Abel Pintos sorprendió al Cosquín Rock en su debut con una explosiva versión

El reconocido artista de folklore participó por primera vez en Cosquín Rock y sorprendió con la versión del "pogo más grande del mundo".

15 de febrero, 2026 | 21.50

En una edición histórica que celebra los 25 años del festival más federal del país, el Cosquín Rock 2026 guardaba una carta bajo la manga que pocos se animaron a vaticinar. El Aeródromo de Santa María de Punilla, acostumbrado a las botas de cuero y las remeras de bandas de culto, fue testigo de un cruce generacional y estilístico que quedará grabado en las retinas de las miles de personas presentes: el desembarco del ídolo del folklore Abel Pintos en el templo del rock nacional.

Lejos de la zona de confort que le brindan los festivales de folklore, el bahiense se subió al escenario para demostrar que la música popular no sabe de etiquetas ni fronteras. Sin embargo, el clímax de la jornada no llegó con una balada, sino con un estallido de distorsión. Invitado por Ale Kurz de El Bordo, Pintos se cargó al hombro la responsabilidad de interpretar el "himno de los himnos": Ji Ji Ji.

El pogo más grande del mundo (versión Abel)

Apenas sonaron los primeros acordes del clásico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la incredulidad del público se transformó en un rugido unísono. Abel, con una energía que desbordó el escenario, no solo estuvo a la altura de la épica ricotera, sino que le imprimió su propia impronta vocal a un solo de saxo inmortalizado por Sergio Dawi, ahora convertido en una marea de saltos y polvo.

"Con esta canción es infalible que suceda", lanzó un Abel visiblemente emocionado tras desatar el pogo masivo que hizo temblar el Valle de Punilla.

La participación del cantante también incluyó una potente colaboración con Eruca Sativa, reafirmando su versatilidad y el respeto que le tienen sus pares del palo rockero. En un contexto donde la cultura nacional resiste los embates del ajuste y el desprecio oficial, ver a un artista de la magnitud de Pintos abrazando la identidad del rock local es un mensaje político en sí mismo: la unión de los géneros como refugio.