El líder fascista de Brasil, Jair Bolsonaro, anunció abiertamente una depuración ideológica del país vecino y despedirá a los empleados públicos que considere "izquierdistas", cuyas ideas políticas las vinculó con los últimos "30 años", momento en el que volvió la democracia en esa nación.

Al segundo día de asumir Bolsonaro la presidencia de la Nación, el jefe de la Casa Civil (equivalente a la jefatura de gabinete), Onyx Lorenzoni, consideró que "la sociedad brasileña decidió decir basta a las ideas socialistas y comunistas que durante 30 años nos llevaron a este caos". El período no es casual: Brasil volvió a la democracia en 1985, hace ya 34 años, proceso para el cual fue muy importante le rol de Lula y del sociólogo y luego presidente por el PSDB Fernando Henrique Cardoso.

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El propio canciller brasileño, Ernesto Araujo, dijo en el primer día de gestión que el Gobierno de Bolsonaro buscará "despetizar" Brasil, en referencia al Partido de los Trabajadores. Su principal referente, el ex presidente Lula Da Silva, está preso por una causa impulsada por Sergio Moro, ex juez y hoy ministro de Justicia del gobierno fascista.

Insólitamente, Lorenzoni negó que esto se trate de una "caza de brujas" sino solo que se trata de "la única manera de gobernar con nuestras ideas".

Además, el ex militar firmó decretos que permiten la privatización de puertos y aeropuertos, y eliminó a la población LGBTIQ de las directivas dentro del Ministerio de Derechos Humanos y Familia, conducida por una mujer, Damares Alves, que se manifestó contraria a la legalización del aborto y consideró que las mujeres nacieron "para ser madres". "Las mujeres visten de rosa y los hombres, de azul", dijo en declaraciones a la prensa.