La polémica alrededor del nuevo protocolo de uso de armas por parte de la Policía continúa. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires se presentó un amparo para prohibir la implementación de la resolución dispuesta por la ministra Patricia Bullrich, el secretario de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, quiere que en su jurisdicción comiencen a utilizarse pistolas Taser.

"Vamos a profundizar este tema, el debate de protocolizar el uso de armas no letales, como las Taser, con la ministra Bullrich", sostuvo D'Alessandro en una entrevista radial con La Red. En las últimas horas, el uso de estas pistolas fue discutido en una reunión con funcionarios de Seguridad de Nación y Ciudad.

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¿Qué son exactamente las Taser? Son armas de electrochoque utilizadas para inmovilizar e incapacitar personas mediante descargas eléctricas. En 2010, la entonces denominada Policía Metropolitana planteó por primera vez su incorporación, pero esta idea fue desestimada por los cientos de casos de muertes posteriores luego de recibir las descargas de Taser o de su posible uso como método de tortura, similar a la picana.

La compra de las Taser se judicializó y la Justicia porteña prohibió su utilización por pedido de un hombre, quien consideró que esas armas podían ser usadas para torturar gente. Sin embargo, en 2015 el Tribunal Superior de Justicia porteño revocó el fallo que las prohibía y habilitó su uso, pero la Policía Metropolitana no quiso avanzar en la compra de las armas.

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Si bien D’Alessandro afirma que se trata de armas “no letales”, un documento presentado por Amnistía Internacional ante el Departamento de Justicia estadounidense en 2007 revela datos que confirman lo contrario.

Aunque admitieron que “el riesgo de efectos negativos de las armas Taser en adultos sanos es generalmente bajo”, enfatizaron que esto no siempre es así en personas que se encuentran en riesgo por “salud precaria, consumo de drogas u otros factores”.

Amnistía Internacional relevó 290 casos de personas que “murieron tras haber sufrido descargas de pistolas Taser de la policía” en Estados Unidos y Canadá entre 2001 y 2007, en los que queda asentado que muchas de ellas estaban en categorías "de riesgo" potencial.

“En al menos 20 informes de autopsia analizados por la organización, los pesquisidores citaban el arma Taser como factor causal o concurrente de los fallecimientos, en ocasiones combinado con otros factores”, plantearon desde la organización.

Además, adviertieron que la posibilidad de emplearlas en “su modo de ‘contacto directo’ y su capacidad para inflingir dolor por medio de descargas múltiples y prolongadas hace que estas armas sean, intrínsecamente, susceptibles de ser empleadas para cometer abusos”.

En este sentido, remarcaron que “la inmensa mayoría de las personas que murieron tras recibir descargas de un arma Taser eran varones desarmados que no representaban una amenaza de muerte o de lesiones graves cuando recibieron las descargas”, y en varios casos incluso se encontraban detenidos e inmovilizados.

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