Desde hace unos años, el poder neoliberal viene imponiendo a nivel global una feroz propaganda de demonización contra los populismos. En casi todos los idiomas alertan que esas formas de gobierno significan un peligro para la república, un obstáculo para el progreso, la modernización, la integración al mundo y los principios civilizatorios. A través del aparato comunicacional, las democracias neoliberales han instalado el ideal de la gestión, lo que se traduce en la despolitización de lo social, reprimiendo el conflicto político y convirtiendo al adversario en enemigo odiado.

La ideología neoliberal precisa suprimir al pueblo y la política y, como se apropia de casi todo, también lo hizo con el concepto de democracia. Decretó que se acabaron las ideologías y la política, siendo lo mejor que cada uno se arregle solo con su propio mérito. Logró imponer un relato que estimula el odio a la democracia popular y participativa que, se afirma, constituye un obstáculo para la gestión sensata y mesurada de los asuntos complejos de un gobierno.

En la Argentina, el “cambio” neoliberal que trajo el macrismo en alianza con el poder financiero debilitó los diques estatales, dando como resultado un desregulado y feroz predominio del mercado, y una democracia representativa pero oligárquica que, realizando un “trabajo en equipo”, monopolizó la cosa pública.

El uso instrumental del odio fue la eficaz herramienta empleada por esta gestión para erradicar el conflicto político. La grieta, la hostilidad y la agresividad en los vínculos se transformó en un síntoma social que urge desactivar. Se plantea como tarea fundamental revisar las formas y metodologías violentas que exceden los límites de lo político. Será necesario reconvertir la lucha a muerte entre enemigos en un conflicto entre adversarios, y la violencia verbal en un debate plural en el que la crítica tendrá su derecho de existencia, pero asignándole los diques de respeto que indica la convivencia entre semejantes.

En los últimos meses constatamos una gestión despojada ya de todas las vestiduras y caretas del cambio, la modernización, la revolución de la alegría, la entrada al mundo y la lucha contra la corrupción, con las que ha intentado desactivar el potencial transformador y emancipador popular. Se ha roto casi por completo el pacto entre los distintos sectores sociales que le permitía al neoliberalismo mantenerse en el poder. Se observa un quiebre en los consensos conseguidos al comienzo del gobierno cambiemita, un descreimiento social ante las falsas promesas del gobierno, el agotamiento general, el vencimiento del tiempo de espera y de la paciencia pedida a la gente.

Es probable que en las próximas elecciones gane el frente de unidad que se opone al neoliberalismo. Tal como lo expresó la ex presidenta Cristina, habrá que restablecer el "orden" frente al "caos" generado por Mauricio Macri. Además de la urgente recuperación económica, será necesario implementar acciones políticas orientadas a volver a dignificar la democracia que, por efecto del actual gobierno, goza de muy baja intensidad. El macrismo dejará como saldo una economía devastada y una democracia agonizante que más bien es un simulacro.

Tanto el libro Sinceramente escrito por Cristina como la presentación en la Feria del Libro resultaron un acontecimiento político. En su discurso, la ex presidenta expresó una manifiesta oposición a la concepción democrática neoliberal, que excluye y desestima al pueblo. Cristina llamó a la democracia participativa, porque la crisis del país es tan grande que no alcanzará con el funcionamiento del Estado: será necesario, afirmó, un contrato social de ciudadanos responsables. Convocó a una "nueva legitimidad" en torno a la democracia que consiste en participar y hacernos todxs responsables del proyecto, de lo contrario no será posible gobernar.

El modelo nacional y popular, en oposición a las lógicas oligárquicas que imponen a sus colonias los organismos internacionales, no concibe a la democracia solo como una forma de gobierno basada en la representación. La democracia también es el gobierno del pueblo, un modo de vida social igualitario, el respeto de los derechos y las libertades individuales. Será necesario trabajar en la cultura para que ese sistema pueda recobrar su sentido etimológico: el "poder del pueblo", que implica el derecho de un colectivo de intervenir en su entorno, gestionar su memoria, su presente y su futuro.

Cristina llamó a un nuevo contrato social, esto significa volver a pensar una democracia sin odio y revitalizarla como una "potencia de todxs".