Buscan dar respuesta a la asfixia financiera de mujeres sostenes de familia

Mediante el programa “Desendeudas” se espera atender la problemática de sobreendeudamiento de al menos unas 300 mil jefas de hogar en la provincia de Buenos Aires.

25 de enero, 2023 | 00.05

La provincia de Buenos Aires puso en marcha este mes el programa “Desendeudadas”, que apunta a refinanciar la deuda tomada por mujeres en situación de vulnerabilidad cuyo pago les resulta insostenible para la manutención familiar. Se estima que alrededor de 300 mil mujeres podrían ser alcanzadas por esta política.

Según el Decreto 2370 publicado en el Boletín Oficial, a partir de este programa se crea un Fondo Fiduciario para el Desendeudamiento de Mujeres mediante el cual la provincia adquiere directamente las deudas contraídas por estas mujeres con entidades de crédito registradas en el Banco Central (BCRA), para luego poder mejorarles las condiciones de financiamiento de manera de hacer sostenible su pago.

Cabe remarcar que está destinado a jefas de hogar, en un inicio se priorizará a quienes son titulares de Asignaciones Universales, que se han visto en la necesidad de sobreendeudarse para la propia subsistencia diaria y la de sus familias, sobre todo en ámbitos no bancarizados, a tasas más altas que las del sistema de crédito formal, y que de esta manera podrán acceder a nuevos programas de créditos con una mejor tasa nominal anual (9%) y por un mayor plazo de devolución (60 meses). 

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El Fondo Fiduciario tiene estipulado un plazo de vigencia de diez años y estará integrado por recursos de Rentas Generales, de Organismos Multilaterales de crédito, del Tesoro Nacional, contribuciones y por los fondos propios del cobro del programa. 

“El programa está destinado a jefas de hogares de sectores vulnerables que se han visto arrastradas a un sobreendeudamiento por fuera del sistema bancario pagando intereses usurarios”, explicó al respecto la ministra de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, Estela Díaz, y resaltó además que “las mujeres cabezas de hogar, en su mayoría, no reciben la cuota alimentaria de sus ex parejas".

En ese sentido, según datos de un informe de dicho Ministerio, que aborda el incumplimiento de la obligación alimentaria en el territorio provincial “más de la mitad de las mujeres bonaerenses encuestadas (51,2%) indicó en 2022 no percibir ningún tipo de aporte por parte del progenitor de sus hijas y/o hijos” en tanto que “el 44% debió endeudarse para completar sus ingresos”. De esta forma “el incumplimiento de la obligación alimentaria hace pasar a las mujeres de la condición de acreedoras (ya que se les debe la distribución en igualdad de la manutención y el cuidado de hijas e hijos) a la condición de deudoras, afectando su posibilidad de ejercer una vida autónoma”.

Lo anterior agrava las desigualdades de género estructurales ya que “9 de cada 10 mujeres bonaerenses se ocupan del 77% de las tareas domésticas y de cuidados teniendo que hacerse cargo de los hogares pero sin recibir remuneración alguna por esto, en tanto que las que acceden al mundo laboral por fuera del hogar también se enfrentan a condiciones de desigualdad, “la tasa de empleo para los hombres es del 65% mientras que para las mujeres se ubica en 46%”. 

Esta iniciativa es impulsada por el Ministerio de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia, creado a partir de la gestión que comenzó en diciembre del 2019, y articula su implementación con el Ministerio de Hacienda y Finanzas y el Banco Provincia.

Espiral de deudas de cuidados 

Desde PBA señalan que el objetivo del programa es “tender un puente” para aquellas mujeres con problemas de endeudamiento a fin de que puedan alcanzar una mayor autonomía económica. En esa línea, para dimensionar esta problemática es preciso señalar que las mujeres han estado históricamente relegadas en el acceso al mundo del trabajo, con condiciones desiguales, marcadas por una mayor informalidad y menores ingresos, lo que se corrobora en todos los indicadores del mercado laboral.

De acuerdo a datos de la Dirección Provincial de Estadística del Ministerio de Economía de la Provincia de Buenos Aires, para el tercer trimestre de 2022, la tasa de actividad de las mujeres fue del 51,6% y la de los hombres del 70,9% (con una brecha de 19 puntos porcentuales a favor de ellos) en tanto que el empleo se ubicó en 46,3% para mujeres frente a un 65,4% para los varones. Se agrega que la desocupación, al contrario de lo anterior, fue mayor entre las mujeres (10,2%) que entre los varones (7,7%).

En cuanto a la brecha en los ingresos individuales, alcanza el 38,9% entre mujeres y varones, en tanto que el 24,9% de las mujeres mayores de 17 años no tiene ingresos propios, lo cual genera “una sobrerrepresentación en los estratos de ingresos más bajos, fenómeno que se conoce como feminización de la pobreza”. Esta situación de desventaja se profundiza en hogares con niños y niñas, ya que se incrementa la demanda de cuidados con menor acceso a trabajos remunerados. En el marco de estas desigualdades es que aparecen las necesidades de endeudamiento, usualmente a tasas de interés excesivas.

