La caída estrepitosa de la imagen de la Alianza Cambiemos, fomentada por las grietas internas, precipita los tiempos electorales ante las serias previsiones de que podrían anticiparse los comicios. Todo lo que acelera la definición del armado y las estrategias de la oposición.

La madama del Fondo

La célebre frase de Karl Marx acerca de que la historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa, resulta algo exagerado para parangonar -salvo como caricatura- lo que viene ocurriendo en la Argentina a partir del sinuoso y tortuoso rumbo que ha impuesto al país este Gobierno.

Quizás sería más apropiado hacer referencia a otra conocida frase de Marx, pero no de Karl sino de Groucho, cuando afirmaba: estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros. Teniendo en cuenta tanto el abandono absoluto de los pretendidos “valores” que decían sostener, como la velocidad de los cambios a que nos tienen acostumbrados los sobrevivientes del diezmado mejor equipo de los últimos 50 años, que a diario se desdicen de sus vaticinios económicos y se apartan con total impudicia de los compromisos electorales.

La comedia de enredos que hace pocos días han protagonizado nuestros –mal que nos pese- representantes en su peregrinaje por Estados Unidos, y que constituye un hito más de una verdadera tragedia para los argentinos, tal vez habría que situarla en la vecindad del "Chavo del Ocho" si pecáramos de cierta ingenuidad o nos conformáramos con los cuentos infantiles que nos relatan desde el Gobierno.

Sin embargo, se encuadra mejor en una escena prostibularia en donde una madama francesa y unos cuantos fiolos financistas de diferentes prosapias se valen de sus lacayos –orgullosos de serlo- para someter a todo un Pueblo a una situación análoga a la esclavitud, como suele denominarse a la condición humana que es consecuencia de la trata de personas.

Los desafíos electorales

El año electoral que se avecina enfrenta a Argentina a una encrucijada sin precedentes, sólo comparable con la que fuera secuela de la Década Infame y derivara en una excluyente polarización en los comicios de 1946.

El nivel de endeudamiento externo que se prevé, junto a un proceso casi terminal que se espera de la fatal combinación de la profundización de la recesión, una devaluación mayúscula de nuestra moneda -con un BCRA intervenido por el FMI- y elevadísimas tasas de inflación, ponen en peligro la paz social y nuestra soberanía en todos los terrenos.

En ese contexto, cualquier estrategia electoral –realmente- opositora tendrá como condición la construcción de un Frente que se constituya no sólo por alianzas partidarias sino con la integración efectiva de organizaciones sindicales, de la economía popular, defensoras de los derechos humanos e incluso del empresariado nacional.

El Peronismo como principal fuerza política, que además en tanto Movimiento comprende a toda esa variedad de actores y representaciones, necesariamente deberá ser eje de una alternativa frentista opositora.

Si bien es una total obviedad señalar que su sentido será hacer factible ganar las elecciones del 2019, no lo es tanto plantear que en las presentes circunstancias se trata de un objetivo fundamental e inexorable que desplaza cualquier otro, en particular los que legítimamente pudieran proponerse como alternativas testimoniales en la búsqueda de consolidar una determinada identidad partidaria.

El grado de dependencia no solamente económica y financiera sino política, el daño que se viene provocando al funcionamiento de instituciones básicas de la Democracia, la pauperización de la población, por mencionar algunos ejemplos de lo generado por los actos de Gobierno en estos últimos –casi- tres años, demandan con urgencia poner fin a este festival del cipayaje que compromete el futuro de Argentina como Nación soberana.

Alguna vez le preguntaron a Raúl Scalabrini Ortiz si era peronista, a lo que respondió que "no", que era radical de FORJA. Por lo cual quien lo interpelaba afirmó: "Entonces es antiperonista"; Scalabrini Ortiz lo negó generando el desconcierto de su interlocutor, quien le pidió que le explicara cómo era eso. Fue entonces que le dijo: "Es fácil: las opciones políticas son bastante limitadas. Aquí no se trata de elegir entre Perón y el arcángel Miguel. Se trata de elegir entre Perón y Federico Pinedo (abuelo del homónimo senador PRO). Todo lo que sea en contra de Perón fortalece a Pinedo y, por extensión, en favor de la rancia oligarquía".

¿Cuáles son los límites?

La unidad es el desafío, pero sería irrazonable pensar que podrá lograrse con todos pues, seguramente, habrá buenos como malos motivos para algún grado de fractura al interior del Movimiento Peronista, al igual que se generarán los consiguientes condicionamientos para concretar alianzas con otros sectores en función de las definiciones que den lugar a la unidad pretendida.

¿Qué significa pertenecer al peronismo? El ser peronista supone un dilema que puede evocarnos al conocido ser o no ser que se planteara el Hamlet de William Shakespeare.

¿Es razonable poner nombres propios como límites al peronismo? Por de pronto implicaría una subjetividad tan válida para unos como para otros, según las preferencias o reparos de cada quien, que poco serviría como punto de partida a la indispensable búsqueda de unificación.

