Créditos e incentivos: beneficios y costos del plan para evitar el salto devaluatorio

Las recientes medidas para los productores sojeros y el anuncio de nuevos créditos del BID parecen ir en la dirección del gran objetivo fijado por el gobierno, como lo es evitar un salto devaluatorio que potencie la inflación y la inestabilidad social.

11 de septiembre, 2022 | 16.45

Si bien resultó una sorpresa la decisión de Sergio Massa de ofrecer 200 pesos por dólar a los productores sojeros, la medida se encuentra en línea con la política cambiaria que sigilosamente llevó adelante el último año por el Banco Central, el cual viene acelerando el ritmo de devaluación mes a mes, con el objetivo de evitar un retraso cambiario, es decir un fuerte abaratamiento del dólar, que implique asimismo la necesidad de efectuar un salto devaluatorio.

Ahora, con el reciente anuncio de créditos del Banco Interamericano de Desarrollo por 4.933 millones de dólares, de los cuales se desembolsarían antes de fin de año 3.000 millones, la creciente devaluación, que tiene como uno de sus efectos no deseados una aceleración de la inflación, podría morigerarse, aunque no es seguro que el gobierno abandone la actual estrategia.

De hecho, antes de conociera esta noticia, un informe del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía, integrado por economistas de la Universidad Nacional de Rosario, permitía observar que, luego de un primer año de gobierno donde se mantuvo un dólar históricamente caro, en el segundo año se decidió cambiar la estrategia y abaratarlo como una de las vías para no incrementar la inflación, pero en la actualidad, donde el dólar se acerca en términos reales a un nivel cercano al de los últimos años del gobierno de Cristina Fernández, con una de las cotizaciones más bajas de los últimos doce años, “esta política parece comenzar a ser dejada de lado”, asevera el estudio.

En efecto, un dólar oficial muy barato genera una fuerte demanda compradora y baja oferta vendedora, lo que en el actual contexto de restricciones a su adquisición termina presionando el precio de las cotizaciones paralelas, como el blue, MEP, o CCL, un factor muy fuerte de inestabilidad económica y que presagia en muchas oportunidades un salto devaluatorio.

En cifras, el estudio del Mirador señalaba que para julio el valor real del dólar, de 128 pesos, -hoy ya supera los 140- se encontraba por debajo de los últimos cuatro años, donde se operaron las megadevaluaciones macristas de 2018 y 2019, pero en línea con los años previos y en mejor posición (competitividad) que el lapso de 2011 a 2014, donde llegó a ubicarse por debajo de los 100 pesos actuales.

En el mismo sentido, el último informe del Centro CIFRA de la CTA, da cuenta que el actual dólar solo está un 17 por ciento por debajo de las fuertes devaluaciones que operó el macrismo en 2019 y también del 2011, cuando se registró el máximo nivel de exportaciones. Es decir, la diferencia es siempre contra años extraordinarios, sea por el nivel de devaluación o bien por el nivel de ventas al exterior, lo cual fortalece la idea de que la paulatina devaluación del peso en lo que va del año está logrando evitar un fuerte retraso cambiario.



Específicamente, el informe detalla que en el primer semestre de 2022, el tipo de cambio real multilateral, es decir aquel se compara con nuestros principales socios comerciales, se ubicó 16,8 por ciento por debajo del de 2019, año en que, según el informe, se efectuó la devaluación “que signaron el ocaso del gobierno anterior”, como así también 16,9 por ciento por debajo del de 2011, cuando se registró el máximo nivel de exportaciones.

Aún más, del informe de CIFRA, que también fue realizado previó al anuncio de los desembolsos del BID, se desprende que la situación se presenta favorable en materia de ingreso de dólares, pues los términos del intercambio, esto es la diferencia de precio entre las exportaciones y las importaciones, se ubicaron 6,8 por ciento por encima de los altos niveles de 2011, ya que entre ese año y 2022 los precios de importación se expandieron 7,7 por ciento en tanto que los de exportación lo hicieron 14,7 por ciento.

E incluso, agregan, en el marco del proceso inflacionario a escala mundial por la post pandemia y la guerra en Ucrania, los términos del intercambio favorecieron a la Argentina, debido a que los si bien los precios de importación crecieron 31,2 por ciento, los de exportación lo hicieron en 47,7 por ciento.

A todo esto, debe sumarse también el reciente informe de la consultora ABECEB, del cual se desprende que en el corto plazo el saldo comercial volvería a ser positivo debido a la menor necesidad de importación energética a causa del cambio de temperaturas.

Así, con una mayor depreciación del peso, y crecientes entradas de dólares debido al contexto internacional, el programa para los productores sojeros, y el crédito del BID, todo indica que el salto devaluatorio se aleja en el horizonte.

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