La escritora Claudia Piñeiro fue la encargada de dar el discurso de apertura de la edición número 44 de la Feria del Libro de Buenos Aires, y, luego de su aplaudida exposición durante el debate por la legalización del aborto, no decepcionó.

Piñeiro centró su discurso en el rol social de los autores, y trató de responder la pregunta “¿Qué se espera de un escritor?”. De esa manera fue más allá de la mera acción de escribir y publicar un libro: “Me atrae ese lugar para el escritor: el de conflicto con la autoridad. Entendiendo por autoridad –en nuestro caso- el Estado, la industria editorial y los intolerantes que pretenden imponer cómo debemos vivir”.

En ese sentido planteó que su lealtad “nunca debe ser con la autoridad, sino con el lector, con el ciudadano, con la literatura” y con ellos mismos como escritores, y que deben “disentir como estado de alerta, no como antagonismo sistemático”.

Sobre esa línea, expuso que hay ciertos “gestos que tienen un significado” a decodificar desde “la industria, el Estado y por supuesto los lectores”, y que los suyos como escritores también son cruciales cuando creen que “sólo alcanza con escribir”, pero “hay determinadas circunstancias sociales frente a las cuales la falta de acción o la falta de gesto explícito también transmite un mensaje”.

Por eso, recordó que el año pasado, muchos decidieron suspender sus actividades en la Feria para ir a la marcha contra el 2x1 a genocidas. “Hace pocos días, nos pasó lo mismo a cuatrocientas escritoras que acordamos defender con nuestra firma y con nuestro cuerpo la ley de interrupción voluntaria del embarazo. Yo sentí en la calle el agradecimiento por esos gestos en aquella oportunidad y ahora, la confirmación de que eran necesarios”, resaltó sobre la importancia de dejar de lado la postura de intelectual y comprometerse.

“Somos trabajadores dentro de una industria, pero a veces ni nosotros mismos tenemos conciencia de ese status. Nos gusta lo que hacemos y tal vez, si tuviéramos de qué vivir, lo haríamos gratis. Pero el trabajo se paga. Se nos debe pagar en tiempo y forma lo que vale”, cuestionó, y agregó que ante las inequidades que sufren los autores menos conocidos “hay una ausencia del Estado”.

Por otro lado, también cuestionó la discriminación y el machismo que se ejerce sobre las autoras mujeres en la industria. “Me han hecho infinidad de entrevistas relacionadas con la Feria del Libro y en muchas me preguntan cómo me siento, dada mi condición de mujer, por abrir esta edición. Mi respuesta: ‘El año pasado la abrió Luisa Valenzuela’. El error o el olvido denota la discriminación: es ‘exótico’ que se le otorgue ese lugar a una mujer. Cuarenta y cuatro ediciones, cuatro escritoras.”

Piñeiro también remarcó en su discurso que el Estado debe dar las herramientas a los niños y niñas para que sean lectores desde la primaria. “Lo tenemos que exigir no por la literatura sino por ellos. De otra manera estarán condenados a la exclusión. Es una deuda de la educación que lleva décadas. Si de verdad un país cree en la importancia de leer, la promoción de la lectura debe ser una política de Estado”.

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