Alicia Zorrilla: "Aunque parezca una utopía, se puede enseñar a hablar y a escribir bien"

31 de octubre, 2022 | 14.17

(Por Eva Marabotto) Con bastante humor y un gran espíritu crítico Alicia María Zorrilla retoma su lucha contra la incorrección lingüística a partir de “¡¿Por las dudas…?!”, una recopilación de las dudas y los errores más frecuentes que se cometen en el uso de la lengua.

El volumen publicado por Libros del Zorzal retoma el camino que Zorrilla, doctora en Letras, miembro de número y presidenta de la Academia Argentina de Letras, inició en el reciente “Sueltos de lengua”, pero también en el “Dudario: un diccionario de consultas de la lengua española”.

El título se escribe “con signos de exclamación y de interrogación al mismo tiempo, para expresar enfáticamente que lo escribimos 'por las dudas' que nos acosan día a día cuando usamos nuestra lengua”, explica la autora y luego inventaría los temas que aborda: la transgresión del significado de las palabras, la puntuación, los gerundios, los desdoblamientos léxicos, los tiempos verbales, los desaciertos gramaticales, los géneros femenino y masculino.

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A continuación la charla que la docente e investigadora mantuvo con Télam en la que se lamentó porque algunos hablantes no se sientan afligidos por sus dudas en torno del idioma “ya que, vacíos de cultura idiomática, viven anclados en el oscuro desinterés que genera sus graves errores lingüísticos”.

-Télam: En su libro menciona errores de los medios, la publicidad y el ámbito judicial. ¿Esas profesiones completan el podio de las más transgresoras o son las que ven documentados sus errores?

-Alicia Zorrilla: Los errores tienen sus seguidores en todos los ámbitos profesionales, pero, muy especialmente, en los medios y en los textos jurídicos. En los primeros, se repiten expresiones como “en relación a“ (por “en relación con”), “en base a” (por “sobre la base de”), “al interior de” (por “en el interior de”), “previo a” (por “antes de”), “temas a analizar” (por “temas que analizar, temas por analizar, temas para analizar”), “¿Me comparte ese chocolate?” (por “¿Comparte conmigo ese chocolate?”), “¿Nos colabora con la entrega de diplomas?” (por “¿Colabora con nosotros en la entrega de diplomas?”), “la primer generación” (por “la primera generación”); “ese arma” (por “esa arma”), “querramos” (por “queramos”); se altera la correlación de los tiempos verbales, se suprimen preposiciones, se abusa de la voz pasiva, etcétera. En los textos jurídicos, el damnificado es, sobre todo, el gerundio, que significa, generalmente, posterioridad, consecuencia o efecto ("El abogado empezó a hablar interrumpiéndolo el juez” cuando lo correcto es “… y lo interrumpió el juez”) y alude a una situación posterior a la que expresa el predicado principal.

- T.:¿Se puede enseñar a hablar y a escribir bien? El humor, ¿es una herramienta?

-A.Z.: Sí, aunque parezca una utopía, se puede enseñar a hablar y a escribir bien. Lo importante es aprender a querer las palabras, aconsejar la lectura de buenos escritores y tener la humildad de reconocer los errores para enmendarlos. Detrás de cada error hay una persona, y, cuando esa persona escribe mal o habla peor, se convierte en espectáculo para las demás. Dice el escritor estadounidense Ezra Pound que los buenos escritores conservan la eficacia del lenguaje, es decir, lo mantienen preciso, claro. Para analizar los yerros, el humor es una gran herramienta. Después de reír, los hablantes no olvidan más la corrección. El error y la risa logran una sociedad benéfica, casi terapéutica, cuando conciencian a los hablantes sobre la dimensión de las dudas que padecen, y aquellos recurren, entonces, al auxilio de las normas lingüísticas.

- T.: Aunque no se pronuncia específicamente sobre el uso del lenguaje inclusivo, deja constancia de la falta grave que supone querer ponerle género a adverbios y verbos.

-A.Z.: Me pronuncio contra la distorsión de nuestra lengua, que desea imponer un grupo minoritario por razones sociopolíticas sin tener en cuenta el sistema gramatical del español. Por ponerles la “e” a todas las palabras, hasta se la ponen a verbos y a adverbios, que carecen de género (Nosotres te queremes muche). Así no se condena la invisibilidad de la mujer. Así no se logra que la sociedad cambie. Al contrario, ese cambio se logrará hablando claramente y con respeto.

