. Perón-, el ser consagrada por tercera vez Presidenta, resuelva dar un paso al costado en pos de la Unidad nacional y de un nuevo Contrato social en la Argentina.

En cuestión de minutos se desmoronó toda la construcción mediática-judicial, que era en realidad la estrategia electoral del oficialismo, soñando con emular el vergonzoso proceso vivido en Brasil con la proscripción de Lula.

Los más cercanos –que cada día son menos- recurrían de urgencia al titular del SAME (Servicio de Atención Marketinera de Emergencia), el Dr. Durán Barba, para que acudiera rápidamente –pero evitando en lo posible el helicóptero sanitario- para revivir al muerto político que ya venía atravesando una larga agonía, pero este golpe de calor parecía haberlo fulminado como un rayo.

Mientras otros, se aprestaban a subirse a los escasos botes del Titanic en una desesperada búsqueda de fórmulas de salvataje, a sabiendas que ninguna alquimia científica podía esperarse del degradado ex Ministro de Ciencia y Tecnología y que ni siquiera su único Dios –el dinero- ni sus apóstoles –los prestamistas usureros- resultarían suficientes para reconstruir sus desvencijados hogares.

No fueron pocos los que recriminaron a la abuelita Bullrich (Ministra de Seguridad) y al Arribas de la AFI (Agencia Federal de Inteligencia) que no sirven ni para espiar, teniendo en cuenta que no se enteraron que hacía un año Cristina escribía un libro cuya presentación el 9 de mayo descolocó a muchos, y ahora lanzaba una precandidatura (encabezada por Alberto Fernández) que dejó girando como un trompo a propios y ajenos.

La soberbia de la ignorancia

Las intervenciones del Presidente son cada vez más desafortunadas, quien emulando a Carrió arroja salvavidas de plomo a sus aliados, a los que dice apoyar pero genera dudas al respecto.

Esta semana en un acto acompañado por la gobernadora Vidal, que no pudo disimular su desconcierto con la fingida candidez del personaje que ha creado de sí misma, Macri manifestó: “¿De qué servía repartir computadoras si las escuelas no tenían conectividad a Internet?, rematando la frase: “Es como repartir asado y no tener parrilla, no tener para prender el fuego? ”.

Demostrando una supina ignorancia sobre el sentido y propósitos del Programa “Conectar Igualdad”, implementado por el Gobierno de Cristina Kirchner, que con la masiva distribución de netbooks (más de 5 millones) a los alumnos de las escuelas perseguía contribuir a su formación y al acceso a una herramienta informática que ayudara a superar la brecha tecnológica, en especial en los sectores más postergados de la población.

La desinformación –en realidad el desinterés- del Presidente sobre este tema es mayúscula, tanto por soslayar que la eventual conectividad no se limitaba a la que existiera en las escuelas, toda vez que los jóvenes que las recibían se las llevaban consigo lo que les permitía conectarse en cualquier otro sitio; sino que ello posibilitaba, también, que en las casas sus familias accedieran a esa tecnología. Que dicho sea de paso, no suponía únicamente navegar por internet sino aprender a operar una computadora.

El aplicado Marcos Peña para conservar su lugar de mejor adulador, sostuvo en estos días: “Macri va a quedar en la historia como un gran transformador”. Quizás le asista razón, pero en un sentido literal, un “transformador” de un voltaje inapropiado que –como aquel personaje de historieta (Tara Service)- hace explotar las instalación eléctrica y provoca un súbito apagón.

Hora de pensar en contar los votos y no las costillas

El denodado pesquisaje de archivos que muestren expresiones del distanciamiento que por muchos años mantuvieron Alberto y Cristina Fernández, se ha convertido en una labor cuasipolicial de muchos periodistas, que en más de un caso no es “cuasi” sino parte de las tareas por las que les pagan las funciones de agentes inorgánicos de los servicios de informaciones (no de noticias).

Las referencias mediáticas de esa índole no se limitan a los integrantes de ese binomio, sino que también se proyectan a otras y otros dirigentes que se han manifestado en favor de tales candidaturas con la pretensión de descalificarlos, como de incidir en la voluntad –o conveniencia- de asumir una postura similar de aquellos que aún no se han pronunciado en igual sentido.

Ese martilleo constante, y que aumentará en igual proporción al crecimiento de la intención de voto que vayan marcando las encuestas, está igualmente dirigido a la población en general como parte del permanente ataque a la dirigencia en general y a la clase política en particular, cuyo fin último es el menoscabo de las convicciones democráticas y republicanas de la sociedad en su conjunto.

Las inconductas políticas existen, tanto como que su identificación y atribución personalizada presenta gran cantidad de variantes desde la subjetividad de cada perspectiva, pero en tanto no constituyan actitudes propias de un prontuario sino emergentes de la dinámica inherente a las disputas y ambiciones de poder, no parece que sea este el tiempo de hacer énfasis en las diferencias que separan sino en todo lo otro que une.

Propuesta que en modo alguno implica eludir ni inhibir el debate interno en las fuerzas opositoras, pero sí estar advertidos del lugar y la oportunidad de desarrollar esas discusiones, evitando la emisión de mensajes –a veces de ignotos orígenes- que lleven confusión entre lo principal y lo accesorio o, peor aún, agua para el molino oficialista.

Llegar en una sola vuelta

Las señales en orden a una derrota de Cambiemos –si todavía existe como Alianza- en octubre próximo, según resulta de distintos indicadores, no debe llevar a comerse el asado antes de ponerlo a cocinar, y menos por aquellos que –como agudamente dijera el Presidente- no tienen parrilla ni como encender el fuego.

Pues la situación del país es tan crítica, que no basta con vencer en los comicios a los artífices del plan en marcha de entrega de la Argentina, sino de obtener un triunfo de suficiente contundencia como para dotar a quienes sean elegidos de efectiva gobernabilidad y de la potencia necesaria para llevar adelante las transformaciones indispensables para recuperar la Patria.

Quizás sea el momento en que venciendo desencuentros recurrentes o rígidas ortodoxias, los partidos y agrupaciones que se identifican como izquierdas, al igual que quienes comulgan o simpatizan con esas ideologías, se predispongan a tender puentes para la conformación de un Frente Único opositor constituido sobre bases y consensos programáticos que los contengan, sin deponer principios pero anteponiendo el interés nacional y popular.

Es preciso vencer en la contienda electoral, porque lo que está en juego es el destino de la Argentina y de todos los que habitamos este suelo, pero es fundamental que el triunfo sea en primera vuelta.