Los indicadores económicos que se dieron a conocer en los últimos días volvieron a poner de manifiesto la fuerte preocupación que sostenemos desde hace mucho tiempo sobre el actual rumbo de las políticas que en ese sentido lleva adelante el Gobierno Nacional. El desplome de la actividad económica del 5,8% que midió el INDEC para mayo o la inflación que en los primeros 6 meses de 2018 ya alcanzó la meta del Banco Central para todo el año son solamente un reflejo de una situación que se siente en el bolsillo todos los días, cuando los ingresos de las familias cada vez alcanzan menos para cubrir sus necesidades básicas.

Si le sumamos a esto a un acuerdo con el FMI que promete profundizar los recortes y el anuncio de nuevas subas–como por ejemplo en transporte y tarifas-, tenemos por delante un panorama de recesión, aumentos y ajuste que inevitablemente se van a transformar en más pobreza y exclusión con el consecuente aumento de la conflictividad social.

SUSCRIBITE PARA QUE EL DESTAPE CREZCA

Para llevar estos números a ejemplos concretos, desde el Movimiento Evita - CTEP medimos sistemáticamente el Costo de Vida en los barrios populares Rosario. El resultado fue que en junio una familia necesitó para cubrir sus necesidades mínimas una cifra de $22.387, un aumento que quedó muy por encima de los salarios promedio de la región y también de los demás indicadores sociales. Tanto es así que, con el Salario Mínimo, Vital y Móvil, no se llega a cubrir ni la mitad de ese costo.

Y con la Asignación Universal por Hijo solamente se pueden satisfacer las demandas alimentarias de los niños menores de 3 años. El mismo estudio mostró que la mitad de lo que se gasta se destina a la compra de alimentos, el rubro que lidera los aumentos, aunque también los resultados arrojaron que se puede reducir en un 30% ese presupuesto cuando se adquieren productos en mercados de la Economía Popular. Así se eliminan los intermediarios, mediadores y otros eslabones que encarecen de forma abusiva los precios desde que salen de los productores hasta que llegan a la mesa familiar.

Por eso reivindicamos estas experiencias y seguimos insistiendo desde los diferentes organismos sociales con el pedido de una Ley de Emergencia Alimentaria. Por un lado, para poder garantizar las necesidades nutricionales de niños, niñas y adolescentes en un contexto donde a las familias cada vez les cuesta más poner un plato de comida y en donde todos los días crece la demanda en los comedores y merenderos de nuestros barrios. Por el otro, para que desde el Estado se promueva esta experiencia de pequeños productores y agricultores familiares para poder avanzar también en términos de soberanía y seguridad alimentaria.

Este pedido va a ser una de las principales demandas que se van a poner de manifiesto en la marcha por Paz, Pan, Tierra, Techo y Trabajo que los movimientos populares y organizaciones sociales y sindicales realizan todos los años para San Cayetano. Porque mientras el camino que nos quieren imponer sea seguir ajustando y excluyendo, necesitamos más que nunca herramientas para que el acceso a una nutrición completa y saludable de nuestras pibas y pibes sea un derecho conquistado y no solamente el privilegio para algunos pocos.

* La autora es diputada nacional del Movimiento Evita - CTEP.