Sin palabras no somos; con palabras mal dichas, mal escritas o mal relacionadas en la oración no nos comunicamos bien. Todos tenemos libertad para hablar, pero la obligación de que nos entiendan. El llamado masculino genérico o masculino gramatical no solo contiene el género masculino y el género femenino (“Los ciudadanos deben cumplir con sus obligaciones”), sino también a todos los seres humanos, sea cual fuere su inclinación sexual (lesbianas, homosexuales, heterosexuales, bisexuales, intersexuales, transexuales, queers). Por eso, prefiero llamarlo 'masculino inclusivo'. Sin duda, no significa predominio social del hombre ni invisibilidad de la mujer. Si decimos la “Cámara de Diputados”, nos referimos a todos los que la conforman. Nadie pensará que solo los hombres están presentes. Por eso, tengo la convicción de que una lengua que interrelaciona nunca excluye.

- T.: Muchos de los ejemplos surgen de los “noticiarios”. La lengua oral, ¿es más proclive a los yerros?

-A.Z.: Sin duda, en la oralidad se cometen más errores, pues se supone que, en el acto de la escritura, tratamos de cuidar más la sintaxis, pensamos mejor lo que escribimos, consultamos libros cuando dudamos. Los noticiarios constituyen una fuente de errores, pero no es la única. Un diálogo oído en la calle puede sorprendernos.

- T-: El título mismo enfoca el uso de la puntuación, una de las fuentes de error más frecuentes…

-A.Z: ”¡¿Por las dudas…?!” nos enseña que esa mezcla de signos es posible y correcta para interrogar enfatizando la expresión, incluso con el agregado de los puntos suspensivos para que cada lector lo complete. Lo importante es abrir y cerrar el sintagma con el mismo signo. Por lo tanto, también podría haber sido ¿¡Por las dudas…!? Es un recurso espléndido en otros contextos: '¡¿Qué me compraste?!' ;'¿¡Tenías que gastar así!?'.

El español es el único idioma que posee un signo de interrogación o de exclamación de apertura y otro de cierre. La costumbre de colocar uno solo al final de la oración se considera un extranjerismo. El uso de las reglas de puntuación preocupa al que escribe, sobre todo, el uso de la coma, ya que si se coloca mal o se omite, puede tergiversar el significado de la oración; por eso, le dediqué un capítulo especial: “La coma, en coma”.

-T.: Otro de los capítulos enfoca el empobrecimiento léxico a partir del uso de verbos de apoyo. ¿Hay una tendencia creciente de este fenómeno en las generaciones más jóvenes?

-A.Z.: No sé si creciente, pero la tendencia existe desde hace mucho en jóvenes y en adultos. Es cómodo usar estas “muletas verbales”: “dar abrazos” (por “abrazar”), “hacer alusión” (por “aludir”), “poner objeciones” (por “objetar”), “realizar una visita” (por “visitar”), “tener admiración” (por “admirar”), “tomar cariño” (por “encariñarse”).

Nos apoyamos en ellas como en bastones para suplir nuestra renquera léxica. No podemos tachar de incorrectos esos “apoyos”, pero su abuso lentifica la expresión. A pesar de eso, debe cuidarse que el reemplazo con una sola forma verbal no cambie el significado de lo que escribimos.

-T.: Usted había encarado una defensa del idioma en “Sueltos de lengua”. Esta nueva obra, ¿es una segunda cruzada en ese mismo sentido?

-A.Z.: Después de aquél libro los lectores comenzaron a preguntarme cuándo saldría "Sueltos de lengua 2". Me dijeron que se habían dado cuenta de que la risa fijaba las reglas. Entonces, con gran entusiasmo, decidí emprender 'la segunda cruzada' , como usted dice, pues estoy convencida de que la gramática normativa puede enseñarse con humor. Del análisis del error surge el humor; luego, la norma.

- T.: ¿Cuánta influencia de la pandemia hay en cuanto a la temática como a la oportunidad del libro?

-A.Z.: La reclusión a que nos obligó la pandemia no doblegó mi voluntad de escribir. Cada día lo hacía con alegría y con vocación de servicio, pues sabía que algunas personas estaban esperando este nuevo libro para aprender más y mejor. Además, al dialogar con las distintas palabras, sentía que conquistaba un mundo nuevo que deseaba comunicar. Creo que los lectores han comprendido eso. La pandemia, tema de todos los noticiarios, aportó vocabulario y, por supuesto, equivocaciones que rayaban en el absurdo (Por ejemplo, la frase “La pospandemia será con los que están con vida”), pero también fue un llamado a la reflexión lingüística. Con este nuevo libro, deseo que los lectores “reflexionen” sobre lo que dicen y acerca de lo que escriben. Cada palabra debe pensarse.

Con información de Télam

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