Detrás de la cenas de gala, las lágrimas por el talento argentino, y la seguidilla de bloopers en torno al G20; la verdadera transformación de Cambiemos en la economía y en la estructura del Estado nacional continúa más activa que nunca. Parte de ésta, como es sabido, se basa en despojar al ejecutivo nacional de su capacidad de autofinanciamiento. De allí el énfasis en la necesidad de contar supuestamente con un “banco central independiente” e ir limitando o limando el accionar de la banca pública nacional, particularmente, del Banco de la Nación Argentina (BNA).

El BNA, fundado en 1891 por iniciativa del Presidente Carlos Pellegrini, tiene el objetivo de apalancar el crecimiento nacional facilitando financiamiento a la industria nacional y al campo argentino. Esta institución centenaria, en los períodos neoliberales se topa recurrentemente con riesgos de privatización, desfinanciamiento o vaciamiento, que desgastan una de los pocos instrumento del Estado para aplicar estrategias de acompañamiento al sector privado para el desarrollo nacional. Hoy nuevamente, el Banco Nación está en riesgo, y como fue en los 90s, son muchas veces los y las trabajadoras quienes salen a defenderlo.

Pero, ¿por qué decir que está en riesgo? En primer lugar, cabe considerar que estos últimos días se han conocido algunas internas que dejan expuesto lo que sucede en la institución financiera más importante del país: la renuncia de tres directores (Alicia Caballero, Diego Dequino y Adrian Giacchino) y el trascendido de que el presidente del banco, Javier González Fraga, sería remplazado por Francisco Cabrera, por sus diferencias con el ministro de Economía, Nicolas Dujovne.

En segundo lugar, porque el contexto macroeconómico de altas tasas de interés, desregulación bancaria y financiera y de caida de la actividad económica, lleva a que el BNA pase a actuar más como un comprador compulsivo de títulos y bonos del estado, más que garantizar el acceso al financiamiento para la generación de ocupación y valor agregado.

De hecho, según las cifras publicadas a julio del corriente en los estados contables del BNA por el Banco Central, los préstamos al sector privado no financiero representan el 95% del total, explicado principalmente por la diferencia de cotización de obligaciones en dólares y los créditos hipotecarios para vivienda familiar. Ahora, si sumamos el rubro títulos públicos al total de préstamos, la participación de los préstamos al sector privado es del 37,5%. Cabe agregar que el banco ha visto incrementar la tenencia de títulos en un 80%, un crecimiento de 230.000 millones de pesos en 7 meses.

Por el lado del pasivo, el 57% de los depósitos corresponde al sector público y un 43% al privado. Con un crecimiento por encima de lo normal, del 126% por parte del Estado, entendiendo que se debe a los fondos que desembolsó el FMI acreditados en las cuentas del tesoro. A julio de este año comparando al cierre de balance, el patrimonio del Banco creció muy por debajo de la inflación, impactando de lleno en su composición la caída en su capital por la transferencia de una parte al Tesoro.

Miremos entonces qué sucede para que el BNA haya dejado de realizar su principal función, la de garantizar el acceso a crédito a individuos y empresas. Consideremos dos factores principales: el aumento generalizado de tasas de interés y eliminación de la política de tasas diferenciadas y la disminución de la capacidad prestable.

Por un lado, las tasas de interés del BNA que siguieron el ritmo de crecimiento de las famosas tasas de las letras del BCRA (leliq o lebacs). Además, a principios de noviembre, las principales líneas de préstamos para capital de trabajo y evolución para las empresas fueron acotadas y suspendidas, estableciéndose límites de saldos de stock por línea y sucursal. Las subieron las tasas de descuento de cheques de pago diferido a 20/30 puntos porcentuales anuales, por encima de las que ofrecen los bancos privados y se acortaron los plazos del cheque de pago diferido a descontar de 180 y hasta 360 días a 90 días como máximo. A su vez, el descubierto de cuenta corriente pasó a moverse en una banda de 85% - 99%, en acuerdos solicitados y no solicitados previamente, respectivamente. Costos claramente inviables para la mayoría de las pequeñas y medianas empresas.

