Un grupo de medios que responden a Mauricio Macri acusaron a El Destape de hacer "terrorismo mediático" por informar que el Banco Central permitió que las entidades financieras coloquen en la timba de las Leliq el 100% de sus depósitos (restadas las obligaciones). La medida del Ejecutivo sólo puede interpretarse como una decisión política desesperada que pone en riesgo al sistema sólo para intentar contener el dólar y permitirle al gobierno naufragar hasta las elecciones. Pero para el oficialismo, el peligro se constituyó al comunicarlo afuera de las grandes corporaciones, que habían sacado una lectura similar.

El jueves pasado, la autoridad monetaria flexibilizó por completo su regulación sobre los fondos que los bancos destinan a las Letras que imprime Guido Sandleris, que son $ 200.000 millones cada día, lo que totaliza una bola de nieve de casi $ 1 billón.

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La comunicación A 6661 del Central incrementa el máximo que puede timbearse en Letras del 65% a la totalidad, lo que habilita un crecimiento exponencial de esa masa de dinero latente. Una bomba de tiempo que sólo se mantiene por las altísimas tasas y que, si las financieras deciden dejar de renovar, explicaría la cantidad de billetes en circulación. El impacto que esto tendría sobre los precios resulta incuantificable.

Pero además de su potencial hiperinflacionario, aumenta la posibilidad de que los bancos no puedan responder ante extracciones de ahorristas y empresas que sean mayores a los habituales. No requiere de una imaginación fantasiosa plantear la posibilidad de una nueva desestabilización hasta las elecciones.

La Argentina administrada por Macri contiene hartos ejemplos de 'shocks' que golpearon a la economía y la dejaron en el piso. El famoso “pasaron cosas” o la “tormenta” son meros casos de ventiscas que tiran abajo todos los indicadores por la increíble fragilidad del modelo que armó el PRO. Esto no se trata de un secreto oculto, sino la versión que circuló en importantes empresas ese mismo día.

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El modelo de Macri consiste en concentrar riqueza en los sojeros, las energéticas y las financieras, y luego girarla al exterior. Desde que la alianza llegó a la Casa Rosada, se fueron del país U$S 140.000 millones, de los cuales U$S 66.000 millones fueron por fuga de capitales. Para hacerlo, aumentó la inflación, la pobreza y hundió a la economía, mientras que la industria quedó en terapia intensiva.

Pero al mismo tiempo, Macri necesita aliviar las presiones cambiarias de los pequeños ahorristas. En esa línea va la medida del BCRA, que le regala millones de ganancias extraordinarias a los bancos, con tal de que aumenten el interés de los plazos fijos. Todo sin importarle dejar a la economía en la cornisa, altamente sensible a un nuevo movimiento exógeno.

Informar las consecuencias de las políticas del Gobierno en la economía no implica hacer terrorismo mediático. Ese trabajo lo ejercen quienes esconden esta realidad de las mayorías desprotegidas y se lo reservan a las grandes corporaciones, que siempre son las primeras en enterarse.