Día de la Lealtad: de Pascual Pérez a una hinchada presa, cuatro historias de leales a Perón

Desde boxeador campeón de todo que lo ayudó en sus épocas de proscripción hasta un club que se fundó el 17 de octubre. 

17 de octubre, 2020 | 09.49

El deporte y el peronismo tiene puntos en los que se entrecruzan. La cercanía de muchas disciplinas a los sectores populares hicieron que, muchos deportistas, sientan admiración por Juan Domingo Perón.  Más allá de su actividad, distintos deportistas e instituciones mostraron su agradecimiento y su lealtad hacia el líder del peronismo de diferentes maneras. 

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Pascual Pérez, el campeón del pueblo

“Cumplí, mi general”, dijo a los gritos Pascual Pérez. Por radio, Juan Domingo Perón escuchaba como uno de los mejores boxeadores de Argentina le dedicaba el triunfo ante Yoshio Shirai desde Tokio. Fue el 26 de noviembre de 1954. Unos meses antes, el presidente había hecho un gran esfuerzo para que el púgil mendocino pudiera enfrentarlo en el Luna Park y allí, luego de haberle ganado, se ganó la oportunidad en Tokio que, luego, terminó en esa comunicación. 

Sus vínculos con Juan Domingo Perón hicieron que sea uno de los perseguidos por la Revolución Libertadora. “Lo que nunca me perdonaron fue que Perón me regalara ese auto”, dijo un tiempo después. Es que, en el presidente no solo era muy amigo de él, sino también un admirador y, por eso, le entregó un DeSoto modelo 1951.  El campeón mundial de peso Mosca retuvo el título ocho veces después de ganarle a Shirari en Tokio. La última en el país fue el 7 de diciembre de 1957. Esa fecha en la que le ganó al español Young Martín en la Bombonera fue la última vez que Pascualito Pérez defendió su título en Argentina.

Durante todo ese año, según contó su hijo a la revista Enganche, Pascual Pérez le entregó parte del dinero que ganaba en las peleas a Perón. “Jorge Antonio no le mandaba ningún tipo de dinero, y mi padre trataba de ayudarlo”. El exilio de Perón no solo significó abandonar el país. También, el presidente argentino tras el derrocamiento tuvo los bienes congelados. En un acto de buena voluntad, el boxeador ofreció su ayuda y mostró su lealtad al presidente que lo convirtió en campeón.

El club del barrio

“Yo nací en una villa, que es de chapa y de cartón, soy del barrio de Soldati, soy del Lila y de Perón”, suele sonar en las tribunas de su estadio. Es el grito de guerra de Sacachispas Fútbol Club. 

La lealtad al general está clara. El Sacachispas Foot-Ball club se fundó el 17 de octubre de 1948. Ese día se fijó el nacimiento del club de barrio que se convirtió en un mítico club del ascenso argentino y que fue fundado por Aldo Vázquez, uno de sus principales jugadores de toda la historia.  En charla con El Destape, su actual presidente, Roberto Larrosa, aseguró: “Las tierras las donó Perón. No donde está la cancha ahora, pero si a cuatro cuadras”. 

El plan que instauró el peronismo para los deportes pretendía un fuerte crecimiento de los clubes de barrio. El deporte como actividad social y como una unificación de los planes de salud. Así fue como, por ejemplo, surgieron los Juegos Evita que no solo significaron un plan para la práctica de actividades deprtrivos sino también un programa para fomentar movimiento de manera organizada. Allí, además, había un control de salud de los chicos y adolescentes.  Cualquier joven que se inscríbií tenía  radiografías, certificado medico y otros análisis.

Un grupo de chicos del barrio de Pompeya se animó a los Juegos. Con mucha ilusión, se anotaron en los torneos y se inscribieron en el torneo Evita en el que, después de haber sumado algunos jugadores de “inferiores” de otros clubes, se consagraron campeones. La final en el Monumental tuvo en primera fila a Juan Domingo Perón y a Eva. 

Aldo Vázquez, el fundador, contó que después de haber jugado el encuentro. Perón se les acercó, le tocó el hombro y le preguntó: “¿Dónde estaba la cancha del Sacachispas Foot-Ball Club?”. Allí, solo atinó a decir que ellos jugaban en la calle. Un minuto después, el propio presidente pidió que le tomen los datos.  A las dos o tres semanas, eso finalmente se llevó adelante y, en unos terrenos que eran del Estado, finalmente se levantó el estadio. Así fue como, un par de días más tarde, en señal de respeto se instituyó el 17 de octubre como fecha de nacimiento. El día de la Lealtad.

