Por Mariano Torres Negri
Redacción El Destape
Fuera de campo cine

BOB ESPONJA: UN HÉROE FUERA DEL AGUA
Calificación: Excelente

Cuando la hiperactiva esponja marina dio un enorme y espectacular salto a la pantalla grande allá por el año 2004, ante el éxito de crítica y taquilla todos los fanáticos esperaban una inminente secuela. Increíblemente, ésta llegó pero con notable retraso: uno no puede evitar preguntarse qué habrá sucedido para que los Estudios Nickelodeon tardasen tanto en concretar este tan esperado proyecto. Afortunadamente, nada de esto importa ya, puesto que Bob Esponja: Esponja Fuera del Agua valió la pena la espera y superó la enorme expectativa con creces. Es posible que, aún cuando el año recién empieza, se convierta en la mejor película de animación del año y le sobran méritos para demostrarlo, tanto desde el aspecto técnico (el juego que propone entre diversas técnicas de animación es notable) como el narrativo.

Al igual que su predecesora, esta segunda parte dirigida por Paul Tibbitt bordea el surrealismo puro al sobrepasar inclusive los límites del absurdo. La premisa es sencilla y gira en torno a un viejo leitmotiv de la serie original: Plankton, ese diminuto enemigo de Don Cangrejo, busca robar la fórmula de las Cangre-Burguers, y sus andanzas desatan un caos inesperado. Entra en escena el bueno de Bob, y todo lo que puede salir mal simplemente sale...peor. Al cocktail explosivo se suma Antonio Banderas, en una historia que inicialmente parece arrancar como una narración paralela pero termina cruzándose con la de nuestros héroes. Un cuidado guión se encarga de que estos elementos no choquen sino que se potencien, y es ahí cuando se advierte la maestría de los realizadores.

Ahora bien, si los avances publicitarios prometían un Bob-Esponja tridimensional alejado del trazo más tradicional de la serie, conviene una advertencia: eso constituye apenas el 20% de la película y, afortunadamente, el otro 80% varía en los más diversos estilos, pero hace foco en la simpleza del célebre dibujo que, en sus más de quince años televisivos, no ha perdido siquiera un poco de brillo. Stephen Hillenburg, padre de la criatura, oficia aquí como productor ejecutivo y es el autor apenas de la "historia", no así del guión, pero su pulso y timing por la comedia cartoon se nota en cada decisión estética y chiste bien ejecutado. Aunque esta nueva aventura no llegue del todo a la excelencia de la anterior, se acerca lo suficiente como para que niños y adultos salgan de la sala pidiendo más.