El viernes el precio del dólar futuro a diciembre llegó a 33,50. Con ese valor, la suba anual de la moneda norteamericana será del 65 por ciento. Como resultado de semejante devaluación, la inflación no bajará del 40 por ciento. Cómo salarios y jubilaciones subirán cómo máximo la mitad que los precios, el nivel de pobreza a fin de año superará el 40 por ciento.

Así, impulsando el dólar y con él la inflación, el gobierno realiza una baja de salarios y jubilaciones aún peor que la que implementó De la Rúa en 2001.

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Claro que este no es un ajuste tradicional, que sólo se ocupa de bajar los costos empresarios y el déficit fiscal: acá hay ganadores claros que se quedarán con el dinero que pierda el grueso de la población. El campo, las energéticas y los bancos tendrán ganancias récord con el nuevo tipo de cambio súper alto.

Por otra parte, con el acuerdo con el FMI el país se compromete a mantener en el tiempo el ajuste. Así, la pobreza alcanzada en 2018 se consolidará y resultará estructural hasta que un gobierno de otro signo político intente modificarla. No será fácil.

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Dentro de los ganadores se encuentra el equipo de gobierno, comenzando con el presidente, que tiene sus dólares en guaridas fiscales y, según afirman en el mercado, tendría intereses en empresas de energía. También Aranguren con Shell y Etchevere con el campo. Y no hay que olvidar al nuevo presidente del Banco Central, Luis Caputo, con intereses en la banca de inversión.

Cambiemos no tiene un plan económico; tiene un plan de negocios. La posibilidad de que este plan de negocios haga estallar en mil pedazos la economía real comienza a verse más cercana. La corrida cambiaria puede contagiar al sistema financiero y derivar en una corrida bancaria.

La posibilidad de un nuevo default también crece. Con la suba abrupta de dólar la relación deuda/PBI entró en terreno peligroso y los que prestaron plata en 2016 y 2017 quieren recuperar la suya e irse.

Le pagaron a los buitres más de lo que pedían para congraciarse con el mercado y ahora los buitres están al acecho esperando otro default.

El que está intentando que Argentina le pague a los privados es el FMI, un organismo de lobby del poder financiero que presta plata de los estados para que cobren los privados.

La baja del desempleo de los Estados Unidos a niveles del año 2000 promete una fuerte suba en la tasa de interés, que aspirará capitales de todo el mundo y así generará devaluaciones generalizadas en los países subdesarrollados. La guerra comercial entre Estados Unidos, la Unión Europea y China que ya comenzó también alienta una guerra de monedas.

El martes vencen 515 mil millones de pesos en Lebacs y muchos querrán pasarse a dólar. La corrida está lejos de terminar. Nadie sabe cuánto va a costar un dólar.

Luego de doce años de empleo y consumo la sociedad no aceptará fácilmente ir al matadero de la pobreza y la indigencia. Las calles se van a ir calentando en manifestaciónes cada vez mayores. Macri se prepara para sacar al ejército de los cuarteles, por ahora para reemplazar a la gendarmería en las fronteras y así enviar a los ya comprobados violentos gendarmes a reprimir las manifestaciones.

Medio millón de mujeres fuera del Congreso lograron media sanción para despenalizar el aborto. Ahora harán falta muchos más hombres y mujeres que salgan a las calles a convencer al Gobierno y el poder económico que lo sostiene que al plan de negocios no es viable y reprimir tampoco.