La frase que titula esta nota fue la respuesta que le dio el presidente Macri a la pregunta del escritor Mario Vargas Llosa, referida a cómo proyectaba su nuevo gobierno en caso de ser reelecto. Sin duda, este planteo, que había sido exteriorizado previamente aunque no de modo tan preciso, es conocido por los agentes económicos, que aceleran la cobertura de sus activos ante ese proyecto.

Decíamos en la columna anterior que marzo había significado una ruptura respecto de la calma veraniega. Este mes está cerrando con una caída de las reservas internacionales del Banco Central próxima a los U$S 1.100 millones, una devaluación del tipo de cambio mayorista superior 10% y una tasa de rendimiento de los instrumentos financieros que emite el BCRA (LeLiq) en torno al 67% nominal anual, a lo que se agrega un riesgo país que volvió a superar los 750 puntos y una proyección de inflación anual del 45%.

Cuando a un equipo económico se le escapan las tres variables que debe mantener bajo control para asegurar un funcionamiento adecuado de la economía (precios, dólar y tasa de interés) se está ante un fracaso del diseño de política macroeconómica. En este caso, nos referimos concretamente al mazazo monetario y fiscal que el gobierno viene aplicando desde hace seis meses y que no sólo no pudo estabilizar las variables mencionadas, sino que hizo colapsar a la economía real.

Con la producción y el consumo hundidos y las tres variables claves subiendo sin freno, nadie sabe cómo sigue esta película. Esta semana el Banco Centralha emitido una resolución (Comunicación “A” 6661) que les permite a los bancos comprometer todo su patrimonio y/o la capacidad de préstamo de los depósitos en pesos, hasta alcanzar el mayor de los dos topes, en la compra de las letras de liquidez del ente rector. Se induce al sistema financiero a colocar toda la liquidez disponible en LeLiq, de modo tal que no haya pesos capaces de demandar dólares.

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Esta decisión temeraria -ya que compromete la cadena de pagos de la economía real y, a la vez, la solvencia y la liquidez del sistema bancario- responde a la incapacidad para reconocer el fracaso del plan de estabilización aplicado e intentar modificarlo. La tasa de interés ha dejado de ser un precio atractivo para que los agentes económicos mantengan sus excedentes en pesos. Por eso, se avanza en impulsar a los bancos a que traten de capturar todo peso circulante y lo encapsulen comprando LeLiq. Todo peso que camina va a parar a las Letras de Liquidez.

Esta decisión va a acelerar y profundizar la recesión imperante debido a que prácticamente desarticula el capital de trabajo de las pequeñas y medianas empresas. Las PyMe tienen que afrontar pagos dentro de los 30 días con cobros que ocurren dentro de los 120 días. La falta de pesos en la calle es un golpe muy duro al delicado calce entre cobros y pagos que tiene la mayoría de las unidades de negocios, con el agravante de que la política de absorción monetaria del BCRA termina de desplazar al poco crédito disponible para el sector privado. Si a la incertidumbre financiera se le agrega la falta de un horizonte de precios, cualquier empresa se debatirá entre vender stock para hacerse de pesos, sin saber si luego lo repone, o intentar financiarlo, sin fuentes disponibles para hacerlo.

El primer desembolsó del FMI por U$S 15.000 millones se esfumó en desarmar la “bomba” de LEBAC. Ahora pretenden emplear un ahorro de casi U$S 10.000 millones en desarmar la nueva “bomba”: las LeLiq,

Desde el costado de los ahorristas, el hecho de que los bancos apliquen toda la capacidad de préstamo proveniente de los depósitos en comprar LeLiq a tasas elevadísimas y de muy corto plazo arroja severas dudas sobre la viabilidad de un esquema de intermediación entre ahorro y colocaciones de semejante magnitud. Los riesgos de un cambio compulsivo de las letras emitidas por el BCRA, alargando plazos y bajando rendimiento, aumentan proporcionalmente a la inestabilidad macroeconómica, con la consecuente incertidumbre para los depositantes.

Si el equipo económico apunta a estabilizar las variables a partir de la decisión de restringir al máximo la circulación de pesos en la economía sólo va a obtener como respuesta una ruptura de la cadena de pagos y una enorme inseguridad de los tenedores de depósitos a plazo fijo en pesos.

Dujovne y Sandleris debieran comunicar a la población cuáles van a ser los resultados inmediatos de estas decisiones y dejar de lado frases vacías y/o agresivas que buscan responsabilizar a los demás del fracaso de su gestión. El primer desembolsó del FMI por U$S 15.000 millones se esfumó en desarmar la “bomba” de letras del Banco Central (LeBaC), los instrumentos antecesores de las actuales LeLiq. Ahora pretenden emplear un ahorro de casi U$S 10.000 millones en desarmar la nueva “bomba” financiera que son las LeLiq, que en escasos seis meses acumulan un stock de $1,05 millones.

En este frenesí financiero se están esfumando los U$S 28.200 millones ya desembolsados, los cuales representan la mitad del total del acuerdo. A pesar de haber recibido un apoyo internacional inédito por parte del FMI y las potencias que deciden en el organismo multilateral -teniendo en cuenta que el monto acordado equivale a dos veces y media la cuota que le hubiera correspondido a la Argentina como país miembro de dicho ente- no han conseguido estabilizar la economía.

La política de frenar la suba del dólar con una recesión profunda, comentado también desde esta columna, ha sido un recurrente fracaso. Nunca un ajuste interno cerró un desequilibrio externo. Sólo basta recordar que, en 1995, durante la denominada “Crisis Tequila” se decidió sostener la Convertibilidad, aguantando la paridad uno a uno mediante el retiro de un tercio de la base monetaria, la Argentina soportó cuatro trimestres de profunda recesión y el desempleo abierto trepó al 18,6%, para no volver a un dígito hasta el año 2006.