Según los resultados de la investigación Deudas, cuidados y vulnerabilidad. El caso de las mujeres de hogares de clases populares en la Argentina que la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desarrolló en 2021 en partidos de las zonas norte y sur del Gran Buenos Aires, es posible observar que “la bancarización es muy baja en los hogares y el acceso a productos del sistema bancario tiene una presencia minoritaria”. En ese sentido se señala que “las razones por las cuales las entrevistadas están en el Veraz tienen como origen principal las deudas de cuidado, pero por montos pequeños (vestimenta y calzado, electrodomésticos del hogar)” lo que “en hogares con jefatura femenina restringe las posibilidades de acceso a créditos y las obliga a recurrir al circuito informal”. 

Así, “las únicas posibilidades de acceso al circuito formal son a través de los préstamos de tarjetas de familiares o conocidos, y tienen predominancia los servicios de Empresas no financieras Emisoras de Tarjetas de crédito y/o Compra no Bancarias, frente a las tarjetas bancarias”. Tras el impacto de la pandemia por Covid-19 en el 2020, el informe advierte que “se amplificó una gran parte de los desequilibrios presupuestarios que ya estaban presentes, con respecto a los malabares que hacían las mujeres para garantizar los dineros del cuidado”.

Endeudamiento externo y pobreza interna

Durante los últimos años, el deterioro del poder adquisitivo de los ingresos de la mayor parte de la población provocó un fuerte incremento en el número de personas que tomaron préstamos para afrontar gastos de la vida cotidiana como alimentos, ropa, y el pago de servicios básicos como luz, gas, agua e internet.

Ese endeudamiento profundiza las dificultades para la autonomía económica de las mujeres ya que el sostenimiento de las economías domésticas se vincula con la toma de créditos y préstamos para gestionar la vida diaria, sobre todo en momentos de crisis. En ese sentido, los hogares encabezados por mujeres fueron, en gran medida, los más castigados por los efectos de la crisis económica que se desató en 2018 y que la pandemia luego agravó, quedando expuestos a diferentes formas de sobreendeudamiento. 

Un claro ejemplo son los procesos de endeudamiento con el Estado a partir del lanzamiento de los “Créditos ANSES” en 2018, que condicionaron los ingresos percibidos por las transferencias sociales. 

Datos del CEPA advierten que por entonces “el endeudamiento acumulado de las beneficiarias de AUH se incrementó sensiblemente. A junio de 2019, se tomó deuda sobre el 81% de los beneficios abonados (que se asocian a cantidad de hijas/hijos: 3,2 millones de casos a esa fecha). En el período previo este guarismo alcanzaba el 42%, es decir, que casi se duplicó, habiéndose incrementado el endeudamiento en relación al monto percibido por la prestación de 2,9 a 3,9 veces”. Si se considera el endeudamiento acumulado, “se pasó del 43% al 92% sobre los beneficios vigentes, endeudándose 4,5 veces por encima del monto de prestaciones percibidas en AUH”.

En la misma línea, en el libro Una lectura feminista de la deuda de Lucía Caballero y Verónica Gago, se retoma la consigna de la marcha “Ni Una Menos” de junio de 2018, que expresaba “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos” para explicar que “al mismo tiempo que se estaba iniciando uno de los procesos más acelerados de endeudamiento público de la historia argentina, que terminó en el pacto con el FMI, se sumaba una devaluación brutal de los salarios y un recorte del presupuesto público que incluyó la eliminación de trece ministerios”.

Es decir que “la deuda externa que se tomó aceleradamente durante el macrismo, produjo una brusca caída del poder adquisitivo de salarios y subsidios, un retiro del Estado en la provisión de ciertos servicios públicos (salud, educación) y una proliferación de ofertas crediticias que empezaron años antes, pero que con Macri comienzan a tener otro destino: el endeudamiento es para vivir”, explican la autoras al respecto.

Desigualdades regionales

Desde CEPAL se señala que los hogares con mayor exposición al endeudamiento en la región son aquellos donde recaen más tareas de cuidados

“Las mujeres son las más expuestas a la vulnerabilidad financiera. Los estudios comprueban que las mujeres no solo deben organizar el cuidado sino también gestionar el dinero y pagar los gastos asociados al cuidado (como son la alimentación y los servicios públicos). Este cruce de información es lo que permite entender los vínculos entre desigualdades de género, de ingresos, cuidados y endeudamiento que caracterizan a nuestra región”, señaló el año pasado la entonces Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena, en su paso por Buenos Aires. 

Además, de acuerdo al organismo, como producto del impacto de la pandemia las mujeres en América Latina y el Caribe han experimentado un retroceso de más de una década en la participación laboral, lo que significa que “1 de cada 2 mujeres continúa fuera del mercado laboral”, y el desempleo a nivel regional afectó al 11,8% de las mujeres, 3,7 puntos porcentuales por encima de los hombres (8,1%).

Finalmente se advierte que los efectos de la trayectoria financiera de las mujeres, marcada por el acceso a créditos para el sostenimiento cotidiano de la vida, perduran en el tiempo, generan situaciones de morosidad y limitan el acceso a circuitos formales de crédito, dando lugar a un ciclo sin fin de deudas de cuidados. 

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