La persecución política a Correa, el encarcelamiento de Lula, la amenaza y la descalificación constante contra Cristina, constituyen la manifestación de una misma agresión, con un hilo conductor que puede verse desde todas las perspectivas, identificar a quienes representan los legítimos intereses de las mayorías populares y marcarlos en un castigo ejemplarizador, construyendo sobre sus personas una mentira infame que los impugne y los anule como lo que verdaderamente son, la demostración histórica de que es posible construir igualdad, soberanía y autodeterminación en la región.

Es posible construir una Democracia real como proyecto político propio, sin intervencionismo ni subordinación, recuperando la soberanía popular secuestrada por las elites durante tantas décadas. Aunque la alianza gobernante actual lo niegue sistemáticamente.

Este profundo significado histórico se acumuló en la memoria colectiva de nuestro pueblo, y no es fácil de borrar, porque representa dignidad.

La dignidad como base de un proyecto político de país y de región frente a un mundo injusto, plagado de desigualdad, es el contenido central que se busca degradar, distorsionar y negar como realidad en nuestras vidas. Tan simple como poderosa, la dignidad recorre como columna vertebral la experiencia política y organizativa de todas las luchas populares de nuestra historia.

Por eso celebramos la Independencia y deploramos el sometimiento, en cualquiera de sus formas. Nadie elige vivir sin autodeterminación, esa humillación se impone, se construye y se justifica por quienes son socios de la estafa y obtienen su parte en la entrega de nuestra soberanía.

Nadie cree tampoco, con sentido de dignidad, que el sometimiento a la nefasta tutela del FMI vaya a traer alivio a la crisis actual, simplemente porque la propia historia de nuestro país y del Fondo lo confirma.

Por eso la tarea política de quienes trafican nuestra soberanía al mejor postor es siempre construir el sentido y la razón de la resignación, ante el despojo ilegítimo, innecesario y violento que desatan en nuestras narices.

Necesitan reinstalar el discurso pragmatista y patriarcal de la política como poder corrupto y dador de gobernabilidad, para que empecemos a discutir un proyecto de alternancia y renunciemos a reivindicar la tarea política como herramienta de transformación emancipatoria.

Nosotros necesitamos sostener hoy más que antes, que la dignidad no se negocia, que la política se ejerce desde las convicciones y que queremos un país y una región libre, soberana, justa y emancipada. Porque es posible, porque es necesario y porque es nuestro legítimo derecho ante la historia.

*El autor es integrante de la Mesa Nacional de Conducción Nuevo Encuentro – Unidad Ciudadana