Se consolida la macroeconomía, cae el mercado interno

Solidez fiscal y comercial, junto a una caída en la economía real. Incremento en la asistencia por Covid y ajuste en relación al año anterior. El resultado de maniobrar en medio de la pandemia y el mega endeudamiento, con líneas internas dentro del Frente. 

07 de junio, 2021 | 06.26

Una macroeconomía cada vez más robusta con un mercado interno en franco deterioro. Si esta realidad es resultado del estrecho margen que dejó para la política económica los cuatro años de macrismo y su continuación pandémica, de la búsqueda por fortalecer al país en una negociación con un FMI para de esta forma lograr evitar el shock que significaría una ruptura con este organismo, o bien de una estrategia deliberada que considera la necesidad de sostener los equilibrios macros antes que cualquier otra urgencia, es motivo de debate.

Pero lo cierto es que en medio de la segunda ola pandémica, el Banco Central acumuló el mes pasado 1.611 millones de dólares, mientras que se conoció que la balanza comercial registró en abril un superávit de 1.470 millones de dólares, sumando en los primeros meses 4.001 millones de dólares. Al mismo tiempo, para el primer cuatrimestre el déficit primario acumulado fue de tan solo el 0,2 por ciento del PIB, mientras que el financiero (incluye los vencimientos de deuda) de solo el 0,6 por ciento del PBI.

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Esta política, similar a la conocida durante el primer kirchnerismo como de “superávit gemelos”, convive con otra realidad muy diferente a la del kirchnerismo, como ser un deterioro en el poder adquisitivo de la población, derivado de una inflación que avanza al ritmo del 60 por ciento anual, aunque según diversas proyecciones finalizaría en un 45 por ciento, ante aumentos salariales que se han limitado a un rango del 29 y 34 por ciento, lo cual no hace sorprender que, de acuerdo al último informe del Indec, las ventas en supermercados y autoservicios mayoristas hayan descendido en marzo en términos interanuales, en un 8,9 y 7 por ciento respectivamente.

En rigor, fue la actividad económica general la que registró en marzo una caída en relación al mismo mes de 2019 del 0,9 por ciento, índice más preciso que el habitual interanual para leer la evolución económica, pues marzo de 2020 sufrió el inicio de las restricciones obligadas por la pandemia.

Razones para una política económica

El citado cuadro, está siendo capitalizado por los sectores opositores, que buscan instalar la idea que, por fuera de la retórica, el gobierno está realizando un ajuste a la medida del FMI. Omiten señalar los costos que podría tener una ruptura en los contratos con un organismo al que la alianza Cambiemos introdujo nuevamente en el país, o mencionar que la impresionante carga de deuda durante el macrismo, que subió del 52 al 92 por ciento del PBI y dentro de la cual la nominada en dólares se triplicó pasando del 36 por ciento en 2015 al 70 por ciento del PBI, restringe de forma crucial el financiamiento, clave para superar la peor pandemia de un siglo, elemento este último que también suele ser omitido.

Así, el gobierno debió valerse de recursos internos, como emisión de deuda local o  aportes del Banco Central, como única forma de financiar la deuda interna y el gasto Covid, sobre la cual, para evitar riesgos inflacionarios, el Banco Central debió “secar” la plaza emitiendo fundamentalmente Letras de Liquidez que absorban dichos pesos.

No menos real, es que lejos de recurrir a otro tipo de política financiera, el gobierno continua abonando a los bancos intereses por estos instrumentos y pases pasivos por cerca de 100.000 millones de pesos mensuales, como que también ha habido un descenso en la asistencia estatal, aun cuando la segunda ola se presenta mucho más cruenta que la primera. De hecho, el gobierno no ha librado a su suerte a los sectores más vulnerables y a las pymes, pues se han incrementado fondos para el programa se subsidios a empleados REPRO II de sectores productivos críticos, mayor crédito para la tarjeta alimentar, que pasó de pasó de 1,9 a 3,7 millones de niños, asistencia para adolescentes vulnerables por medio del programa Progresar, o bonos a jubilados. Pero aún con el adicional de 1,3 por ciento del PBI que insumieron estas medidas, la proyección sigue por debajo del 5 por ciento del PBI, cerca de 19.700 millones de dólares, que el gobierno había destinado hasta junio de 2020 por el Covid, en el que sobresalían gastos como el IFE o ATP para todos los sectores vulnerables y todas las pymes. De hecho, en los primeros cuatro meses de este año se ejecutaron 83.000 millones de pesos, mientras que sólo en abril del año pasado se habían destinado 230.000 millones. 

El factor político

Lo cierto es que estas contradicciones, que impiden caracterizar de forma determinante la política económica, parecen ser el resultado de elementos externos que condicionan fuertemente las decisiones soberanas en materia económica, como la hipoteca legada por los cuatro años de megaendeudamiento, FMI incluido, y destrucción del tejido socioeconómico del macrismo, junto al proceso de una pandemia que restringe fuertemente el desarrollo económico en cualquier lugar del mundo. Pero no menos importante, de elementos internos en un Frente en el que, con crecientes tensiones, conviven políticos y economistas que ponen el foco en trabajadores, jubilados, beneficiarios sociales y pymes, es decir que apuestan a la suba del consumo interno como vía de reactivación, y otros que privilegian el entendimiento con los grupos económicos locales, más interesados en subordinarse a los requerimientos de organismos multilaterales y a la consolidación macroeconomica.

Estos condicionantes externos e internos parecieran ser los responsables de la imposibilidad de definir una política económica. El resultado de la campaña de vacunación, la negociación con el FMI, y la línea que se imponga dentro del Frente, marcarán la Argentina de los próximos tiempo

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Julián Blejmar

Graduado en Comunicación y Economía por la Universidad de Buenos Aires y la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

Desarrolló su labor como periodista económico en las publicaciones Página/12, Miradas al Sur, Forbes, y como columnista económico en los noticieros del canal CN23. Autor del libro “José Ber Gelbard”, Universidad de General Sarmiento, 2019. 

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