Hasta cuánto va a bajar el dólar y por qué

En los que va del año, el precio oficial de la divisa se encareció 8%, mientras que el denominado dólar blue se contrajo en las últimas semanas para volver a los valores de diciembre.

06 de abril, 2022 | 12.22

El precio del dólar blue que se vende en cuevas del microcentro continúa su tendencia a la baja y ya opera en sus mínimos desde fines del año pasado, pese a que el equipo económico aceleró la devaluación del peso. En lo que va del año, el precio oficial de la divisa estadounidense se encareció 8 por ciento hasta los 117 pesos para la venta, mientras que el denominado dólar informal se contrajo en las últimas semanas para volver a los valores de diciembre, en 196 pesos, con una brecha del 67 por ciento respecto al oficial, menos de la mitad de la diferencia de 150 por ciento al que llegó en plena pandemia.

El ingreso de divisas como parte del acuerdo con el Fondo Monetario, la mayor liquidación de los exportadores de granos, la suba de tasas de interés para los plazos fijos en pesos y una menor propensión a ahorrar por parte de los hogares por la inflación que se come los salarios explican la menor demanda de moneda extranjera. Sin embargo, existen factores externos que presionan sobre el dólar, como el incremento esperado en la tasa de interés de Estados Unidos para contener una inflación récord en cuatro décadas en el país norteamericano y en el mundo y el impacto de la guerra entre Rusia y Ucrania en las finanzas globales. La pregunta es: ¿Estamos ante un piso para el dólar en la Argentina? 

El valor sostén lo dará la cotización oficial. Actualmente, un ahorrista puede acceder vía homebanking a un dólar (turista) de 193 pesos, incluyendo el impuesto PAIS de 30 por ciento y la retención a cuenta de ganancias de 35 por ciento, esto es apenas tres pesos menos que en el segmento informal, donde el riesgo de fraude es altísimo. Con los actuales precios, la elección del blue solo responde a compras que buscan sortear el cepo cambiario, que solo permite la compra formal de 200 dólares mensuales, o evitar los controles oficiales sobre el origen de los fondos. 

Lo mismo sucede con las variantes financieras, como el contado con liquidación y el dólar MEP (o Bolsa), que cotizan en 190 pesos, sin contar comisiones. Estas alternativas permiten dolarizarse sin límite de compras. Con los dólares financieros y alternativos operando por debajo del dólar al que se obtiene en el circuito formal la divisa se presume que el brecha alcanzó sus mínimos posibles. Eventuales subas en el circuito informal, de continuar la paz cambiaria, serán consecuencia del ritmo devaluatorio que le imprima el Ministerio de Economía y el Banco Central.

Por qué baja el dólar

Una de las primeras tensiones que se generaron en torno al tipo de cambio se justificaba en los vaivenes del proceso de refinanciación de la deuda contraída por el gobierno de Cambiemos con el Fondo Monetario. Al compás de las negociaciones con los burócratas del Fondo para establecer un cronograma sustentable para pagar los 44.500 millones de dólares heredados del macrismo se ampliaba diferencia entre los precios oficiales de la divisa y las alternativas financieras. 

Conseguido el apoyo local (con aprobación del Congreso) y del propio staff del Fondo, los precios alternativos del dólar comenzaron a operar a la baja. En el acuerdo se estableció un ingreso extra anticipado, que rondaría los 10.000 millones de dólares, para abultar las reservas del Banco Central. A esto se suma el ingreso de dólares del comercio exterior. La liquidación de marzo del complejo cerealero y oleaginoso, con 2984 millones de dólares, fue el mayor registro para ese mes de los últimos 20 años. El monto liquidado en el año asciende a 7926 millones de dólares. 

Entre los compromisos asumidos con el FMI se establecen también límites a la emisión de pesos y una pauta devaluatoria que acompañará la inflación doméstica. "Una condición necesaria para reducir los niveles de inercia inflacionaria es mantener un proceso de acumulación de reservas que disipe los riesgos de crisis de balanza de pagos y saltos abruptos del tipo de cambio, anclando de este modo las expectativas cambiarias. Así, con el objetivo de fortalecer la posición de reservas internacionales, se modificó el ritmo de depreciación para llevarlo gradualmente a niveles más compatibles con la tasa de inflación doméstica", señala el Central en su informe de política monetaria de marzo. 

