El INDEC confirmó que Mauricio Macri consiguió lo que pocos en democracia: destruir la economía sin una crisis internacional que lo justifique. El año pasado se coronará como el peor desde el crack de 2009 y la proyección es también de recesión para el corriente. Ante esto, el Gobierno cierra filas con las multinacionales y las habilita a despidos masivos para facilitarles una rápida reducción de los costos.

El pasado fue el peor año desde la crisis mundial, que en el país impactó hace una década. La actividad económica se redujo 2,6%, lo que adelanta un aproximado de cuánto será la recesión oficial.

Esto se dio en un contexto en el que las empresas utilizaron en diciembre el 56,6% de su capacidad instalada, el menor desde 2002. Uno de los datos más preocupantes fue el de la producción de alimentos y bebidas, que usó sólo el 58,9% de la fábrica. La inflación descontrolada hizo derrumbar el consumo al punto en que alcanzó al rubro más sensible de todos.

Es que en 2018 los salarios se incrementaron en promedio sólo 29,7%, es decir casi 18 puntos porcentuales menos que la inflación, ambas cifras del organismo oficial. Ante esto, Coca Cola FEMSA tramitó el procedimiento preventivo de crisis para iniciar con despidos masivos.

Al caer la compra de comida, también se derrumbó el del resto de los artículos, principalmente los textiles (donde las industrias trabajaron al 32,3%) y la automotriz (con un 25,6% de uso de la capacidad instalada), lo que incluyó paradas técnicas en algunas plantas productivas. Esta fue la situación que derivó en el anuncio del jueves de Peugeut de la suspensión de los 1.000 trabajadores de su planta de El Palomar.

La reacción del Gobierno ante estos anuncios de despidos se mantiene firme detrás de las multinacionales. La ahora Secretaría de Trabajo elige avalar las desvinculaciones en lugar de exigirle a estos gigantes que mantengan su planta o facilitarle ideas para mejorar las ventas en lugar de recortar gastos, como sueldos.

Es que el mayor desempleo y la pérdida de empleo favorecen el objetivo de Macri de reducir eventualmente la inflación, que no logra acotar. La única estrategia que implementa el PRO consiste en reducir la capacidad de compra de los hogares para que demanden menos productos y, así plantean, se congelen las subas.

Esta visión omite el control del mercado que ejercen las grandes empresas y los oligopolios (o monopolios) que caracterizan a la mayoría de los sectores que puja por aumentos. También deja de lado uno de los disparadores principales: los constantes tarifazos que elevan los costos de todos los rubros.

Así se explica que los economistas que rodean a Macri no hayan podido frenar la inflación en 2018, sino que hayan generado el efecto contrario. Esto no hace que se rindan y que abandonen su planteo primitivo. Por eso mantienen su apoyo a las corporaciones, con la esperanza de algún día alcanzar lo que sólo sucede en los manuales de economía neoclásica.

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