Desde esta columna afirmamos que Cristina en la presentación de su libro “Sinceramente” había planteado dos ejes centrales de un futuro gobierno afirmados en un amplio consenso político: el Pacto Socialimprescindible para ordenar las variables económicas desmadradas por Cambiemos y reinstalar a la Nación en un sendero de crecimiento acordado y sustentable, y el Contrato Social que garantice un piso de derechos ciudadanos universales, lo que en la práctica significa recrear un Estado de Bienestar que brinde salud, educación, cultura y acceso a alimentos y energía como bienes básicos.

La instalación de la fórmula presidencial Alberto Fernández-Cristina Fernández acaba de dar carnadura política a esos planteos. Alberto Fernández es un hombre de probada capacidad de gestión como Jefe de Gabinete en el Gobierno de Néstor Kirchner -que tuvo a su cargo rescatar a la Argentina de la crisis del 2001- y a la vez retirado y crítico de nuestro gobierno en una etapa posterior. El objetivo de Cristina al construir esta fórmula presidencial es reunir estas visiones expertas y diversas, pero comúnmente enfrentadas al modelo oligárquico-conservador que está asolando a la Nación.

Cristina es la primera en comprender cabalmente tanto las amenazas que el contexto regional le presenta a la democracia argentina como también la necesidad de superar el péndulo de expansión y quiebre de la economía con el correlato de millones de argentinos y argentinas excluidos del bienestar. Esos desafíos sólo pueden ser afrontados con la convergencia de todos los sectores políticos, empresariales, sindicales y sociales que construyen el país a diario y el respeto a la diversidad de pensamiento dentro de ese arco es clave para dicha convergencia.

Las elecciones a gobernador fueron el primer ensayo de convocatoria amplia y los resultados han sido contundentes: los candidatos del “modelo amarillo” se desmoronaron en todas las jurisdicciones frente a alternativas diversas. Ahora la fórmula presidencial corona ese recorrido y plantea la unidad en torno a consensos sobre el interés nacional: producción-consumo-inversión-derechos sociales.

Cristina ha mirado, como estadista que es, más allá de la elección de octubre, porque no sólo afirma el triunfo en los comicios, sino que crea a la vez condiciones objetivas para superar, ya en el Gobierno, el estado de postración en que el gobierno de Macri deja a la Argentina. Y lo hace resignando su candidatura presidencial para acompañar a un hombre con el que ha tenido encuentros y desencuentros, enviando a todos los actores políticos un mensaje de conciliación y humildad que es el que se necesita en esta hora difícil.

Esperemos que sea comprendido e imitado para recorrer esta nueva etapa histórica.

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