Las marchas y contramarchas de la Corte Suprema con respecto a la causa de Vialidad que involucra a la expresidenta Cristina Kirchner agrietaron aún más la relación entre la mayoría cortesana y el Gobierno, que va a ensayar algunos gestos para esta semana. El clima entre los ministros y el presidente del cuerpo, Carlos Rosenkrantz, sigue tensándose.

Desde el año pasado, la Corte Suprema implementó un cronograma de fallos relevantes. De ese modo, se pone plazos en algunos temas y da previsibilidad. Las reuniones son, generalmente, los martes. El martes pasado no tenía asignada discusión relevante alguna en la agenda interna que circula entre vocalías y secretarías. Pero la hubo, tanto que la Corte quedó en el ojo de la tormenta. Fue por un oficio mínimo en el que le pedía al Tribunal Oral Federal (TOF) 2 el expediente relativo a la causa de viabilidad contra la expresidenta Cristina Kirchner.

En el acuerdo, que suele ser por la mañana hasta entrado el mediodía, cuatro de los jueces, Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti, Juan Carlos Maqueda y Elena Highton de Nolasco, informaron que estaban decididos a hacer ese pedido para poder examinar los recursos que habían formulado los imputados en el juicio que está previsto que comience el martes en los tribunales de Comodoro Py. Según cuentan, le propusieron a Rosenkrantz que se sumara. El presidente supremo pidió tiempo para evaluarlo. Las horas pasaban y la respuesta no llegaba, y el enojo supremo iba escalando. Finalmente fue uno de sus secretarios letrados quien se comunicó con la secretaría penal de la Corte para decir que Rosenkrantz no estaba de acuerdo con la decisión de sus colegas. Por eso se publicó alrededor de las 7 de la tarde que la Corte enviaba un oficio al TOF 2.

En simultáneo, dicen, se enteraron de que la Casa Rosada ya estaba al tanto. Ahí empezaron a elucubrar que Rosenkrantz, el ministro más cercano al oficialismo, había dado la voz de alerta. No es la primera vez que lo acusan de pasar información al Gobierno. Dicen que la relación entre el presidente de la Corte y dos de sus colegas está finiquitada.

La Corte esperaba que el TOF 2 mandara los expedientes cuanto antes, pero pasó todo el miércoles sin novedades del tribunal que preside Jorge Gorini. Pese a que Comodoro Py ha tejido una relación de confianza y lealtad con la Corte, especialmente con el expresidente Lorenzetti, preocupa en los tribunales federales que el vértice del Poder Judicial empiece a revisar lo actuado durante los últimos años. Ése fue el mensaje que la Corte envió con claridad a los tribunales de Retiro y a la Casa Rosada en el punto 9 del comunicado – que de tan rápido que debieron sacarlo el jueves salió en versión borrador desnudando dudas y tensiones del cuarto piso del Palacio de Talcahuano: El juicio puede declararse nulo, como ya pasó en uno de los casos más emblemáticos de la historia judicial del país, el del atentado de la AMIA. En este caso, ante la falta de pericias sobre las 51 obras públicas que hacen a la acusación.

En el Gobierno, cuentan, les llegó ese mismo mensaje de parte de dos jueces que integran lo que ellos definen como la “mayoría peronista”. Leáse: Lorenzetti, Rosatti o Maqueda. Mientras tanto, los funcionarios de Mauricio Macri le cuidan las espaldas a Rosenkrantz. Dicen que no hubo tráfico de información, como sugieren sus colegas en la Corte. De hecho, se quejan que desde que Rosenkrantz destronó a Lorenzetti no ganan para disgustos – pese a que la salida expresidente supremo había sido festejada por la totalidad de la llamada mesa judicial de Cambiemos.

¿Por qué el repliegue?

Son varios los factores que confluyeron para que la Corte armara el comunicado en el que decía que no había aplazamiento del juicio contra Cristina y que iba a hacer copias y devolver la causa al tribunal – lo que se concretó el viernes antes del mediodía.

En primer lugar, el TOF 2 trató de evitar pagar el costo político y dejó a la Corte en la cuerda floja. En segundo lugar, el máximo tribunal volvió a estar todos los medios – repitiendo el mérito cosechado con el polémico fallo del 2x1 con el que le abría la puerta para la liberación anticipada de los represores de la última dictadura. En el Palacio, preocuparon algunas notas que dejaban ver que había información de inteligencia dando vueltas. En simultáneo, aparecieron datos personales de los ministros por las redes sociales. La Corte está sensibilizada con la información que viene arrojando la investigación en el juzgado de Dolores sobre la banda paraestatal de espionaje liderada por Marcelo D’Alessio, especialmente porque Rosenkranz y Rosatti aparecen nombrados como dos potenciales víctimas.

También es cierto que varios de los ministros viven en barrios acomodados de la Ciudad, justamente donde se escucharon las cacerolas el miércoles por la noche. Dicen que manejaban información que el Gobierno y sus aliados alentaban una movilización contra la Corte, que quisieron frenar con el comunicado. Por lo pronto, ya empezó a circular una convocatoria para el 21, alentada por integrantes del selecto Colegio de Abogados de la Ciudad, de buena sintonía con el macrismo. El Colegio de la calle Montevideo había invitado a Rosenkrantz a hablar con inversionistas en Nueva York, pero tuvo que rechazar el convite ante la molestia de sus colegas después de que El Destape informara sobre la conferencia.

Dos malas elecciones

En el Gobierno, todo es furia y pases de facturas internos con los dos jueces que postularon para la Corte, Rosenkrantz y Rosatti.

A Rosenkrantz lo acusan de no ahorrarles ningún dolor de cabeza. Pese a estar en la presidencia, sus colegas se las ingenian para mantenerlo aislado y no adelantarle demasiadas jugadas. Desde que reemplazó a Lorenzetti, tuvo varios encontronazos con su antecesor y a diferencia del rafaelino no mostró demasiada vocación por construir mayorías dentro del máximo tribunal.

Con Rosatti las diferencias son ideológicas. El gobierno lo considera dentro de la “mayoría peronista” junto a Maqueda y Lorenzetti. Y, al igual que a su coterráneo santafesino, lo ve como un titiritero que mueve hilos contrarios a los intereses del macrismo.

Mueve el Gobierno

El último lunes, el ministro de Justicia, Germán Garavano, se vio con los cinco ministros en el Palacio para recibir a los integrantes de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Salió sin información de lo que iba a suceder. Dicen que Rosenkrantz le reiteró el pedido para que la Jefatura de Gabinete autorizara la partida para conceder el aumento del 15 por ciento a partir de mayo.

Después del repliegue de la Corte, el Gobierno va a anunciarle que autorizó la partida para dar un 7,5 por ciento en mayo y un 7,5 por ciento en julio, dijo a El Destape un funcionario. Un poco envalentonado, el Gobierno también dice que quiere discutir algunas cuestiones de administración con el máximo tribunal y que ya están preparando una nueva reunión con Marcos Peña. Desde principio de año, los supremos pusieron como condición que sea Peña – y no Garavano -- su interlocutor con el Gobierno.

Las hostilidades están lejos de haber acabado.