El socialismo vivió en Santa Fe un verano de reagrupamientos, pactos y limadura de asperezas para enfrentar el peligro cierto de perder el control sobre la provincia luego de 12 años de gobierno. Los movimientos fueron varios, la tregua entre sus dos mayores exponentes parece sólida y conforme pasan los días se van aclarando las candidaturas, que luego deberán tener su correlato en el armado de listas para asegurar la paz.

Si bien todavía no está confirmado, es casi un hecho que Miguel Lifschitz va a encabezar la lista de diputados provinciales. De hecho, días atrás hizo declaraciones inconfundibles en ese sentido: “Me ilusiona integrar una Legislatura que reforme la Constitución provincial”, dijo. Pero el desdoblamiento de las elecciones en Santa Fe -las PASO serán el 28 de abril y las generales el 16 de junio- permite que también pueda jugar en las nacionales, intención que expresó ya varias veces.

Aunque en la pública aún lo niega, se rumorea que tiene ganas de ser candidato a vice de la construcción electoral alternativa al macrismo y el kirchnerismo que Lifschitz pretende realizar con Margarita Stolbizer, Ricardo Alfonsín, y otros actores como Libres del Sur, que intenta tentar como presidenciable a Roberto Lavagna. De hecho se reunió esta semana en Rosario con la referente del GEN y ofreció una conferencia de prensa conjunta en la que dejó en claro que será protagonista de este armado.

Este movimiento responde, además de los intereses personales del ingeniero tras la imposibilidad de su reelección por la limitación que impone la Carta Maga provincial, a la necesidad del partido de la rosa de volver a contar con una referencia nacional de peso que no tiene desde los tiempos en los que estaba activo el ex gobernador Hermes Binner.

“Miguel está encarando la tarea de revitalizar el progresismo a nivel nacional y buscar un espacio más amplio con una propuesta competitiva para romper la grieta. Es el gobernador de una provincia importante, un actor relevante, y se pone en un rol de constructor, no de candidato, de un espacio de centroizquierda tendiendo los brazos hacia sectores radicales y peronistas”, analizó el diputado provincial socialista Joaquín Blanco.

El legislador insistió: “Hoy está en la etapa de reuniones, lo llaman dirigentes políticos, sindicales, sociales. Eso evidentemente va a tener un desarrollo más allá de las elecciones provinciales. Todavía no hay ninguna hipótesis de candidatura nacional, pero si sabemos que hay mucha gente a la que le encantaría compartir una fórmula con él”.

Un pacto

La probable candidatura del actual mandatario a la Legislatura permite además sellar un acuerdo con Antonio Bonfatti (también fue cabeza de lista a Diputados cuando Lifschitz se alzó con la Gobernación), con quien tuvo diferencias y cortocircuitos durante su gestión. Dicen las malas lenguas que esta pelea comenzó en el 2011, cuando el rosarino era intendente y se sentía número puesto para competir por la Casa Gris, pero finalmente el elegido por Binner fue el oriundo de Las Parejas.

“La de Bonfatti va a ser la única lista seguramente, teniendo en cuenta que es el referente más fuerte y que a priori no se avizora nadie que quiera ir a la interna, obviamente con el apoyo de Miguel (Lifschitz) y Mónica (Fein) y toda la estructura partidaria”, afirmó un operador del socialismo en Rosario.

Desde la salida de Binner de la vida política del partido, se estableció este doble comando que atraviesa toda la estructura socialista y amenazaba con terminar en una fuerte derrota electoral. “Tuvieron que limar asperezas para que no se los coman el PRO y el peronismo”, comentó en off otro asesor, sabedor de que las internas a veces dividen y dejan heridas difíciles de cicatrizar. La estrategia parece, por el momento, resultar. Las mediciones, deslizan, lo dan a Bonfatti muy bien parado, compitiendo mano a mano con el peronismo y con Cambiemos corriendo desde atrás. En su entorno murmuran que quiere una mujer radical del centro-norte provincial como compañera de fórmula.

Parte de este acuerdo incluiría llamar a una consulta popular el mismo día de las elecciones generales sobre la posibilidad de llevar adelante una reforma constitucional que podría eliminar la prohibición de la reelección que rige en la provincia, un viejo deseo de Lifschitz con el que insistió sin suerte durante su mandato. El resto, como la composición de las listas y la representación de cada sector está por resolverse todavía, si bien entramos en la etapa de definición, porque el 22 de febrero es la fecha límite para el cierre de listas. Y todavía hay mucho por acomodar.

*Nicolás Maggi es corresponsal de El Destape en Santa Fe.