A 17 años de la brutal represión del 20 de diciembre de 2001, el periodista Mauricio Polchi recordó cómo fue baleado por la policía mientras se manifestaba, cómo perdió tres dientes a causa de un golpe de un efectivo de la Federal y pasó varias horas detenido, pese a que buscó entregarse pacíficamente para evitar situaciones de violencia.

En diálogo con El Destape, Polchi recordó que, en ese entonces tenía 21 años. El 20 de diciembre estaba en Isidro Casanova, en el oeste del conurbano bonaerense, y recordó cuando "se decretó el estado de sitio", momento en el que "nos dimos cuenta que estaba un poco más complicado el asunto".

A Mauricio lo movilizó ver cómo la Caballería golpeaba a las Madres de Plaza de Mayo frente a la Casa Rosada. "Yo estudiaba en la Universidad de las Madres, tenía un vínculo afectivo con ellas y eso es lo que instintivamente me hizo moverme hasta acá", hasta la Ciudad.

Ese día "me vine con un amigo del barrio, los dos solos" con el "grabador de periodista" en mano "con la idea de recoger testimonios". Sin embargo, recordó que "cuando llegué a Capital, bajé en la estación de Once, no había subtes, no había nada y fuimos caminando por Rivadavia". En ese trayecto, relató a El Destape, "íbamos avanzando, veíamos las pequeñas barricadas montadas en las esquinas y los enfrentamientos cuerpo a cuerpo con la policía".

Ya pasado el mediodía, Polchi estaba solo en el Congreso, con algunos grupos formados espontáneamente. En ese entonces ya circulaban los rumores "de que había muertos en la zona de Plaza de Mayo". Él, junto a otros manifestantes, fueron "emboscados" por la policía en la intersección de la avenida 9 de Julio y Alsina.

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Por el temor, en base a las informaciones de fallecidos, "me entrego", dijo. "Levanto las manos para que me vengan a detener sin ningún problema" pero "cuando me entregué, me disparan de muy de cerca". El periodista recordó ante El Destape que en ese momento sintió "como un palo en la espalda, me tumba y me caigo al piso". El disparo fue con una escopeta antimotines, con las cuales se dispara desde lejos pero a él le tiraron a menos de dos metros de distancia. "Todavía tengo marcas y balines en el cuerpo", narró.

Una vez en el piso, pensó que estaba por morir hasta que se dio cuenta que no. "Cuando se acercan los policías que nos habían disparado, nos empiezan a pegar patadas, en un momento asomo la cabeza y viene un borcegazo de la Federal y me arranca tres dientes".

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En ese momento, lo llevaron detenido, junto a otros. Desde la comisaría pudo hablar con su familia y lo atendió un médico legista que constató la violencia y gravedad de los golpes e, incluso, le "sacó un par de perdigonadas en una oficina de la oficina".

Para Mauricio no fue fácil poder contar y visibilizar la historia. Hace dos años, Víctor Hugo Morales le hizo una entrevista y "fue un quiebre, a partir de ahí lo resolví, fue como una terapia" a la que asistió con su hijo, de entonces 6 años, y pudo cerrar el ciclo.

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