El ser o no ser peronista en tanto límite para esa unión tal vez pueda dirimirse en similares términos a los que se imponían a la mujer del César, no basta con ser -o decirse peronista- sino que es preciso también parecerlo.

Ello significa, cuanto menos, exhibir y hacer propios ciertos axiomas que Perón imprimió a la doctrina política que inspirara, tales como: concebirse como un Movimiento no un mero partido, de signo nacional y popular carente de todo rasgo liberal –menos aún neoliberal-; no admitir la intromisión extranjera ni de organismos financieros internacionales como el FMI o el Banco Mundial; impulsar una economía de sustitución de importaciones con base industrial y desarrollo tecnológico; contar con un BCRA que sea funcional al interés y a las metas productivas del país, rechazando concepciones meramente monetaristas; plantearse el Estado como el regulador fundamental de las relaciones sociales y de producción, con una participación relevante en ámbitos como el bancario, el comercio exterior e interior, los servicios públicos; la defensa y fortalecimiento de los sindicatos, columna vertebral del Movimiento; considerar como prioritaria la protección de las personas que trabajan y definirse sin cortapisas en favor de ellas frente a cualquier tensión con el Capital; otorgar prevalencia a la salud y educación públicas; desarrollar políticas activas en favor de los más humildes encarnando el principio -no mera retórica- de que donde existe una necesidad, nace un derecho.

Para la delimitación del campo propio y generar confianza política, junto con la definición resultante del ser y parecer habrá que arribar a un consenso sobre un Programa básico de Gobierno, que todos estén dispuestos a sostener y proponer a los que deseen sumarse al Frente que se constituya para disputar los comicios.

Recién luego deberá dirimirse algo por cierto complejo, acordar el modo de decidir las candidaturas y principalmente la fórmula para ocupar el Poder Ejecutivo nacional, sin descartar a priori a nadie que pueda ser reconocido como parte de ese espacio político.

Barbas en remojo

Las encuestas, investigaciones de opinión, focus group y otras formas de indagación utilizadas para evaluar imágenes de candidatos, tendencias o preferencias electorales, son instrumentos de los cuales no se puede prescindir, pero tampoco cabe atribuirles el carácter de ciencia -y menos exacta-, atendiendo a los yerros comprobables en el ámbito internacional y local. Máxime cuando quienes las realizan -aún los que se atribuyen ser profesionales serios en la materia- y los que las difunden, suelen responder a intereses sectoriales y no están exentos de una ineludible subjetividad en el análisis.

No es ocioso recordar que desde esas usinas formadoras de opinión se presentó a Daniel Scioli como el único que aseguraba un triunfo en el 2015, por ser quien garantizaba el voto de una franja de electores que no pertenecía al núcleo kirchnerista. Sin embargo, en la primera vuelta los votos obtenidos no superaron el piso propio conocido y en la segunda vuelta tampoco atrajo a esa categorización teórica de electores.

De igual modo cabe memorar, actitudes como las observadas por quienes se pronunciaban por Scioli sí, pero … . Pero que no saque más votos que Cristina o que no gane en primera vuelta para no poner en disputa el liderazgo de la ex Presidenta. Y otro tanto de aquellos que sostenían que daba lo mismo Scioli que Macri, e incluso alentaron la abstención o el voto en blanco en el ballotage como cierta izquierda iluminada.

No se trata de imitar y menos aspirar a tener un Durán Barba, quien más allá de ser un provocador profesional –basta con leer la nota publicada el domingo pasado en Perfil- es un vendedor de feria.

Para quien se anime a vencer el sueño leyendo algunas de sus “obras” (El arte de ganar o La política en el siglo XXI) podrá comprobar que, lejos de ser un “científico riguroso” de la consultoría, sólo busca vender sus servicios cada cuatro párrafos de unos textos pobres en ideas, rico en lugares comunes insustanciales y plagados de obviedades, apelando a cronologías inexactas e interpretaciones disparatadas de acontecimientos históricos.

Con esa ligereza trata tantos y tan variados temas, que bien cabe calificar a sus reflexiones de ser anchas como un océano y profundas como un charco.

Es preciso considerar con cuidado tales cuestiones y estar advertido de ciertas operaciones mediáticas, como las que le atribuyen a Cristina un piso alto –que día a día se eleva- y un techo bajo, para apartarla de un armado frentista que sería absurdo siendo quien más mide de la oposición y resultaría sólo funcional a las divisiones que necesita el Poder hegemónico para proveerle alguna chance electoral a la depreciada Alianza Cambiemos, cuyo horizonte para el 2019 se sabe mucho peor en intención de voto.

En vísperas del 8 de octubre, natalicio de Juan D. Perón, es oportuno recapacitar sobre los dogmas fundamentales de la doctrina que él inspiró y que proporcionan al Movimiento Peronista identidad ideológica. Pero ese mismo día corresponde al natalicio de María Julia Alsogaray, quien se disfrazó de peronista y populista con Menem, exhibiendo una contracara interesante y también útil para pensar en el ser y el parecer.