El imponente acto convocado por el Frente Sindicalpara el Modelo Nacional en la explanada frente a la Basílica de Luján marcó sin duda el inicio de una convergencia de los movimientos sindicales, sociales y políticos de franca oposición al Gobierno y su programa. El impacto del evento fue lo suficientemente relevante para que los voceros oficiales y oficiosos denostaran a sus participantes, pero en especial a la Iglesia católica y al Papa Francisco por haberlo articulado. Se corporizaba el país agredido por el modelo primario-financiero que intenta consolidar Cambiemos.

El recorrido virtuoso que espera transitar el Gobierno para recuperar la confianza de los mercados y la oferta privada de dólares, descripto desde esta columna, requería la media sanción del Presupuesto en la Cámara de Diputados y la aprobación del Memorando de entendimiento en el Directorio del FMI. La aparición de un cuestionamiento frontal a sus políticas de la magnitud del producido en Luján, en las vísperas de la consecución de las imprescindibles “señales a los mercados” obraba como un disruptivo potente.

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La media sanción del Presupuesto en la Cámara de Diputados alcanzada el miércoles fue presentada como un respaldo político al severo ajuste fiscal exigido por el organismo multilateral como requisito para su financiamiento. A la vez el voto favorable en el Directorio del FMI al crédito condicionado al cumplimiento del programa fiscal y monetario, obtenido el viernes, significó el apoyo internacional que alejaba el peligro de “default” de la voluminosa deuda soberana. El país primario-financiero se irguió en la semana mostrando consenso interno y exterior frente al desafío lanzado en Luján. Y ese país de ricos para ricos ansia dar el remate final a una semana que trajinó en búsqueda de consenso y legitimidad, esgrimiendo como propio el triunfo de Jair Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil, si es que este ocurriera tal como lo pronostican las encuestas.

Ahora bien, los objetivos alcanzados no sólo son muy costosos en términos de acumulación de poder en una democracia, sino que además todavía no es claro que arrojen los resultados esperados.

En cuanto a los costos pagados por Cambiemos es necesario hacer el siguiente repaso:

  • El Congreso debió sesionar una vez más vallado y en los alrededores se volvió a desatar una represión con detenciones propias de un estado de sitio no declarado. Al interior del recinto la constitución del quórum para sesionar y la votación positiva distó de otras mayorías alcanzadas, y son menguantes en exceso para un Gobierno que hace apenas un año triunfó en una elección legislativa.
  • Las metas fiscales del Presupuesto votado son incumplibles, no sólo por su inviabilidad político-social, sino por la inconsistencia de los supuestos macroeconómicos con que se diseñaron. El consumo privado será -1,6%, el consumo público -3.4%, la inversión -9,7% y las exportaciones compensarán esas caídas subiendo el 20,9%, en marco de un comercio global estancado y con guerra comercial entre las dos principales economías del mundo. Sin duda la actividad se desplomará en el 2019 y la recaudación acompañará ese derrumbe ampliando el déficit pronosticado.
  • En la relación federal Nación-Provincias, el Presupuesto ha abierto una grieta al interior de Cambiemos. La Provincia de Buenos Aires es la principal perjudicada de los acuerdos porque ve recortados sus recursos en términos de lo que significa el cese de la coparticipación del Fondo Sojero, el angostamiento de la recaudación del Impuesto a los Ingresos Brutos por imperio del cumplimiento del Pacto Fiscal, el abultamiento de la deuda pública a consecuencia de la devaluación y las transferencias de servicios públicos sin compensación definida. El difundido conflicto Macri-Vidal radica en la quiebra fiscal que este Presupuesto le provoca a la Provincia de Buenos Aires, cuyos efectos aún no han comenzado a producirse.
  • El acuerdo aprobado por el FMI, aumentado el monto original y acelerando el cronograma de desembolsos es insuficiente para cubrir la demanda de dólares que tiene hoy el sector externo, producto de las políticas de apertura comercial y desregulación cambiaria y financiera. Es más, ni siquiera aseguran el programa financiero del año próximo. La incertidumbre cambiaria y la tasa de interés elevada proseguirán en un contexto fuertemente recesivo.

Nada de lo ocurrido garantiza la recomposición de la oferta privada de divisas, ya sea por un flujo de inversiones o simplemente regresando al mercado financiero interno. A pesar, que el Gobierno quemó toda la carne en el asador esta última semana.

La Alianza Cambiemos ha expresado una singular debilidad política en la consecución de los objetivos que consideró centrales para su programa de gobierno. Luján reveló una fortaleza y una dinámica no presente hasta ahora en la oposición, es imprescindible vertebrar aceleradamente la propuesta política, sino, como decían en mi barrio: “nos seguirá haciendo el amor un impotente”.