Desde esta columna se vino señalando que de la primavera nadie saldría como entró.Por supuesto, el Gobierno es el principal alcanzado por los cambios, pero también el resto de las fuerzas políticas. Los datos de fin de año confirman las proyecciones vertidas respecto a que la Argentina ingresa en un escenario sustancialmente distinto al que pretendió configurar Cambiemos en septiembre, cuando la mano tendida del FMI ampliando la asistencia parecía ser suficiente para estabilizar la economía.

El Presidente graficó este derrotero primaveral arrancando con el optimista “pasamos la tormenta” y concluyendo con el sincero “no hacemos más pronósticos”. Escenario que comenzará a desplegarse en el verano y que implicará, a no dudarlo, un nuevo diseño de política económica.

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Los factores que diluyeron rápidamente el respaldo político interno e internacional alcanzado por el Gobierno con la sanción del Presupuesto 2019, el acuerdo ampliado con el FMI y la presencia de líderes relevantes durante la reunión del G20, fueron los siguientes:

  • La ausencia de oferta privada de divisas hacia la Argentina que permitiera bajar la tasa de interés y relanzar la economía
  • El consiguiente desplome de la economía real producto del simultáneo golpe monetario y fiscal
  • La inviabilidad del plan de estabilización Doble Cero (cero emisión monetaria + cero déficits fiscales primarios) para cerrar la brecha del sector externo, tornando inútil el ajuste interno.

El elemento de mayor desconfianza para los agentes económicos de cuño financiero es la evidente insuficiencia del apoyo fondomonetarista para afrontar el pago de los vencimientos de la deuda pública tal como están pactados. Esto se expresa en un riesgo país que se acerca al peor momento de la historia reciente de la deuda pública, que fue cuando el lamentable fallo del juez Thomas Griesa impedía que Argentina cumpliera sus compromisos con el exterior a pesar de contar con los recursos suficientes, perjudicando el valor de los títulos soberanos. En 2014, en pleno conflicto con los “fondos buitre”, el riesgo país llegó a los 875 puntos básicos. Hoy, con absoluto respaldo del FMI, flota en torno a los 830 puntos básicos.

No le creen a Macri y sus razones tienen: entre el 22 de junio y el 21 de diciembre el FMI aportó u$s 28.200 millones y la situación empeoró. Los dos primeros desembolsos por u$s 20.600 millones ya no están en las arcas del BCRA y los u$s 7.600 millones restantes partirán seguramente el primer trimestre de 2019. Las reservas internacionales alcanzan el mismo nivel que en junio cuando comenzaron a efectivizarse las remesas multilaterales: u$s 63.300 millones, computando los u$s 8.200 millones del denostado “swap chino”. Ni un dólar fresco en seis meses, la “bomba de Lebac” se redujo en sólo un 42% y el remanente con el nombre de LeLiq está adentro de los bancos.

El segundo elemento que tensa a los financistas es el subrepticio cambio de rumbo del Banco Central en procura de allegar “dólares comerciales” de la liquidación de exportaciones, desechando los “dólares financieros” de la “bicicleta”, para lo cual altera la ecuación tasa devaluación/tasa de interés en favor de la primera.

Deuda pública, brecha externa, riesgos de corrida bancaria constituyen un “combo” demasiado denso

Los números de diciembre revelan que la tasa de interés promedio para depósitos a plazo fijo a 30 días relevada por el Ente Rector rindió un 3,9% mensual, en tanto que la tasa de devaluación del tipo de cambio de referencia fue del 4,5%. Un ahorrista perdió 0,6% de su inversión medida en dólares. Si bien estacionalmente el último mes del año es ilíquido, no es menor que los depósitos a plazo fijo en pesos hayan desacelerado significativamente su tasa de crecimiento intermensual, ubicándose en apenas el 1% respecto de noviembre. Si el Banco Central acelera la tasa de devaluación sin conseguir un flujo de dólares relevante, el riesgo de desarme de posiciones LeLiq por caída de rentabilidad y retiro de depósitos es una amenaza cierta en el futuro.

Insustentabilidad de la deuda pública, brecha externa, riesgos de corrida bancaria, en el marco de un derrumbe de la producción y el consumo, constituyen un “combo” demasiado denso para que continúe sin correcciones.

El sistema político corre los riesgos de 2001

Lo grave es que los dirigentes políticos parecen haber abandonado la decisión de intervenir en el rumbo de la economía, dejando que “las correcciones la hagan los mercados” y en este punto se vuelve al comienzo de la nota: nadie sale de la primavera como entró y el verano comienza a marcar la transición.

La oposición “liviana” carece de candidato a presidente competitivo, son todos aspiracionales. Siete provincias han adelantado sus elecciones en una fuga del escenario nacional y tres distritos muy relevantes gobernados por el oficialismo han comenzado a discutir el desdoblamiento: Buenos Aires, CABA y Mendoza. La conformación del frente nacional que aglutine a la oposición real en el plano político y social tarda en conformarse. El sistema político corre los riesgos de 2001 cuando la Convertibilidad largamente agotada fue enterrada por la voracidad de los mercados. Sólo falta que Bolsonaro inicie su gobierno con una devaluación del real.