En resumen, si este año la inflación cierra en torno al 50-60 por ciento, la apreciación del dólar respecto al peso tendrá un salto similar, con el objetivo (comprometido por el equipo económico con el Fondo) de mantener la competitividad de la moneda para estimular las exportaciones. En lo que va del año el tipo de cambio real multilateral (que contrasta el peso frente a una cesta ponderada de monedas de aquellos países con que Argentina tiene intercambio comercial) "se ubica en niveles que preservan la competitividad externa y en torno al promedio de los últimos 24 años", según el BCRA. 

Para evitar que la devaluación 'preanunciada' para este año estimule la dolarización de cartera, el Central inició una política de suba de tasas de interés para los depósitos a plazo, con el objetivo de estimular el ahorro en pesos. La tasa de interés de referencia se elevó en tres oportunidades para llevarla desde un 38 por ciento anual  principio de año al 44,5 por ciento nominal anual en dos meses. Esta tasa implica un rendimiento efectivo de 54,8 por ciento anual para plazos fijos minoristas. "El incremento en la tasa de interés de política monetaria busca propender hacia retornos reales positivos sobre las inversiones en moneda local, de modo de impulsar la demanda de pesos", explican desde el Gobierno. 

El otro compromiso, como se señaló anteriormente, responde a un menor crecimiento de la base monetaria. El año pasado finalizó con una expansión del 40 por ciento, lo que implicó una "contracción en términos reales", lo que reduce la liquidez del sistema financiero que suele irse a dólar como refugio. 

También existe una alta participación de pasivos remunerados, con los cuales el BCRA absorbe pesos del sistema, que representan el 9,7 por ciento del PIB, lo que limita el alcance de este instrumento. Por cada punto porcentual de suba de tasa que aplique el Central, los pasivos remunerados se incrementan en 0,07 puntos del PIB. "Aun contemplando este efecto, en un contexto de menores necesidades de esterilización, durante 2022 los pasivos remunerados se reducirán en relación con el PIB", de acuerdo con los cálculos oficiales. 

Un mundo con inflación

Con la pandemia, la mayoría de los bancos centrales llevaron a cabo colosales expansiones monetarias que buscaron aminorar el impacto de la crisis, lo que derivó un fuerte repunte de la inflación internacional. Sólo en Estados Unidos los precios domésticos registraron un alza de 7,5 por ciento interanual, la más alta para ese país en cuatro décadas. En países del Viejo Continente ya supera sus máximos en 30 años. La liquidez financiera internacional y la flexibilidad de las políticas monetarias globales post pandemia alcanzaron niveles no vistos desde la crisis global de 2008/2009. 

A modo de respuesta, en los últimos meses los principales bancos centrales del mundo comenzaron a virar hacia políticas monetarias menos expansivas. En el caso de la Reserva Federal, el comité de política monetaria disminuyó la velocidad a la cual inyectaba liquidez en los mercados vía la expansión de su hoja de balance. Incluso, adelantó que este proceso conocido como tapering habría finalizado el mes pasado para dar lugar a una política de suba de tasas de interés. 

La tasa de la Fed está en mínimos históricos, en un rango entre 0,25 y 0,5 por ciento anual. Sin embargo, analistas del mercado esperan una suba de hasta 225 puntos básicos, para ubicarla en torno a los 2,5 por ciento anual, con una aceleración en la suba de estos rendimientos que no se veía desde 1994.

La guerra entre Rusia y Ucrania acentuó el endurecimiento de las condiciones financieras globales que se venía observando en los últimos meses, aumentando también la volatilidad. Por efecto del conflicto, la tasa de interés de los bonos del gobierno estadounidense a 10 años revirtió parte de la suba que registraba y actualmente opera en niveles similares de los 2018 y 2019. 

El dólar medido contra una canasta de las principales monedas del planeta se apreció desde mayo pasado, tendencia que se aceleró desde el comienzo del conflicto bélico. Esto se convierte en una 'aspiradora' de capitales que fluyen de mercados emergentes (en busca de refugio), lo que apreciará el dólar impactando en los precios de las materias primas y en la inflación global. Esto impactará de distinta manera a la Argentina. Por un lado, mejorará el ingreso de divisas del comercio exterior, pero, por el otro, encarecerá la importación de insumos y energía. El resultado final de la balanza comercial será clave para anticipar lo que suceda con el precio del dólar y la restricción externa. 

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