Las políticas que anunciaba en campaña la Alianza Cambiemos anticipaban mucho de lo sucedido en estos años de gobierno, más allá de las promesas electorales hoy incumplidas de paz social, diálogo fluido con la oposición, no interferencia en la labor de la Justicia, respeto de la libertad sindical, de expresión y de prensa.

El pensamiento neoliberal que definía su ideología implicaba, necesariamente, el despliegue de una serie de medidas de ajuste (fiscal, tarifario, laboral y previsional) que generarían un creciente malestar popular y las consiguientes prácticas represivas de toda manifestación de disconformidad.

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Eran predicciones que se expresaron en el año 2015 por muchos referentes políticos, pero la vertiginosidad de su implementación tanto como la dimensión que han alcanzado sus perniciosos efectos, sumado a la impudicia con la cual se miente recurrentemente a la población, ha superado largamente lo entonces imaginado.

La grieta

La declamada pacificación nacional que decían propiciar para unir a los argentinos, prescindiendo de las históricas diferencias entre modelos de país claramente antagónicos, no exhibe correspondencia alguna con las prácticas antidemocráticas y autocráticas que caracterizan al Gobierno nacional.

La diversidad como la ausencia de consensos en muchos aspectos de la vida comunitaria, es inherente a toda sociedad plural que se precie de tal.

Pero la exacerbación de las diferencias, la intolerancia con lo diferente y la obturación de toda canal institucional para expresar las divergencias, sólo pueden llevar a ahondar los desencuentros y a producir enfrentamientos que nos distancien cada día más de una razonable paz social.

Sin embargo, no deben sorprendernos semejantes incongruencias, que son sólo aparentes.

Lo cierto es que el rumbo tomado por Macri muestra la verdadera cara del Cambio, que denota una absoluta coherencia con los fines perseguidos por quienes siempre estuvieron de un lado de la grieta.

Aliados a los intereses antinacionales, conscientes de las consecuencias gravosas para las mayorías y de ser funcionales para fortalecer una dependencia que nos aleje de toda identidad soberana.

El enrejado de la Plaza de Mayo, justamente en este mes tan relevante para nuestra historia patria, es por demás emblemático en el sentido antes señalado

Sin duda también es expresión del cambio, en la búsqueda de despojarnos de toda manifestación popular y nacional.

Augurios que no se cumplen

Son innumerables los pronósticos formulados desde diciembre de 2015 por el Presidente y sus Ministros que no se han concretado.

Que si bien evidencian una clara hipocresía, demuestran también un alto grado de improvisación, desintelilgencias e impericia de los responsables de áreas sensibles del Estado.

El control de la inflación, las inversiones que llegarían una vez que nos reinsertáramos –de rodillas- en el mundo, el equilibrio de la balanza comercial, la contención del dólar sin impacto alguno en la formación de precios internos, el impulso a las PyMEs con la consecuente generación de empleo, el resarcimiento de la deuda con los jubilados y la yapa del 82% móvil.

Se trata sólo de unos pocos ejemplos en el campo económico, que encuentran otros muchos en lo social y cultural.

Un futuro para pocos

El porvenir no puede pretenderse distinto a lo hasta hoy registrado, en tanto se mantenga una política en favor de los ricos para que acrecienten sus fortunas, de los especuladores para que fuguen sus ganancias y de sometimiento a los mandatos de los organismos financieros internacionales.

Un país que expulsa a los científicos que ha formado, que renuncia a un desarrollo industrial imprescindible para lograr un crecimiento sostenible, que favorece la precarización y deslaboralización del trabajo. Esto también es el cambio.

Es el modelo neocolonial que nos proponen los vecinos de enfrente de la grieta, para unos pocos, muchos menos de lo que creen algunos que confían en que para ellos se tenderán puentes meritocráticos que los salvará de la exclusión.

La Argentina subterránea

El cerco mediático comienza a ceder y cada vez son más los que se percatan de lo falaz de un discurso pobre, en palabras tanto como en gestos y piruetas de torpes malabaristas que niegan lo evidente, lo que vemos y padecemos a diario.

Plantear la pesada herencia, las turbulencias externas y un pretendido honesto deseo de alcanzar las metas gradualmente, como excusa que explique una crisis que no existía al comienzo de este gobierno y con la que se quiere legitimar nuevos ajustes –impuestos y monitoreados por el FMI- que harán más crítica la situación del pueblo, no tiene visos de prender en el imaginario social.

Han aumentado los conflictos sociales, pero a la par mejoraron los niveles de organización y se multiplicaron las expresiones de una voluntad de unidad tanto en el campo político como gremial y sectorial de los perdedores de este Modelo de cambio.

En esta semana fueron claras muestras de ello la solidaridad de todo el arco sindical con motivo de la brutal –e injustificable- represión a los trabajadores del subte, como la respuesta a la convocatoria al Obelisco el 25 de mayo que concitó la presencia de más de un millón de personas para defender a la Patria en peligro.

Supo interpretar Raúl Scalabrini Ortiz aquel 17 de Octubre como el subsuelo de la Patria sublevada, pero también nos advirtió: no olvidemos que toda obra grande es producto de la acción, no de la meditación ni de la esperanza.

Existe una Argentina subterránea tributaria de tradiciones de luchas incansables en defensa de nuestra independencia, soberanía y justicia social.

Va asomando entre la hojarasca de los amanuenses de las Corporaciones, pero más temprano que tarde se abrirá camino y ya en la superficie arrasará con todo lo que se oponga a la grandeza de la Nación y a la felicidad del Pueblo.

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