Para tener una referencia histórica, desde 2003 hasta enero de 2014 se mantuvieron tasas constante y estable (18,85 % TNA), luego se compensaron la suba de tasa nominales con la aplicación de tasas específicas para fines productivos. Particularmente, la línea de inversión productiva permitía a las empresas tomar crédito barato si generaban trabajo y valor agregado. Sin embargo, con la desregulación bancaria y financiera iniciada en diciembre del 2015, todas las regulaciones que obligaban a dar crédito barato para inversión productiva, principalmente a pymes, fueron cayendo. Hoy la tasa del BNA se fija en relación a la tasa BADLAR (bancos privados) más un spread, es decir de manera variable, sin diferenciar actividades prioritarias, ni dar tasas fijas, ni proteger a las pequeñas y medianas empresas. La lógica de supuesto “trato igualitario”, solo amplía las dificultades de las pymes, quienes son las mayor generadoras de empleo en nuestro país.

Por otro lado, la disminución de la capacidad prestable tiene tres fuertes componentes: el giro de utilidades al tesoro nacional (aportes ordinarios según la Carta Orgánica del BNA), el cambio en la política de encajes del BCRA, y la limitación en el uso de los depósitos del Tesoro Nacional. Estas tres medidas tiene un objetivo claro: continuar con la línea Sandleris-Lagarde de secar la plaza, de crecimiento cero de la masa monetaria, supuestamente para controlar la inflación.

En concreto, en el presupuesto 2018, se determinó la reducción del patrimonio del BNA en 20.000 millones de pesos y también estableció girar las utilidades con un tope del 20%. Pero además, el presupuesto de 2019 refuerza la transferencia del BNA al tesoro en 15.000 millones de pesos. Esta política, de definancimiento y decapitalización de la instutición no sería tan grave si el BNA contase con un importante stock de liqudez y estuviese colocando créditos en el mercado.

Los otros dos puntos (aumento de los encajes los fijados por el Banco Central y la imposibilidad de utilizar como activo la acreditación de los fondos que posee el Tesoro producto de los prestamos del FMI) ponen al BNA en una situación de vulnerabilidad. El encaje, es el porcentaje del total de depósitos que cualquier Banco debe inmovilizar, en garantía de la devolución de esa misma masa a sus ahorristas. Resulta evidente que, a mayor nivel de encajes, menor es la cantidad de pesos que los Bancos pueden volcar a la economía vía financiamiento. Evitando que se tomen créditos se reduce la cantidad de pesos en circulación y baja entonces la demanda de dólares. Pero el efecto es el abandono casi total de una banca pública cuyo objetivo es el de apoyar a las medias y pequeñas empresas nacionales, a los productores agropecuarios y las cooperativas a producir y dar trabajo.

Es en este contexto, que el actual presidente del banco, González Fraga, marca que la entidad está atravesando un stress de liquidez no provocado por retiro de depósitos o exceso de préstamo, sino en una alineación con la política monetaria nacional de restringir la oferta de dinero. La solución, según declara, radica en acotar y disminuir el uso de fondos públicos en tanto depósitos y consecuentemente vaticina dos años para adecuar el ajuste de carteras. Cabe agregar que Fraga no indica reducir los riesgos o indagar sobre la calidad de los activos para afrontar el cómo el stress de liquidez.

Hoy, como en los 90, la defensa irrestricta del Banco Nación vuelva al centro de la agenda política. El neoliberalismo y el capitalismo financiero internacional no comprende de la existencia de bancos públicos nacionales, y pretende justificar su privatización o liquidación. Sin embargo, no existe país desarrollado que haya llegado a serlo sin una estrategia clara de financiamiento para el desarrollo. La banca pública nacional debe tener funciones de crecimiento y desarrollo. Por eso, defender al Nación, es defender la Nación.

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