El gobierno nacional apura la publicación del decreto que impondrá una reforma laboral contra los trabajadores del sector textil que se habían declarado en emergencia por el cierre de industrias y los miles de despidos. Además intentan imponer el pago de aguinaldo en cuotas, la segmentación de vacaciones y el fin de la indemnización por despido en el sector.

De acuerdo a una nota de Página 12, los cambios que se quieren imponer son dos: un fondo de cese laboral y un banco de horas. Ambos retrocesos habían sido discutidos en el proyecto de reforma laboral que finalmente no fue tratado en el Congreso.

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El fondo de cese laboral supone que al trabajador le quitan parte de su salario para que quede como una reserva en caso de que la empresa decida despedirlo o dictamine el cierre de la firma. Es decir: el trabajador pasa a pagar su propia indemnización por despido.

El banco de horas es un reemplazo de las horas extra que en la actualidad se pagan: los empleados trabajan de más y luego lo compensan entrando tarde a sus puestos. Esto está copiado de la draconiana reforma laboral brasileña, que aprobó el gobierno del ex presidente Michel Temer.

El sector textil fue uno de los más afectados. Desde que comenzó el macrismo hubo 20.000 despidos en el sector que se declaró en emergencia en la ciudad de Luján.

Desde el sector empresarial deslizaron su simpatía por la reforma pero advirtieron que el principal problema es la caída del mercado interno y la suba de los costos de producción, por lo que la flexibilización no solucionaría las causas de la crisis que atraviesan.

Luego del caso testigo de los petroleros de Vaca Muerta, el Gobierno busca apurar la reforma laboral para mostrarla ante el FMI, que reclamó cambios en las leyes laborales y el sistema previsional, viejas recomendaciones del organismo en cada país donde presenta sus programas económicos.