Osvaldo Suárez, el corredor proscripto

En tan solo dos días Osvaldo Suárez dos de las ocho medallas de oro en los Juegos Iberoamericanos de 1962. Con victorias en los 10.000 metros y en los 5.000 metros, el corredor de larga distancia había conseguido dos preseas doradas. Un día después, en plena proscripción peronista, le mintió a los jefes de la delegación y viajó a Puerta de Hierro. “Tome, mi general. Se las quiero regalar a usted por lo que usted hizo por el deporte”, dijo. “No, pibe. Son suyas. Se los ganó con su esfuerzo”.

La charla entre Osvaldo Suárez y Juan Domingo Perón es recogida a partir de un trabajo de la red de estudios sobre peronismo. Suárez, que falleció en 2018, fue uno de los tantos deportistas que fue proscripto y perjudicado por su ideología. En 1955 se quedó con la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de México y era uno de los mejores corredores del mundo. En su larga trayectoria, el auge en la carrera deportiva de Suárez comienza en 1953, cuando gana el campeonato sudamericano.

Ese mismo año, en las competencias que se llevaban adelante entre países, hubo una disputa atlética entre Italia y Argentina. Allí, Suárez, venció y se ganó el primer abrazo de Juan Domingo Perón: “Bien pibe, bien”. Esos años de crecimiento personal lo llevaron a ser uno de los principales candidatos a quedarse con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Melbourne en 1956. El triunfo en México y la preparación, lo mostraban como una “fija” dentro del equipo que iba a competir en Australia.

Luego de la Revolución Libertadora, la cercanía y la forma de pensar política de Suárez, le jugó en contra. “Un abogado me dijo que me querían joder porque yo era una figura del peronismo. El Teniente Coronel me miró y me dijo 'vos fuiste a México acomodado' . Me dice que recibí regalos o cosas así porque mi deporte era amateur y me podían prohibir”, recordó. Después de esa charla lo sancionaron un año y medio. Su sueño olímpico quedó frustrado.

Después de ese tiempo, Suárez volvió a entrenar y clasificó a dos Juegos Olímpicos y Panamericanos. Incluso, en los sesenta, compitió en los iberoamericanos que lo llevaron a encontrarse con Perón. En ese cruce de palabras, intentó retribuirlo con su medalla aunque se podía meter en problemas por la proscripción. “Yo soy hincha de usted, pero no lo puedo decir porque me metería en problemas”, finalizó ese día.

Nueva Chicago, un grito de corazón

Nueva Chicago siempre tuvo un arraigo peronista. La construcción de casas sociales y la nacionalización de frigoríficos en el barrio le dieron al barrio de Mataderos una impronta particular. Así fue como, por ejemplo, en 1972 la Juventud Peronista lanzó el plan “Luche y Vuelve” en la cancha del “torito” para darle fuerza y forma al retorno de Juan Domingo Perón desde España.  

Tan cercano es el sentimiento peronista del barrio que, por ejemplo, cuando la Revolución Libertadora derrocó a Perón,  vecinos del estadio tomaron uno de los bustos de Eva Perón que estaba en la zona y lo escondieron debajo de las tribunas para que no sea destruído.  La proscripción plena al peronismo llevó a que ese sentimiento del barrio crezca. Y no fue la única vez que desde Mataderos se luchó contra la censura del peronismo. 

Años más tarde, cuando la censura provenía de la dictadura militar, el 24 de octubre de 1981 -tan solo una semana de un nuevo aniversario del día de la lealtad- el país estaba bajo el gobierno del dictador Roberto Eduardo Viola. Ese día, en un partido contra Defensores de Belgrano, ocurrió lo prohibido.  La hinchada empezó a cantar la marcha peronista, principal símbolo peronista. A pesar de los años de silencio, el barrio volvió a tener en su garganta la letra que repitió mil veces Hugo del Carril.

Ante esta situación, la policía reaccionó y detuvo a casi 100 personas, aunque las cifras oficiales hablan de 49.  Una vez detenidos, el sargento primero de la caballeria, Juan de dios Velaztiqui, obligó a los hinchas a correr con la mano en la nuca y agachados hasta la comisaría. Ese acto de tortura y de búsqueda de satisfacción para prohibir la marcha peronista no fue condenado en la Justicia. La vida de este agente creció hasta que, luego, en otra explosiva manifestación popular en diciembre de 2001. El 29 de ese mes el propio policía -ya convertido en comisario- perpetuó el asesinato de tres hinchas de All Boys en lo que se conoció como “La Masacre de Floresta”.

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